Guillermo Vidalón
Rechazar el oportunismo de la izquierda
Siempre al servicio de quien le permitirá medrar en el Estado

Los movimientos populares siempre se organizaron en torno a un objetivo concreto, contar con servicios de agua, saneamiento y energía, que el Estado nunca llegó a brindar al íntegro de la población. Estas demandas surgían por dos motivos básicos: mejorar su calidad de vida y proporcionar las condiciones básicas que les permitan emprender y crecer.
En ese sentido, surgió una comunión de intereses políticos. Los movimientos populares reconocieron y hasta llevaron a la escena política nacional a líderes que manifestaron interés en representarlos. Es así como Alfonso Barrantes Lingán, quien fue electo alcalde de Lima en 1983, se convirtió en su opción para arribar al poder mediante procesos electorales.
La izquierda de entonces estaba enfrentada a las opciones subversivas del MRTA y Sendero Luminoso, y decía que no era el momento histórico para llevar a cabo acciones militares. A diferencia de Alfonso Barrantes, que proponía soluciones concretas, como cubrir el déficit calórico de los niños de las familias más vulnerables mediante el programa denominado “Vaso de leche”. Es conocida su frase: “Ser honesto en el Perú ya es una revolución”. Es decir, confiaba en que con honestidad, a lo que habría que añadir conocimiento de la cosa pública, se llegaría a satisfacer las demandas sociales que incentivaban a los movimientos populares y colectivos, que podían ser fácilmente manipulados por diversos grupos.
Llegaron los años noventa y las dirigencias de izquierda fueron abandonadas por los movimientos populares. El fujimorismo diseñó el programa de Formalización de la Propiedad (Cofopri) y, en adelante, la vivienda que ocupaban los sectores populares contaría con un título sólido que los reconocía como propietarios. Por lo tanto, ya nadie podría poner en riesgo su propiedad.
Los servicios públicos podían brindarse a propietarios de viviendas y no a ocupantes precarios; es decir, con la propiedad llegó el acceso a la energía y al agua y saneamiento. ¿Qué llegó más rápido? La energía eléctrica, en virtud de que había sido privatizada. Veinte años de administración estatal resultaron insuficientes para proporcionarles luz a las viviendas de los sectores populares. En cambio, cuando dichas empresas se privatizan se tornan en eficientes, se racionalizan y la cultura de servicio ingresa a sus organizaciones. La razón de ser de la existencia de dichas empresas privadas de servicio público es el consumidor de la energía, por lo tanto, a más consumidores más hogares con energía al interior de sus viviendas). Lima se encuentra abastecida al 100% desde hace más de dos décadas.
En cambio, la resistencia para privatizar Sedapal es la causa de que un segmento importante de los pobladores de la capital aún no cuente con un suministro adecuado del líquido vital. Con la Compañía de Teléfonos sucedió algo similar: en adelante, el tiempo de espera para contar con el servicio dejaría de ser de 10 años y se tornó en menos de 15 días; y hasta la inmediatez, cuando se masificaron los celulares.
La reforma económica sí dio resultados gracias a la Constitución de 1993, la única refrendada por votación ciudadana a lo largo de los 200 años de historia. Este conjunto de cambios sentó las bases para dejar sin huestes a la subversión. El enunciado de “revolución” para optar por algo mejor se fue concretando de manera pacífica. El otro sendero de Hernando de Soto nos dijo que hay otro camino para satisfacer las expectativas y crecer sin violencia. Y las bases populares, que antes eran el feudo de las izquierdas, terminaron aisladas.
En la actualidad ocurre algo similar: el entusiasmo de algunos jóvenes, que no vivieron los años del terror, se encuentran encandilados con la oferta de una sociedad mejor, que el candidato de Perú Libre no sabe ni cómo expresar y menos sostener. ¿Es confiable un presidente que no sabe multiplicar, que manifiesta que los libros los tiene en la nariz, que una mañana dice defender una cosa y más tarde dice lo contrario? ¿Creemos que alguien así puede transmitir confianza en los inversionistas nacionales y extranjeros si su sola presencia está haciendo que muchos compatriotas trasladen sus ahorros a destinos más seguros?
Los sectores populares lo saben, y por eso es que abandonan a las dirigencias de izquierda. La siempre oportunista izquierda caviar se ha entregado al servicio de quien les permitirá seguir medrando en los feudos del Estado. No obstante, el sector popular les está cerrando el paso, consciente de que se necesita una segunda reforma que mejore los servicios públicos: educación, salud, seguridad ciudadana y administración de justicia. Pero ello no será posible con la propuesta del lápiz, que es más de los mismo: empantanar al Perú para incrementar aún más la pobreza. El voto no es por Keiko Fujimori ni por el juicio de la historia, es por el presente y el futuro.
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