Cecilia Bákula

La Epifanía en el arte

Sobre el cuadro “Adoración de los magos” del Il Giotto di Bondone

La Epifanía en el arte
Cecilia Bákula
05 de enero del 2026

 

El tiempo de Navidad propiamente dicho concluye con la celebración de la Epifanía, palabra que proviene del griego y significa “manifestación”. Ese día recordamos que Dios, hecho Hombre y nacido de María, en el pesebre de Belén, se manifiesta al mundo entero; ya lo ha hecho a los humildes pastores y ahora lo hace al mundo total, al universo ajeno a su propio y circunstancial entorno.

La Navidad ha sido un motivo de inspiración para el arte de todos los tiempos y los artistas incluyendo con especial emoción al arte peruano, popular y magnífico, han dejado huella de cómo plasmaron su visión del Nacimiento de Dios, en distintas obras de arte.

No obstante, ya que nos acercamos a la celebración del también llamado “día de reyes”, quiero referirme a ese hecho y, concretamente en una de las obras de arte más extraordinarias que, desde mi perspectiva, reflejan con inmensa maestría e importancia del momento en la vida del artista que la crea. Me refiero a la “Adoración de los magos” del Il Giotto di Bondone, más conocido simplemente como El Giotto; es un fresco que se encuentra en Padua, en la Capilla Scrovegni, llamada también de La Arena, ya que el artista se había trasladado a esa región del Véneto para trabajar a las órdenes de la referida familia Scrovegni. Allí, pintó una serie importante de escenas del los Evangelios y, el fresco que nos interesa, se basa en la lectura que él hizo del Evangelio de san Mateo 2, 9-11 en el que se señala lo siguiente: “Después de esta entrevista con el rey Herodes, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño y al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”.

Si bien el texto evangélico no refiere detalles ni indica que fueran tres los que, teniendo autoridad terrenal, se postran ante el Niño, la tradición, muy antigua, por cierto, recogió la idea de que fueran tres para incluir la representación simbólica de personas de distinta edad, diferentes orígenes y razas, que portaban ofrendas de importantísimo valor simbólico: oro porque el Niño era rey; incienso porque era Dios y mirra porque también era plenamente hombre.

La tradición conservó también en algunos detalles como el que los visitantes llegaran posiblemente en dromedarios; el Giotto no había visto jamás un camélido y por eso los representa con características muy peculiares, como la hace también respecto a las vestiduras de los personajes principales, dotándolos de especial dignidad y actitud de reverencia, singularmente en uno de ellos que se despoja de su corona y se postra ante el Niño.

Este fresco debió realizarse entre 1304 y 1305 y sabemos que el cometa Halley, fue visto hacia el 1301-1302 es por ello que no puede pasar inadvertida la representación de la “estrella” que El Giotto plasma en su obra y que dista mucho de ser una luz habitual de las que se ve en el cielo. Él plasma perfectamente un cometa muy luminoso, con una realidad corpórea definida y una larga y brillante cola.

Los estudios han logrado determinar que en 1301, el Cometa Halley fue avistado en uno de sus recorridos orbitales que tiene lugar, aproximadamente, cada 76 años y podemos suponer que se trató de un acontecimiento que no pasó inadvertido a personas sagaces y adelantadas como debió ser El Giotto. Sabemos también que desde tiempos muy antiguos, la presencia de cometas visibles causaba mucha preocupación y a ellos se les atribuía responsabilidad e injerencia en acontecimientos de relevancia histórica.

Lo importante es que la “estrella de Belén” que el Giotto plasma, es sin duda el Cometa Halley a la que debió poder avistar y seguramente estar al tanto de alguna información de tipo astronómico; son típicos de ese cometa la forma misma de la cabeza y la cola que lo acompaña. Por ello pensamos que en años cercanos a los que se data el nacimiento de Jesús, se sabe que ocurrieron hechos astronómicos extraordinarios; se habla de una triple conjunción de astros, tal como se descifró en una tablilla con escritura cuneiforme descubierta en 1925, del paso del Cometa Halley que quizá pudo haberse visto en los años iniciales de nuestra era y de la aparición de una luminosa y muy grande estrella denominada “estrella nova”, cuya aparición se cree pudo tener lugar hacia el año 5, tal como lo señaló en 1604, el astrónomo Johannes Kepler.

Es necesario señalar que el arte se sustenta en mucho, en la realidad de cada artista y creador y en esta oportunidad, El Giotto fue testigo de su tiempo pues, además, lo reconocemos como el creador de la pintura moderna; el iniciador del cambio radical entre el arte bizantino y el que produjo el Renacimiento; en su obra se contempla, de manera inicial y novedosa el concepto de perspectiva o profundidad espacial poco común en la propuesta de la época y que él trabajó hasta lograr la excelencia. Sus aportes en temas y propuestas plásticas son de la mayor importancia y a ello agregamos su inmensa capacidad de dejarnos ver su propia visión y su circunstancia histórica. Sin duda alguna él pudo observar el paso del cometa y la impresión que le causó ese fenómeno lo dejó plasmado en una obra de arte que nos aporta una gran comprensión de la importancia que él supo dar a la escena que pintaba: no era solo una tradición; él la incorporó a su propio mundo temporal.

La obra que comentamos tuvo siempre un halo de curiosidad y extrañeza hacia esa tan singular manera de representar a la estrella de Belén a la que se identificó, años más tarde, como el Cometa Halley y es por ello que cuando en 1985, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó al espacio una sonda no tripulada, para estudiar al cometa que estaba por iniciar su paso por nuestro espacio celeste, se le asignó en simbólico nombre de “Misión Giotto”.

Fue en 1986 cuando dicho cometa fue visto desde la tierra y se espera que la próxima aparición sea en el 2061, por lo que no está mal pensar que esa estrella tan luminosa y especial es la misma que avistó Giotto de Bondone, la misma que guió a los reyes magos a visitar y rendir homenaje al Niño Dios nacido en Belén y la misma que iluminó a María y José en el establo la noche del nacimiento de Cristo.

Cecilia Bákula
05 de enero del 2026

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