Carlos Hakansson

La formación del joven político

La verdadera política se construye en la calle y plaza, donde el diálogo es humano

La formación del joven político
Carlos Hakansson
06 de enero del 2026

 

En cada ciclo académico es habitual que los alumnos compartan conmigo su vocación por la política, así como el deseo de integrarse en partidos y participar activamente durante las campañas electorales. Lo primero que percibo es un entusiasmo teñido de frustración. Sus ánimos se alimentan de la idea de defender las libertades y el bien común, pero les preocupa la precariedad del sistema político; es decir, la ausencia de instituciones sólidas y movimientos juveniles activos. Tras escucharlos, les brindo mi apoyo y algunas sugerencias para este complejo —y muchas veces malentendido— camino profesional.

Si bien la formación política difiere de la actividad académica, aportar al bienestar colectivo exige una sólida preparación. La primera recomendación es conocer su región natal a profundidad. La historia de cada provincia, las tradiciones que las distinguen y problemas estructurales. Para lograrlo, sugiero recorrer cada provincia y, especialmente durante cada campaña electoral, proponerse escuchar a los ciudadanos. De ese modo entenderán sus necesidades e identificarán oportunidades reales de progreso. El trabajo de campo es fundamental para forjar la conexión que requiere un futuro regidor, alcalde, parlamentario y estadista.

En tiempos de alta conectividad, es oportuno advertir que la política no se agota en las redes sociales. Si bien son herramientas poderosas, los jóvenes con vocación no deben reducir su actividad a estudiar los algoritmos y menos en la “tiranía del like". La verdadera política se construye en la calle y plaza, donde el diálogo es humano, cercano, no sólo digital. Un futuro estadista debe ser capaz de distinguir entre la opinión pública —por momentos gaseosa y ruidosa— y el real sentimiento de los ciudadanos que exigen soluciones palpables más allá de una imagen de pantalla. Por otro lado, aunque en la administración pública se valoran las habilidades de gestión, no son la única herramienta del líder. Al técnico se le contrata para aplicar su conocimiento en la mejora de los servicios; al político se le exige la capacidad de sumar voluntades. El político sabe persuadir, mostrar firmeza ante la oposición e invertir su capital político para alcanzar objetivos de largo plazo, siempre en favor del bien común.

A todo lo anterior debe sumarse el sustrato cultural que actúa como aggiornamento de todo zoon politikon. Un político profesional debe conocer la historia universal y nacional, los cambios ideológicos y la geopolítica para entender las ventajas de su país en el mundo. Es deseable el aprendizaje de idiomas que conecten al país con el mundo —herramientas clave en un mundo globalizado— el dominio del lenguaje nos conecta con la historia. La necesidad vital de cultivar las virtudes como la honradez y la sinceridad son unas cualidades que, junto a la sagacidad y la competencia, definen al verdadero estadista. La madurez política no se improvisa, se forja. Se resume en una trayectoria de aciertos, fracasos y esperanzas adquiridas con resiliencia y el natural paso del tiempo.


(La primera versión de este texto fue publicada en la Revista Amigos, Universidad de Piura, número 96, junio 2021, p. 22).

Carlos Hakansson
06 de enero del 2026

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