Jose Krebs
La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos
Sus cinco objetivos fundamentales
En 1797, al culminar su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos de América, en su discurso de despedida, George Washington esbozó lo que después sería considerada como la primera Estrategia de Seguridad de la joven nación. En ese discurso, Washington advertía sobre la necesidad de comerciar con el mundo, pero de no comprometerse políticamente en los viejos juegos de equilibrio de poder europeo. En ese sentido, la primera condición esencial en materia de seguridad sería construir un estado asegurando (y luego expandiendo) su territorio. Washington también afirmaba que “nuestra verdadera política es alejarnos de alianzas permanentes con cualquier parte del mundo”.
La segunda y tercera Estrategias de Seguridad la constituirían la Doctrina Monroe, establecida en 1823 por el presidente James Monroe, y la doctrina del “Destino Manifiesto” puesta en vigor en 1845. En la segunda se pretendía asegurar la influencia de los EE.UU. en el continente americano propiciando el repliegue europeo de la región, y en la tercera, se iniciaba la expansión territorial hacia el oeste, siendo justificada por el periodista John L. O'Sullivan:“El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”.
Estas tres Estrategias de Seguridad Nacional (ESN), se complementaron entre sí y configuraron lo que para la mayoría de historiadores fue la gran política de seguridad de los EEUU durante el siglo XIX, que consecuentemente propició por parte de esa nación, la adquisición de inmensos territorios, mediante la guerra, la diplomacia o la compra, a los indios, Gran Bretaña, México, España, Francia y Rusia.
Luego vendrían otras, la cuarta se resume como el desarrollo de un poder naval y su proyección para asegurar las líneas de comunicaciones marítimas siguiendo las teorías del Almirante Alfred T. Mahan, la quinta como una justificación para el “fin de su aislacionismo” y lo que fue su participación en las guerras mundiales en las que actuó como un “poder de última instancia” que restauró el equilibrio en Europa y Asia en dos ocasiones, impulsando una nueva distribución de poder que derivó en un mundo bipolar y generó la sexta ESN establecida por el presidente Truman que hizo uso de la contención y la disuasión respecto a la Unión Soviética durante la “Guerra Fría”.
Hay que precisar que estas ESN no siempre fueron un documento oficial o tuvieron una forma homogénea como se hace en la actualidad. Algunas veces se delinearon en algún discurso presidencial, otras veces tomaron la forma de mensajes al congreso. Es a partir de 1991 que se exige este documento al poder ejecutivo, en cumplimiento a la Ley de Reorganización del Departamento de Defensa de octubre de 1986 (Ley Goldwater-Nichols), el cual enumera las preocupaciones de seguridad nacional y cómo la administración planea abordarlas.
La ESN es un conjunto de enunciados que expresa las visiones generales que los líderes políticos tienen acerca de cuáles son las oportunidades y amenazas que enfrenta el país y propone una serie de estrategias para hacer frente a ese escenario. El documento es deliberadamente general en su contenido, y dependerá de una serie de directivas para ser implementado tales como la Estrategia de Defensa Nacional o la Estrategia Militar Nacional; asimismo, tiene cinco (5) objetivos definidos:
- Comunicar la visión estratégica del Poder Ejecutivo al Congreso y así legitimar sus solicitudes de recursos.
- Comunicar la visión estratégica del Poder Ejecutivo a las partes interesadas extranjeras, especialmente a los gobiernos que no están alineados con EE.UU.
- Comunicarse con audiencias nacionales selectas, como los simpatizantes políticos que buscan el reconocimiento presidencial de sus problemas, y aquellos que esperan ver una estrategia coherente y visionaria que puedan apoyar.
- Crear consenso interno sobre política exterior y de defensa dentro del Poder Ejecutivo.
- Contribuir a la agenda general del presidente.
Evidentemente, a lo largo de los años y de las quince ESN que se han emitido (o identificado), ha habido cambios sustanciales respecto a lo que se consideran amenazas y su posicionamiento en términos de prioridades. Sin embargo, la última de estas, firmada por el presidente Donald Trump el 4 de diciembre pasado, revoluciona completamente esas prioridades en cuanto a política exterior y redefine las amenazas al respecto, considerándola “una hoja de ruta para asegurar que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia humana y el hogar de la libertad en la tierra”. Además, esta ESN afirma que “Los días en que Estados Unidos sostenía todo el orden mundial como Atlas han terminado” y que se preocupará en asuntos de otros países “sólo si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses”.
En el documento se describen una serie de conceptos, prioridades e intenciones como se resume a continuación:
En primer lugar, prioriza el continente americano (hemisferio occidental), marcando una clara diferencia con sus antecesoras, restableciendo la Doctrina Monroe y afirmando que cualquier intervención de alguna potencia extranjera de otros continentes en Hispanoamérica se considerará un acto potencialmente hostil a los Estados Unidos.
En segundo lugar, considera la protección ante cualquier agresión del Indo Pacífico y la “Primera Cadena de Islas” (Taiwán, Japón, el norte de Filipinas y las islas Kuriles), pero no especifica que pudieran ser China o Rusia los agresores. De hecho, ya no señala a China como el principal desafío a su seguridad y pide “equilibrar la relación económica de Estados Unidos con China, priorizando la reciprocidad y la equidad para restaurar la independencia económica estadounidense”, enfocándose en “mantener una relación económica mutuamente ventajosa con Pekín”. En este punto, un dato no menor, es que, a diferencia de las anteriores ESN, no se menciona a Corea del Norte.
En tercer lugar, se extiende en duras críticas hacia Europa, argumentando una decadencia de la civilización europea que considera aún evitable. En ese sentido, afirma que “los grandes problemas que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos, censura de la libertad de expresión y supresión de la oposición política, tasas de natalidad en caída y pérdida de identidades nacionales y autoconfianza”; finalizando esta parte, pretende que se considere a la OTAN como una “alianza en perpetua expansión” y pide a Europa que “asuma la responsabilidad principal de su propia defensa”.
El cuarto punto importante es el descarte de Oriente Medio como zona de permanente conflicto y que ya no es necesaria su priorización debido a una diversificación en el suministro energético, que había sido una de las principales razones de la implicación estadounidense en esa región. También afirma que Estados Unidos debe dejar de “presionar” a sus aliados en Oriente Medio, señalando especialmente a las monarquías del Golfo Pérsico, y propiciar un clima de negocios mutuamente ventajosos.
Existen otros temas dentro del documento, pero quizás el más importante, que va de la mano con la reactualización de la Doctrina Monroe es el llamado “Corolario Trump” que establece la necesidad de “reclutar y expandir” a las naciones latinoamericanas con el fin de “controlar la migración, detener los flujos de drogas y fortalecer la estabilidad y seguridad en tierra y mar”, así como “asegurar la propiedad de activos y cadenas de producción estratégicos contra potencias extracontinentales” lo cual implica contrarrestar la penetración de China, Rusia e Irán en la región y la influencia que venían ejerciendo sobre las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Así también, pretende una fuerte inversión en materia de desarrollo y seguridad que vaya de la mano con la colaboración de los países de la región. Por eso, y en la línea de esta ESN, se entiende la intervención del presidente Trump en la política argentina, en las elecciones de medio término, en Bolivia con el retorno de la DEA para asesorar la política contra el narcotráfico, el apoyo a El Salvador de Bukele y al Ecuador de Noboa. Obviamente, se entiende también, el despliegue de una considerable fuerza de tarea naval frente a las costas venezolanas.
Recientemente, hemos visto también, la ruptura en materia de asistencia en seguridad y lucha contra el narcotráfico del gobierno de Donald Trump con el gobierno colombiano, por estar ligado este último con el tráfico de drogas y otros ilícitos. Esta ruptura ha ocasionado que muchos de los activos que estaban destinados a Colombia, como parte de esa asistencia, pasen a nuestro país como apoyo para el combate al narcotráfico. Esto no es un detalle menor, ya que el mismo Trump ha declarado la intención de designar a nuestro país como un “importante aliado no perteneciente a la OTAN” dentro del marco de la estrategia para fortalecer vínculos regionales, tal como se mencionó en el “corolario Trump” de la ESN: “reclutar y expandir”.
Recordemos que el Perú por su ubicación geográfica, proyección geopolítica, grandes cantidades de recursos naturales y sólida estabilidad macroeconómica, se convierte en un socio casi perfecto para los EE.UU. Solo nos faltaría la estabilidad política, que esperemos, pueda consolidarse a partir de junio del próximo año.
En este contexto, el resto de gobiernos latinoamericanos deberían ponderar las grandes oportunidades que, para sus respectivos países, puede brindar esta nueva ESN de EE.UU., considerando que la defensa de los estados de derecho y las libertades en la región estarían protegidas. Con voluntad política se pueden obtener grandes resultados en materia de seguridad y librar a los países del continente de las garras del tráfico de drogas y el crimen organizado.
Para concluir, es preciso que el gobierno peruano tome el ejemplo de esta potencia mundial y diseñe también una Estrategia de Seguridad Nacional, a ser emitida por el presidente de la República en su calidad de jefe Supremo de las FF.AA. Es importante señalar que, a diferencia del presidente de los EE.UU., aquel es comandante supremo, es decir asume funciones militares que en nuestro caso la Constitución Política del Perú no contempla para el primer mandatario. Tal vez sea oportuno impulsar una modificación a la Constitución para que así lo establezca lo cual obligará a que los presidentes asuman un mayor interés por los asuntos de seguridad y defensa nacional, a lo que por costumbre le dan muy poco, más allá del discurso -elaborados por otros regularmente- en ceremonias castrenses a las que por protocolo deben encabezar.
En la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno, se debería establecer mediante un documento las prioridades en materia de defensa y seguridad del gobierno constitucional de turno, con respecto a la región y al mundo. Este documento debería ser elaborado por la Secretaría de Seguridad y Defensa Nacional y por la Dirección Nacional de Inteligencia –en coordinación– y aprobado por el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, instancia importantísima, pero a la que los sucesivos gobiernos le dan casi nula prioridad. Grave error. En resumen como se llama en términos de planeamiento naval, la “Apreciación de la situación del comandante”, este caso sobre la Seguridad y Defensa Nacional, dirigida al país.
Este documento que proponemos, debe ser breve, específico y contundente y tendría que estar alineado con la Política Nacional Multisectorial de Seguridad y Defensa Nacional al 2030 del año 2022, la Política Nacional Marítima, Plan Estratégico de Desarrollo Nacional al 2050 y otros relacionados, considerando que los referidos documentos son más bien conceptuales, sin prioridades concretas, con alternativas de solución bastante difusas y a largo plazo.
Recordemos que los problemas de seguridad son muy cambiantes en el tiempo, es por eso que el presidente de los EE.UU. emite su ESN al durante el primer año de su período (4 años) en base a las amenazas y desafíos desde su propia perspectiva y la de su gabinete, con prioridades concretas y eventuales acciones; documento que será complementado por otros mencionados como la Estrategia de Defensa Nacional o la Estrategia Militar Nacional.
Debe considerarse que no podemos establecer una Estrategia de Seguridad Nacional en base a un plan estratégico. Este último propone ciertas directrices en función a una problemática actual, pero también a un estudio prospectivo, lo que lo sitúa en el terreno de las probabilidades y los supuestos.
Debemos definir nuestras amenazas y priorizarlas, especificando el tipo, los actores y lugares o áreas definidas, sin eufemismos ni conceptos filosóficos. El cómo las combatiremos, corresponderá a documentos complementarios y con la clasificación de seguridad que le correspondan.
















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