Carlos Rivera

La creación según Gerova

Sobre la obra del artista Germán Rondón Valdivia

La creación según Gerova
Carlos Rivera
03 de febrero del 2023


Si uno quiere adentrarse en el arte del escultor German Rondón Valdivia, conocido por todos como Gerova, necesariamente debe visitar aquel aposento (casa-taller) donde elucubra cada una de sus obras. De cómo aquellos objetos que en un momento vemos en una galería de arte con referencias críticas y una performance admirativa del público que las observa, tiempo atrás fueron simples elementos sin pizca de vitalidad o estética. Del vacío y del cuerpo sin alegato pasan a ornamentaciones robustas de una conciencia y un discurso de su razón de ser. Del polvo inerte al soplo divino. Si Dios creó al hombre del barro, Gerova crea a sus seres desde la arcilla. Por eso nos confiesa: “La arcilla, mi sombra, mi compañera fiel de toda la vida, me había hablado una vez más para ayudarme a entender qué somos, cómo somos, qué podemos ser.”

El hogar de Gerova rinde culto a su espíritu de artista. De rostro amable, cara redonda y barba chaplinesca y unos gruesos lentes como de un caballero iconoclasta. Posee una sonrisa melancólica en ese cuerpo tímido, un cálido temperamento amical y franco acompañado de sus inseparables objetos, instrumentos y creaciones distribuidas por varios lugares. Todo en la casa de Gerova respira creación: la cocina donde prepara sus alimentos, una mesa redonda, unas tazas de barro y algunos objetos hechos con sus propias manos. ¿Cómo no sentirse también creador si él mismo te comparte sus valiosos cariños artísticos mientras degustas un rico desayuno con su encantadora familia?

Una mañana de hace unos años acompañé, como afanoso asistente, a Juan Carlos Valdivia Cano, quien estaba preparando una entrevista para escribir sobre su muestra “Mirada en movimiento”. Juan Carlos sondeaba su estado de creador con puntuales preguntas y quiso meterse en ese mundo de sus laberintos luminosos donde el artista se refugia, para precisamente, resguardar sus recónditos secretos.

Gerova nos invitó primero a conocer su jardín y los curiosos objetos exhibidos hace un tiempo y que ahora completan la decoración familiar: columpios, troncos con rostros diversos, esculturas de animales en las esquinas de los muros, objetos raros, deformaciones de sueños, tallados bizarros y varias otras obras que sorprenden como si fueran compañeros amicales de plática, mientras uno recibe el alba o despide la tarde. En la sala tiene un antiguo y hermoso baúl, de esos que emergen en las películas de terror y parecen ocultar todas las incógnitas de la vida.

Estamos en el taller, preparados para ese único itinerario. Gerova nos muestra el horno y lo señala hasta con cierta ternura paternal. Va describiendo con precisión sentimental cada objeto y su naturaleza. Lo que a todas luces parece una niña es un doble perfil sin rostro como queriendo estar suspendida en el tiempo y el espacio. Sus cabezas parecen iconos de poder con voluptuosas formas y extravagancia de colores en sus texturas. Entonces, él arremete y desnuda una hipótesis de la tragedia humana en estos tiempos.

La poesía, la filosofía y la crítica pueden servir para intentar descubrir nociones de su obra. La sensibilidad poética de Oswaldo Chanove desarrolla esta idea: “Las figuraciones de Germán Rondón son escasamente nítidas. Inexactas. Seres perseguidos por su propia sombra. Durante décadas Germán Rondón ha avanzado por un valle escarpado buscando dar forma a su discurso. Y aquí está, por fin, en una muestra escultórica de urgente densidad” (“Mirada en Movimiento”, Centro Cultural Peruano Norteamericano, 2017).

Valdivia Cano descubre, en esta misma muestra, un nivel de compromiso humano y cuestionador de la existencia: “Lo que más le ha caracterizado como artista es su preocupación metafísica y su olfato para detectar y dar forma a sus inquietudes de este tiempo...”.

El crítico Willard Díaz, comentando una muestra reciente del artista (“Gastro-no-mía”, Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín, 2019), escribe lo siguiente: “Gerova ensaya una construcción visual, espacial, de esas convivencias convertidas en personajes, que tienen por cabeza los frutos y la tierra de la cerámica como cuerpo.”

El mismo artista profundiza sobre sus esculturas y el sorprendente juego de las sombras en sus trabajos: “Una vez frente a mi mesa de taller, dibujé varios sujetos en diversas posiciones y alargué sus sombras. Luego se me ocurrió construir el volumen de uno que permanecía refugiado en mi recuerdo. Cuando lo tuve, siguiendo un impulso corté en cartón la forma de su sombra y se la añadí para ver el efecto, y en ese instante mis manos, para mi sorpresa, levantaron la sombra y la plegaron al cuerpo (Una mariposa ardió en una fracción de segundo en la llama de una vela). Sentí que construía un nuevo ser, pero esta vez con la sombra incorpórea. Y noté, ya con alivio, que esa sombra y otras estaban dispuestas a contarme historias insospechadas, como en un test de Rorschach. Entonces me fue dado ver que la sombra era yo mismo”.

El escultor va creando mundos, preparando proyectos que satisfagan su mundo solitario. Los mensajes que explora en su conciencia de artista le obligan a revelar al mundo: esa vanidad creadora muy propia en algunos espíritus selectos.

 

Foto de escultura: Conrado Aguilar Pantigozo

Carlos Rivera
03 de febrero del 2023

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