Juan Sheput

La política como posibilidad

Boluarte jamás ha hecho un esfuerzo válido para nombrar a personas competentes

La política como posibilidad
Juan Sheput
04 de abril del 2025


Cuando un elenco partidario gana las elecciones los ciudadanos esperan que se cumplan ciertas premisas: que los ganadores sean políticos, que exista una oposición y critique al elenco gobernante (oficialismo), que se nombre al frente de los diversos sectores a personas competentes y que se entienda que, como parte de la dinámica política, se respetará el régimen democrático y habrá elecciones.

Estos supuestos no son resultado de una adecuada formación política en la sociedad. Son consecuencia de una cultura, de usos y costumbres, que nos perfilan hacia ello. Pero, así como hay una costumbre en esperar estos supuestos, ellos nos llevan a una serie de imprecisiones; la principal, desde mi punto de vista, es creer que el solo hecho de llegar al poder te convierte en político. No es así.

Observemos, brevemente, el caos que se está generando en los Estados Unidos con la administración de Donald Trump y sus amigos multimillonarios. El aislamiento al que se está llevando al gran país del norte es imparable. Las consecuencias económicas son impredecibles. Hacer grande a América otra vez (MAGA), puede hacer que la hinchazón sea tan grande que termine reventando.

Es que allá sucede lo mismo que acá, en el Perú. Dina Boluarte no pertenece a la clase política, era una funcionaria pública de mediano nivel que ahora “gobierna” con su hermano y amigos. En la práctica no hay oposición parlamentaria ni de líderes partidarios, más bien hay silencio y complicidad. La presidenta jamás ha hecho un esfuerzo válido para nombrar a personas competentes, más bien se ha rodeado de personajes innombrables. Siendo así ¿se puede reclamar resultados políticos a quién no está en capacidad de ofrecerlos porque no es una mujer política?

Aquí hay gran responsabilidad de los partidos que perdieron las elecciones y que hoy cogobiernan con Dina Boluarte. Cogobiernan porque jamás hicieron crítica ni oposición, y tienen a muchos militantes en puestos públicos. Si estos partidos, con representación parlamentaria, hubieran cumplido con su rol en el Congreso, la situación del Perú no sería tan caótica, tan dramática, tan desesperante.

Albert Camus, en el periódico de la resistencia francesa Combat, decía que para sentirse culpable por algo primero hay que sentirse capaz de hacerlo. Esa es la explicación de que Dina Boluarte, Gustavo Adrianzén, Juan José Santivañez o Morgan Quero no se sientan responsables de sus fracasos: jamás se sintieron capaces de su encargo, no son políticos.

Cuando Hannah Arendt se pregunta ¿qué es la política?, razona señalando que el principal objetivo de un político es gestionar la coyuntura y estar en la línea de las exigencias ciudadanas. Mire alrededor. Al Gobierno y al Congreso les importa un bledo gestionar la coyuntura, y mucho menos entender las exigencias ciudadanas. De allí el 2% de aceptación que comparten y que, en la reacción más no política de este siglo, no les importa. “Pónganme ‘cero’ si quieren” dice la presidenta. “No me interesan las encuestas” dice un marino en retiro metido a congresista. No son políticos.

Si alguna lección debemos aprender de estos días es que ser funcionario público no te convierte en político.

Juan Sheput
04 de abril del 2025

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