Darío Enríquez

Bolivia destruida por el estatismo socialista

¿Es posible un aprendizaje social para Bolivia en esta crisis?

Bolivia destruida por el estatismo socialista
Darío Enríquez
04 de abril del 2025


Las noticias sobre la crítica situación que vive Bolivia son dramáticas y estremecedoras. Pero no sorprenden si conocemos la ruta que eligieron hace casi dos décadas, cuando la voluntad popular optó por el populismo estatista de Evo Morales y las extraviadas ideas del llamado “socialismo del siglo XXI”.

Las malas ideas tienen buenas intenciones pero pésimas consecuencias. Se aceptan ciegamente, pero terminan siendo una trampa que se presenta una y otra vez, convirtiéndose en enormes piedras con las que tropiezan repetidamente los pueblos que no aprenden.

Los políticos que condujeron a Bolivia hacia el fondo del abismo, no tienen propósito de enmienda. Tampoco en gran parte de la oposición, pues aún sostienen ideas estatistas más o menos parecidas a las responsables del actual descalabro.

¿Es posible un aprendizaje social para Bolivia en esta crisis? Sin pretender un análisis definitivo, identificamos siete elementos clave:

1) El Estado no debe ser empresario. Salvo raras excepciones, las empresas estatales no funcionan bien. Puede que se mantengan por razones estratégicas, geopolíticas o socioculturales. Si se dan estos casos, que al menos tengan financiamiento sostenible.

2) El Estado no debe imprimir billetes sin respaldo. Siempre y en todo lugar, produce inflación, terrible fenómeno que afecta con mayor virulencia a los más pobres. La magia no existe. No se debe gastar más de lo que ingresa. Emitir no soluciona el desequilibrio en las finanzas estatales.

3) El Banco Central de Reserva debe tener una independencia que nadie pueda quebrar. El BCR es una institución del Estado y no del Gobierno. Debe cautelar el valor de la moneda nacional, con un trabajo altamente técnico para que la masa monetaria refleje la producción agregada de la economía. No debe servir a políticos del gobierno que gastan lo que no hay, alimentando clientelismo corrupto que someten a masas con dádivas, sin medir las consecuencias.

4) Los controles de precios y los subsidios nunca funcionan. Podrían ser medidas puntuales, específicas y temporales. Mucho mejor que no los tengamos. Introducir elementos que impidan un sistema de precios fluido, libre y espontáneo, nos lleva al derroche de recursos, a beneficios ilegítimos y corruptos, finalmente a una espantosa escasez.

5) Los principios fundamentales, el estado de derecho y las reglas de juego deben respetarse. No debe atentarse impunemente contra la vida, la libertad y la propiedad. Mucho menos desde el Estado. Encarcelar a adversarios políticos, prisión preventiva sin sentencia, reelecciones ilimitadas contra el sentido expreso y literal de la ley, todo ello y mucho más se ha perpetrado impunemente.

6) El Estado no debe tomar por asalto la producción ajena. Atentar contra la propiedad con festejadas estatizaciones, aniquila la confianza en el país, quebrando la reinversión, los nuevos emprendimientos y el acceso al financiamiento internacional. Con las expropiaciones se obtiene dinero fácil y ajeno que los políticos gastan a manos llenas. Luego sufrimos menor producción, falta de inversiones, pérdida de empleos y escasez.

7) El Estado no debe crear empleos artificiales para combatir el desempleo. La riqueza se crea solamente desde el sector privado. El Estado toma una parte de ella vía impuestos u otros gravámenes. El exceso impositivo desestimula la inversión, liquida la reinversión y pulveriza empleos. Mucho peor si el Estado brinda contraprestaciones ineficaces en seguridad, educación y salud. No deben crearse puestos estatales burocráticos improductivos. Más médicos, más profesores, más seguridad, más educación, menos burócratas y menos políticos operando controlismo estatal que todo lo complica, retarda y corrompe.

¿La clase política boliviana estará a la altura de estos desafíos? Lo sabremos en los próximos meses.

Darío Enríquez
04 de abril del 2025

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