Eduardo Vega
No más “cara de palo”
El constante y voluntario desprestigio del ministro Morgan Quero

A principios de semana, el ministro de salud estaba siendo responsabilizado por la presencia de un suero en condiciones insalubres –por no decir tóxicas–, como consecuencia de un problema en el control de calidad del proceso de fabricación. Nno digo que no se persiga a los responsables de tamaña negligencia, pero tampoco tiene sentido hacer una cacería de brujas contra el funcionario equivocado; sin embargo, como acaba de salir un nuevo problema con otro programa social, Wasi Mikuna, y la intoxicación de estudiantes en Piura, probablemente se le venga la noche al ministro de Educación
Siendo Quero el nuevo ministro en la mira de la prensa, no es para menos, pues pareciera ser un imán de problemas, al mostrarse constantemente como un personaje cuestionable además de poco inteligente. ¿Cómo es posible que dé un discurso con vivas al autismo? Así solo se confirma como otro gran carente del producto que promueve su cartera, y aun así se mantiene en el puesto.
Ojo, si bien no se entiende por qué el premier o la presidente se la juegan con personajes Quero o Santivañez, hay que dar crédito de que son “cara de palo” de primera categoría. Y es que si la presidente va quedando cada vez más expuesta por su poca diligencia al momento de “arreglarse la cara”, a cambio de algunos favores para los amigos del cirujano responsable –Aparentemente el sueldo presidencial no alcanza para pagar los honorarios, y paga con favores, a falta de Rolex– se hace cada vez más obvio que necesita que sus ministros hagan show. Y para eso tienen que tener el mismo perfil, aunque no sea operado, o de la contrario ya habrían renunciado.
Aún más preocupante que todo lo anterior es cómo se han desfigurado los requisitos básicos para ser político en el Perú, pues al parecer –salvo honrosas excepciones– parece haberse vuelto requisito implícito tener una firme cara de palo –por no decir cabeza clava Chavín– para gestionar instituciones al filo de la legalidad (si no es por fuera), y salir todas las mañanas a decir que todo está bien y se hace correctamente.
Claro, hay también un juego perverso de prensa que tiende a demoler a todo entusiasta que, por tener un poco de decencia, se ve obligado a renunciar a su candidatura incluso antes de que sea oficializadas. Una circunstancia que me obliga a preguntar si es que ya hay alguien “designado” que está jugando a realizar una aparición programada de outsider, y de la mano del grupo de opinólogos alineados, aparezca como el próximo “redentor” del Perú.
Una cosa es clara, las elecciones están convocadas. Y tras haber quedado la valla tan baja a cuenta de Castillo, Boluarte, cualquier poca cosa parecerá buena; por lo que, contrariamente a lo lógica, debemos ser excepcionalmente exigentes para encontrar el candidato adecuado.
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