Cesar Peñaranda
Evitemos la crisis social
Podría desestabilizar totalmente al país

Con la pandemia del Covid-19 se ha producido una severa crisis de salud, por la incapacidad del sistema para enfrentar el contagio, lo que está generando un altísimo costo en términos de vidas humanas. Se han desnudado por completo las enormes brechas de infraestructura y el déficit en el mantenimiento de la existente, así como la obsolescencia y falta de equipos y material médico, el desabastecimiento de medicinas y la insuficiencia e inadecuada disposición de recursos humanos en todos los niveles. Esto además dentro de una pésima organización y peor coordinación de los diferentes organismos: el Ministerio de salud, EsSalud y las sanidades de las Fuerzas Armadas y policiales. Los diferentes centros de salud están colapsados y no pueden atender a los pacientes con Covid-19; peor aún, descuidan a aquellos con otras enfermedades y dolencias. En resumen, la situación es gravísima, al punto que en proporción a la población, lideramos a nivel mundial los indicadores claves de contagio y fallecidos.
La extensa y rígida cuarentena a que se ingresó para enfrentar la epidemia y darle tiempo al sistema de corregir, en alguna medida, las carencias y deficiencias anotadas, se efectuó en el caso de la actividad productiva sin mayor análisis de los problemas que tiene el país, como la informalidad; y sin examinar qué actividades económicas, a más de las indispensables –como las de alimentos y medicinas– podían, con aplicación de un protocolo sanitario simple, ser parcial o totalmente excluidas por su bajo riesgo de contagio. A esto se ha sumado el esquema de cuatro fases diseñado para el ingreso progresivo de las empresas, desconociendo las interrelaciones que tienen las actividades productivas, más las complejidades y burocracia para su ejecución, a la par con otras deficiencias como la demora y engorrosa implementación del programa reactiva Perú propuesto por el BCRP.
Todo ello ha devenido en una profunda crisis económica, quizás una de las mayores que haya experimentado el país en lo que lleva de vida republicana, ubicándonos nuevamente a nivel mundial como el país que más decrecerá en términos del PIB, salvo por dos pequeñas islas que tendrán peor recesión. Medido en cifras de indicadores socioeconómicos se podrá visualizar el significativo impacto, pues el desempleo y subempleo aumentarán a la par con la informalidad laboral y empresarial. Esto determinará que la pobreza se incremente a niveles de hace una década y que la clase media caiga diez puntos porcentuales, solo por mencionar algunos indicadores.
Frente a este terrible escenario de dos crisis de enorme envergadura, con altísimo costo humano y social, no cabe duda de que corresponde priorizar las políticas y acciones de corto plazo que al menos atenúen los impactos señalados y progresivamente permitan al país retomar, de manera sostenida, un ritmo de crecimiento que facilite revertir los problemas antes mencionados. Para ello es indispensable tener estabilidad política y social, aspectos claves para reducir la incertidumbre y desconfianza de los agentes económicos nacionales y extranjeros, más aún cuando es la inversión privada el motor central para que esto funcione.
Lamentablemente hemos incorporado una tercera crisis, la política, pues se ha generado un abierto enfrentamiento de dos poderes del Estado, en un contexto de inicio de campaña, de cara a las elecciones de abril del próximo año, que torna muy difícil precisar qué actitud y decisiones tomarán en la coyuntura actual el Ejecutivo y el Congreso. Tampoco conocemos las características que tendrán las autoridades a partir del 2021. Todo ello afectará sobremanera la concreción de los proyectos y planes de inversión del sector privado, hasta tener certeza de lo que vendrá. Incluso está como tema de debate una nueva Constitución; o al menos un ajuste drástico de la actual, en especial del capítulo económico.
Esta coyuntura sin duda impactará negativamente en la prontitud, ámbito y profundidad de las medidas y acciones que corresponde tomar para atender los enormes problemas señalados anteriormente. Y puede agravar aún más la situación de la población peruana en términos de fallecidos, desempleo y pobreza, propiciando la generación de una cuarta crisis, la social, que tiene muchas formas de expresarse (como huelgas, manifestaciones públicas y delincuencia) y puede terminar de desestabilizar totalmente al país. Lo que, por cierto, pienso que todos queremos evitar. Como tal, corresponde un desprendimiento total de lo personal o grupal y pensar a nivel país. Dicho esto no como una expresión retórica sino como una exigencia ante la grave situación que enfrentamos, y que si no se atiende rápidamente y con medidas efectivas y coherentes, no populistas, el resultado será muy negativo, con consecuencias imprevisibles.
En esa dirección es aconsejable que el Presidente designe un gabinete de amplia base integrado por personas que, al margen de su preparación académica, tengan amplia experiencia en su sector y puedan actuar de inmediato. Y que paralelamente se convoque al Consejo de Estado, no obstante no ser un organismo incorporado en la Constitución, para acordar una agenda de acción prioritaria y de aplicación pronta en temas que tengan relación directa con el problema de la salud y el económico. Cada uno en lo suyo y con coordinación periódica para evaluar las marcha y ajustar y afinar lo que corresponda, a más de superar desinteligencias. No es momento para enfrentamientos, lo es para la acción conjunta.
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