Antero Flores-Araoz

Responsabilidad social

Formar a las personas en actividades que ayuden a su sostenibilidad

Responsabilidad social
Antero Flores-Araoz
19 de diciembre del 2023


Hace poco, revisando el semanario de uno de los diarios de circulación nacional, me di con la grata sorpresa de que una gran empresa de generación de electricidad –que entre sus centrales cuenta con dos en la localidad de Chilca, muy cercana a nuestra capital– había entrenado a vecinas de la zona, de bajos recursos económicos, para que confeccionen diversas artesanías a base de tejidos. Y que esa producción ha sido comercializada exitosamente, como obsequios de fin de año en algunas ferias navideñas.

Lo antes señalado me hizo acordar a algunos mercantilistas que consideran que con el pago de sus impuestos ya cumplieron con su país. Lean bien, digo “mercantilistas” y no empresarios ni emprendedores, pues los primeros solo están para hacer lucro y olvidarse de su entorno social.

Si bien es verdad que el pago de los tributos es una obligación legal, hay otra serie de obligaciones que si bien no hay orden normativa que impone su cumplimiento, si existe un imperativo moral, que originalmente se denominaba “caridad”, pero que con el correr de los tiempos ha caído en desuso, pese a los esfuerzos de muchas iglesias y colectividades religiosas.

Hasta por propia conveniencia las empresas deberían comprometerse en obras de responsabilidad social con su entorno, pues teniendo un vecindario de personas contentas, laboriosas y ocupadas, se evitará que caigan en las garras de los antisociales, que, con el fácil discurso de las reivindicaciones, siembran el caos vandálico y la violencia en el país, para imponer sistemas políticos contrarios al orden democrático y a la paz social.

Hay diversos ejemplos de responsabilidad y gestión social que nos vienen a la memoria, pero siempre recordando que uno de los iniciadores de tal tarea fue don Alberto Benavides De La Quintana quien, al electrificar sus campamentos mineros en Huancavelica, dotó de tal servicio a las comunidades y a las localidades de la zona.

Tiempo después la Minera Yanacocha realizó actividades de responsabilidad social en Cajamarca, especialmente en Porcón, organizando a sus pobladores para la crianza de animales, forestación, y otras actividades análogas y complementarias que incluso comprendió al turismo receptivo y hoy es un ejemplo que traspasó fronteras.

Cuando el complejo minero Antamina construyó su mineroducto, puso fibra óptica como protección, pero adicionalmente compartió el avance tecnológico con algunas comunidades ancashinas.

¿Podríamos seguir con ejemplos? Por supuesto que sí, aunque en lo que queremos insistir es que debemos tener compromiso social, pero más que regalar u obsequiar, educar, formar, para que a través del aprendizaje el ascenso social y económico sea permanente, lo que nos hace acordar al famoso aforismo de que no te agotes en entregar pescado, sino enseñar a pescar.

A la vez que formar a las personas en actividades que ayuden a su sostenibilidad, hay que entrenarlas en civismo, en acciones administrativas de sus emprendimientos, así como también, de ser el caso, cumplir con sus deberes tributarios, para que “Pepe el vivo” no incremente su prole, como tantas veces lo sugirieron Celso Sotomarino Chávez y Mario Cedrón Lassus en sus enseñanzas sobre gestión social.

Antero Flores-Araoz
19 de diciembre del 2023

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