Antero Flores-Araoz

Nada que celebrar

Por el aniversario de la fundación de Lima

Nada que celebrar
Antero Flores-Araoz
23 de enero del 2024


Con el título de esta columna su autor se refiere al pasado 18 de enero, en que nuestras autoridades no solo han recordado un aniversario más de nuestra casi cinco veces centenaria ciudad de Lima, a la vez capital de nuestro país. Y lo han celebrado y conmemorado como si Lima estuviese en el mejor de los mundos y sus habitantes satisfechos y contentos de vivir en ella.

Un buen y antiguo amigo, a quien por sus negativos comentarios lo llamamos “Don Pésimo”, decía en este caso, con absoluta objetividad, que este 18 de enero no había nada que celebrar, como tampoco festejar con verbenas, música, canciones, artistas e incluso algunos discursos que más parecen somníferos de botica.

Agregaba el buen “Don Pésimo” que nuestra ciudad está llena de huecos (con excepción de algunos distritos con alcaldes preocupados por su gestión), vecinos que no pagan los arbitrios pero reciben los servicios, peajes a los que con razón el popular Vitocho García Belaúnde llama “pillajes”, aumento abusivo del costo de ellos sin que el servicio mejore, aunque la verdad es que empeora.

La crítica no queda allí, hay diversos municipios en la ciudad que no cumplen con sus obligaciones y, como vemos, hay infinidad de edificaciones en lo que se cree que es una ciudad señorial, en que se depositan y almacenan material combustible que ocasiona incendios cuyos daños nunca se reparan.

En lugar de agrupar a los comerciantes que deambulan sobre todo en las zonas comerciales de nuestras localidades, las autoridades cierran los ojos, o si los abren es para imponer sanciones y no soluciones, y hacerles la vida a cuadritos a los emprendedores informales, que lo son pues hay carencia de trabajo formal y más con la recesión que nos agobia.

Pero lo peor de todo son los sufrimientos de los vecinos por variadas razones. Una de ellas es que no hay en las noches suficiente movilidad pública, pues muchos taxistas se mueren de miedo por los asaltos y prefieren no salir, aunque ello les perjudique el bolsillo.

Muchos pequeños comercios como bodegas, pulperías, cafés, peluquerías y varios otros, vienen cerrando sus establecimientos, sobre todo en los distritos populares, pues son objeto de amenazas delincuenciales de quienes los extorsionan exigiéndoles cupos.

La delincuencia anda en subida y la protección al ciudadano en bajada, sin que se note mayor voluntad de cambio, pues sobre todo la Policía, llamada a mantener el orden público o a restablecerlo, si fuese necesario, no hace siempre lo debido por temores a las denuncias del Ministerio Público y procesamientos en el Poder Judicial, pese a las normas legales protectoras que si existen (art. 20 del Código Penal).

Todo lo expuesto es sumamente grave pero además, muchas de las personas afectadas por los asaltos, robos y extorsiones, piensan que si ellos también se produjesen en distritos mejor posicionados, la protección de la autoridad sería mayor. Cuidado ello es tremendo, pues todos somos iguales y todos tenemos el derecho de exigir acción a la autoridad, que muchas veces anda confundida y aletargada.

Como vemos “Don Pésimo” bien podría cambiar su chapa por la de “Don Cierto”.

Antero Flores-Araoz
23 de enero del 2024

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