Editorial Economía

¡No renunciemos al Perú de las reformas!

Transformaciones estructurales para incrementar la productividad

¡No renunciemos al Perú de las reformas!
  • 06 de noviembre del 2026


Uno de los principales problemas del Gabinete Galarreta durante los primeros 100 días de la nueva administración, a nuestro entender, ha sido el no entender la naturaleza de la victoria electoral de la presidente Fujimori. 

¿Cómo se define esa naturaleza? La jefe de Estado llegó al poder derrotando todas las narrativas habidas y por haber que construyó la izquierda en las últimas décadas. Narrativas y relatos que explicaron las guerras civiles sin balas fujimoristas versus antifujimoristas y la organización de uno de los estados burocráticos más abrumadores en la región. ¿Hay alguna duda? Analice la burocratización del Estado en contra de la minería, las agroexportaciones y la pesca industrial, y de todas maneras hallará una fábula desde la izquierda.

Por esas consideraciones es absolutamente inimaginable que el gobierno de la presidente Fujimori se dedique a administrar la crisis. Imposible, a menos que se pretenda adquirir un boleto para el fracaso. En algunos sectores parece haber este entendimiento bajo la creencia de que la nueva administración es una más, desde el centro a la derecha, que administra la crisis, que empujará a la economía y la sociedad en piloto automático.

La presidente Fujimori y los ministros del Gabinete Galarreta han movilizado todas sus energías para enfrentar las urgencias y devastaciones que causará el fenómeno de El Niño e, igualmente, para detener el avance de la ola criminal que parecía incontenible. Nadie puede negar los esfuerzos y seguramente la mayoría nacional aplaudirá los méritos de la jefe de Estado otorgándole el respaldo popular.

Sin embargo, olvidar la naturaleza del gobierno de Fuerza Popular y renunciar a transformar el actual estado de cosas podría ser fatal. Por ejemplo, en el objetivo loable de enfrentar las urgencias de El Niño el ministerio de Economía y Finanzas ha modificado la trayectoria fiscal señalando que recién en el 2031 –es decir, al final de la administración– se alcanzará el déficit fiscal del 1% del PBI. Frente a la destrucción que causará El Niño se elevará la meta del déficit a 2.4% en el 2027 (desde el 1.4% del 2026) y desde ese rango descendería progresivamente hasta el 1%.

Sin embargo, vale la pena preguntarse si esa sería la trayectoria fiscal normal de una administración que se propone desarrollar reformas estructurales que incrementen la productividad y la competitividad de la economía. Por ejemplo, la reducción de ministerios y la simplificación total de la administración pública eliminando sobrerregulaciones, oficinas y burocracia. Si el Perú se embarcara en una reforma general del actual Estado burocrático, que bloquea la inversión privada y genera informalidad, seguramente se podría reducir y racionalizar el gasto del Estado de manera significativa. E igualmente, está el tema de hasta cuándo los peruanos tendremos que seguir tolerando el desangramiento fiscal permanente que representa Petroperú.

El gran problema es que algunos, ante la falta de reformas, pueden llegar a considerar que el Estado de la burocracia actual es el estado normal de las cosas, una especie de statu quo que nunca se tocará. En ese sentido, y como se trata de mantener la imagen de un tecnicismo en las propuestas, siempre se alertará de cualquier problema en la trayectoria fiscal del país porque el Estado de la burocracia –como pasa en cualquier sociedad– siempre tenderá a generar un déficit estructural.

Como la tendencia a aceptar el Estado de la burocracia como un establishment inamovible se impone, “los técnicos”, por angas o por mangas, tenderán a proponer el aumento de impuestos al sector privado. Esa es la historia de los llamados estados de bienestar en Europa, que hoy se derrumban. ¿A qué vamos? De alguna manera es lo que acaba de pasar con un informe del Ministerio de Economía y Finanzas destinado a la Comisión Agraria de la Cámara de Diputados que propone derogar el régimen promocional en el agro. Es decir, aumentar impuestos para mantener la salud del Estado de burocracia.

Sin reformas, esa sería la lógica perversa del Perú. El Estado de la burocracia no se toca y ante cada problema fiscal se aumentan los impuestos a los privados, porque los empresarios que producen la riqueza de una sociedad no saben protestar ni bloquear carreteras como lo hace la izquierda. 

Con esa lógica se puede llegar a la socialización de la economía. ¿O no?

 

  • 06 de noviembre del 2026

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