Guillermo Vidalón
Tras la segunda vuelta
El 80% de la ciudadanía optó por un crecimiento continuo y acelerado

En los próximos días debe ser proclamado como ganador de la contienda electoral del 2021 aquel al que el Jurado Nacional de Elecciones decidió nombrar presidente, dejando un enorme halo de dudas sobre la legitimidad de quien asuma la primera magistratura del país. Cualquiera de los dos candidatos –Castillo o Fujimori– tiene que ser consciente de que no cuenta con el respaldo mayoritario de la población; por lo tanto, pretender implementar su plan de gobierno primigenio es desconocer la voluntad popular.
En el caso de Pedro Castillo, ha hecho bien en solicitar al Dr. Julio Velarde –presidente del Banco Central de Reserva– que permanezca en su cargo. Empero, la oferta debería ser por los próximos cinco años; así como a los miembros de su directorio, quienes han tenido el mérito de estabilizar la economía, preservar el valor del sol e incrementar las reservas de la nación. Porque una cosa es presidir una institución y otra es ser usado para convalidar las arbitrariedades de un directorio que no necesariamente comparte ni comprende las propuestas del Dr. Velarde.
Asimismo, el candidato Castillo debería aclarar que las expresiones de Vladimir Cerrón y de Guillermo Bermejo, presidente y congresista de su agrupación política (Perú Libre) no son las del candidato. Y que de resultar finalmente elegido, Castillo representaría al 18% de la ciudadanía, y que la suma de otras opciones políticas le habría permitido alcanzar la presidencia. Esos otros puntos de vista no comparten el “ideario” del médico Cerrón ni los particulares puntos de vista del congresista electo Bermejo.
Pretender que el candidato Castillo siga con el programa primigenio es desconocer la realidad y pretender imponer por la fuerza una opción que fue rechazada por más del 80% de los electores de la primera vuelta. Cabe precisar que la primera vuelta también fue objeto de serios cuestionamientos por la manera cómo la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el JNE dieron pase, por ejemplo, a la candidatura de Pedro Castillo, quien no contaba con una plancha presidencial completa.
Si el candidato Castillo ha reflexionado para bien, el país recuperará prontamente la tranquilidad y confianza que se requieren para enfocarnos en cómo superar la pandemia, recuperar la economía, generar puestos de trabajo y reducir los índices de pobreza que en la actualidad comprometen al 30% de la población peruana. En cambio, si no resultase electo Castillo, las disposiciones que podrían emanar de un gobierno de Keiko Fujimori serían similares a las que hoy enarbola Pedro Castillo: seguridad jurídica, respeto a la Constitución, estabilidad monetaria, justo los elementos que permitirían una rápida recuperación de la confianza. En concordancia, el próximo gobierno pasaría a representar al 80% de la ciudadanía que optó por una de las múltiples opciones que proponen un crecimiento continuo y acelerado.
Hay que hacer una reingeniería en el aparato estatal, sin lugar a dudas, los recursos destinados al apoyo social tienen que tener un objetivo específico, ayudar a sacar de la pobreza a millones de peruanos sin establecer un subsidio que los circunscriba a una situación mendicante.
COMENTARIOS