Carlos Rivera
Monólogos de la esperanza
Sobre el poemario “Preludio”, de Patricia Roberts

Una reciente noche de insomnio me llevó a buscar algo para conciliar las brumas de mi conciencia. Repasé los versos de Eguren y luego algunas aproximaciones de Luis Alberto Sánchez y Julio Ortega acerca del simbolismo o impresionismo de la poesía de este barranquino esquivo y melancólico. Travesura, insularidad, vanguardia, escuelas literarias, todo un itinerario de estudio que aún le debemos a nuestro autor de La canción de las figuras. Pero, más allá de esas discusiones, me quedé con la deuda de la música, las palabras tintineaban en mi cabeza y una necesidad de acariciar la inspiración en las profundidades de mi memoria y de mi piel.
El horizonte de la poesía es la conmoción. No importan sus artilugios o técnicas que emplea el poeta. La poesía antes que conocimiento es latido. Es el sentido de lo inconmensurable y de lo pequeño. Y veo ante mis ojos el libro de Patricia Roberts, Preludio (Carpe Diem, 2018). Leerlo fue una experiencia de absoluta belleza. Un libro bilingüe hecho a retazos de memoria nostálgica, pero sin caer en un vulgar sentimentalismo. Patricia sabe cautivar con sencillez, elucubra sus versos desde lo cotidiano, su entorno natural y por momentos, anímico. Huye de la plástica que a veces vuelve frío un poema y no exagera en el rigor interpretativo, tampoco intenta una pureza surrealista o esa posmodernidad sintética y tremebunda que lo quiere todo, pero no llega a nada. Nuestra poeta prefiere el rumor de las palabras, sus claves y sustancias que se adoban cuando les anulamos los artículos y adverbios y la dejamos limpia para su tránsito a dimensiones capitales. No busca la perfección o la ciencia de las palabras sino sus requiebres de poder desde una metáfora sincera, un concepto fantástico, un sobresalto sentimental o un golpe de pecho cuando abrazamos con cariño o amamos en colores. Como los haikus que son universos dentro de una gota de rocío y nos deleitamos con el néctar de las flores.
Ha dicho Alejandra Pizarnick: “Las imágenes solas no emocionan, deben ir referidas a nuestra herida: la vida, la muerte, el amor, el deseo, la angustia. Nombrar nuestra herida sin arrastrarla a un proceso de alquimia en virtud del cual consigue alas, es vulgar”. Por eso la alta poesía enuncia, no representa la realidad ni la estudia o amplifica solo usa sus insumos para intentar responder desde sus posibilidades aquellos misterios que nos agobian. Leamos unos versos de este poemario:
Puzle
Como tu rompecabezas
mi vida está dispersa
algunos encuentran piezas azules
y creen que es
mi cielo
Otros descubren vegetación y piensan
que es mi tranquilidad
marrón son rocas
rojo es fuego
Creen que me han encontrado
cuando todo lo que han hecho
es juntar una imagen
de ellos mismos.
Pájaro negro
Un pequeño pájaro negro
venía todas las mañanas
a posarse en mi ventana
y comer de mi mano.
El paisaje sombrío
con techos cubiertos de nieve
persiste en mi memoria.
Qué importante era
guardar migajas de pan dulce
para el pájaro.
La poesía que practica Patricia es maná del cielo, lluvia de colores y bálsamos de esperanza. Cree en la humanidad, aspira a un sentido ético de la piedad desde cada verso que construye. Entonces, contrariamente a la sentencia de Jean Paul Sartre y su condena de la libertad nosotros tenemos el pleno derecho a la esperanza a pesar de los espantos. No rehúsa a una comunión universal y su apuesta por el arte para ser mejores prójimos.
Jorge Lui Borges decía en una entrevista:
“A veces me siento incalculablemente feliz y le doy la bienvenida a esa felicidad, porque no sé de dónde viene, pero creo que debería ser bienvenida de todos modos.”
Patricia en tono coincidente responde a una entrevista de Sarko Medina en el diario Correo:
“Hagan el silencio para escuchar la respuesta de su yo íntimo. Las respuestas las tenemos en nuestro interior, no todo viene de afuera, cada uno sabe lo que le hace feliz.
Leamos otro poema:
Profeta
He mirado en mis manos
Las líneas luminosas,
Corazón inmenso,
Destino feliz,
Y te he vuelto a encontrar
Soñadora,
Profeta.
“Para sentir un poema hay que comprenderlo; para comprenderlo: oírlo, verlo, contemplarlo -convertirlo en eco, sombra, nada. Comprensión es ejercicio espiritual” decía Octavio Paz. Patricia parece responder con más poesía:
Retama en flor
No es necesario hablar para entenderse,
Basta mirar la flor y penetrarla,
Basta callar, con la mirada entera.
Patricia nos regaló un mensaje en la conferencia TED del 2022 en la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa: “…cada uno de nosotros es como la pieza de un rompecabezas; estamos surfeando nuestra ola en el tablero y uno encuentra su lugar hace clic: se ilumina y se integra a una realidad mayor. Así es la vida. Cada uno de nosotros, cuando encontramos nuestro gozo más profundo, hacemos clic y nos integramos al universo. Entonces, lo importante es que no tenemos que hacer nada más que ser auténticos”.
Esa dimensión contemplativa de una inquieta alma que tiene la simpleza de su sabia experiencia de mujer que nos regala la fragancia de sus cantos, el parto de su música y el candor de su risa mística femenina. Una poeta que sonríe ante la vida y nos regala el extraordinario banquete de su arte y en esta tarde sublime donde todos le decimos ante sus imponentes ojos verdes: gracias por darnos tanto
*Discurso leído el 24 de setiembre en la Feria Internacional del Libro Arequipa 2023. Homenaje a Patricia Roberts (y al escritor José Alvear Corimanya) organizado por la Red de Escritores de Arequipa presidido por Sarko Medina Hinojosa
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