Guillermo Vidalón

La izquierda en el siglo XIX

No ha asimilado las enseñanzas de la historia

La izquierda en el siglo XIX
Guillermo Vidalón
03 de agosto del 2021


Fue en 1848 que Carlos Marx publicó el
Manifiesto Comunista, documento que recoge interpretaciones de la realidad socioeconómica que se vivía en las postrimerías de la revolución industrial. Para Marx, el capitalismo es un sistema (modo) de producción que se basaba en la desigual distribución de la plusvalía (riqueza) entre dos clases sociales predominantes: la obrera, caracterizada por poseer su fuerza de trabajo (brazos/energía personal); y, la burguesía, propietaria de los medios de producción (las fábricas). En ese escenario, la única manera de alcanzar la “liberación de la clase obrera” era mediante la lucha de clases. 

Inclusive dicho pensamiento influyó en quienes, desde una perspectiva de fe en los años setenta del siglo XX produjeron un símil, afirmando que se trataba de liberar a la humanidad del pecado. De esta manera, muchos justificaron el ejercicio de la violencia cuando esta es, en sí misma, un pecado y también un delito, porque el ejercicio de la fuerza es privativo de los estados y de la ciudadanía mediante la insurgencia, si se le pretende imponer un gobierno ilegítimo. 

En el siglo XIX, Carlos Marx subestimó a la persona humana por su condición de obrero. Bajo su perspectiva, el trabajador no era más que un componente de una maquinaria, una herramienta que aún no había podido ser substituida por una máquina más eficiente. Han transcurrido 173 años y la historia se ha encargado de desmentirlo. Las personas piensan y emprenden también por sí mismas, más allá de si en un período de su existencia tienen que “vender” su fuerza de trabajo.  Más aún en el Perú, donde la población es emprendedora, si se queda sin empleo genera su propio empleo y si tiene éxito económico empieza a contratar a otras personas para que trabajen con ellos. Es decir, puede cumplir la función de obrero, pero también la de dirección de su propia empresa o formarse y escalar socialmente en función a su esfuerzo personal, lo que se sustenta en el ejercicio de la meritocracia.

Sin embargo, en el Perú en el siglo XXI, aún subsiste una izquierda que se niega a incorporar las enseñanzas de la historia o que es incapaz de interpretarlas en su debida dimensión. En la actualidad, la riqueza no deviene de las cosas materiales en sí mismas, sino de las personas; es decir de los consumidores, quienes deciden a qué bien o servicio otorgan un mayor valor y recompensan en términos económicos a su productor en función a la importancia que le conceden al adquirido, sea este bien tangible o intangible. Tengamos en cuenta que un bien físico es la expresión material o inmaterial del conocimiento acumulado por una o varias personas, o por una persona jurídica.  

Empero, en el Perú aún tenemos quienes se manifiestan abiertamente herederos de Carlos Marx, Engels, Lenin, Stalin y demás, quienes alcanzaron el poder desechando la moral con tal de alcanzar sus objetivos; ergo, ¿si alguien alcanzó el poder realizando fraude o valiéndose de alianzas non santas debe ser santificado en los altares de la democracia? ¿Se debe premiar la astucia, la criollada para aprovechar los vacíos que permitieron la infiltración de quienes no creen en la democracia y desean su implosión? 

Algo anda mal en el país. Quienes manifiestan ser seguidores del anhelo de una sociedad comunista, supuestamente igualitaria, que otorgue mayor calidad de vida a los más vulnerables. A la fecha, han conseguido todo lo contrario, la incertidumbre política y económica que emanan del silencio del Ejecutivo y la locuacidad virtual del líder del partido oficialista han hecho que miles de peruanos retiren su dinero del sistema bancario para cambiarlo por dólares.  Ante la mayor demanda de la divisa norteamericana, la respuesta del mercado es la elevación de su cotización; es decir, necesitamos trabajar más para ganar los soles que cuesta ahora adquirir un dólar.  

En consecuencia, todo aquello que se debe adquirir del exterior, que es vendido en dólares, sube su precio en el mercado interno.  Por eso, adquirir maíz amarillo duro (principal alimento de los pollos) cuesta más y, por lo tanto, el valor del pollo en los mercados se ha elevado en los últimos 30 días en 4.1% y el aceite que emplean las amas de casa en más de 16%, además del precio de los combustibles y así por el estilo. 

El sueldo mínimo, que reciben los trabajadores formales de menores ingresos, hoy les permite adquirir menos alimentos que hace un mes.  Por otro lado, si sus hijos no cuentan con una laptop o tablet y siguen en clases no presenciales, lo cierto es que su aprendizaje será mucho más limitado, perjudicando aún más a quienes se pretende beneficiar, lo que están logrando es garantizar la reedición de la pobreza intergeneracional. Peor aún es el escenario para quienes integran la informalidad, cuyos ingresos son generalmente inferiores al sueldo mínimo.

El izquierdismo peruano del siglo XIX está desfasado en el siglo XXI, el país requiere generar confianza partiendo desde quien lidera el poder ejecutivo.  Una de las acciones para recuperar prontamente el poder adquisitivo de nuestra moneda es ratificar al directorio del Banco Central de Reserva por los próximos cinco años, solicitar al poder legislativo la pronta elección de los miembros del Tribunal Constitucional –muchos de los cuales han ejercido sus cargos excediéndose del plazo establecido en la constitución del Estado–, precisar cuáles serían los planteamientos que considera deben ser recogidos en su propuesta de carta magna. 

Recordemos que a lo largo de 200 años hemos tenido 13 constituciones y son las que incluyeron un esquema jurídico garantista de la libre iniciativa privada que fueron más eficaces para atraer la inversión, generar empleo y reducir la pobreza, por lo tanto, enrumbar al país hacia el desarrollo. 

Una izquierda que lee de manera adecuada la realidad nacional e internacional fomenta y fortalece la infraestructura socio-productiva del país tendiente a la mejora continua por medio de la competitividad. 

Tengamos presente que el Perú está en el siglo XXI y no desea retornar al siglo XIX.

Guillermo Vidalón
03 de agosto del 2021

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