Iván Arenas
¿Funciona la antipropaganda contra García?

Encuestazos y periodicazos en las elecciones
La última encuesta de la empresa GFK coloca al candidato Alan García en el quinto lugar y un sector del periodismo, algunos medios de comunicación concentrados, varios intelectuales y la izquierda tuitera y mediática celebran. No obstante, hay algo que no cuadra. Si, como dicen las encuestas, García es un cadáver y el verbo y la palabra ya no sirve en días de facebook o tuiter, ¿por qué un candidato con 5% llena las plazas por miles? O en todo caso, ¿por qué un candidato sorpresa como Guzmán, segundo en las encuestas con 16%, cancela mítines ya que apenas concurren algunos militantes? Muy raro, todo esto.
Es cierto que la política es confrontación, antagonismos y que las elecciones se convierten en el ensayo más próximo a una batalla. Pero luego de tres elecciones en democracia es la primera vez que un grupo de periodistas, algunos medios de comunicación y varias empresas encuestadoras suplen a los políticos y a los partidos y toman posición de forma descarada haciendo antipropaganda y contra campaña hacia el candidato García. Incluso con la complacencia de intelectuales y escritores.
Es obvio que el objetivo es -y probablemente siempre ha sido- quitar de la carrera a García construyendo un sentido común y creando una única hegemonía alrededor del candidato aprista. Quizá una de las mayores ventajas que garantizan el éxito o la derrota política es poder ordenar y definir las condiciones del tablero y de la partida. En ese sentido, la maniobra de este sector de periodistas, medios de comunicación y empresas encuestadoras es clara: crear la imagen de un García derrotado para generar la propia derrota. Es decir, definir los márgenes, roles, nombres y definiciones de la contienda electoral. En otras palabras, apropiarse del tablero y definir las condiciones de la partida.
Pero el objetivo de la maniobra es también otra: desgastar y disminuir las fuerzas cotidianas del candidato aprista obligándole a responder y a desmentir a cada momento. Es curioso pero a cada “encuestazo” o “periodicazo”, el candidato aprista ha respondido llenando plazas. ¿A qué se debe tal resistencia a pesar de la intensa antipropaganda de este sector de periodistas, medios de comunicación y empresas encuestadoras? Una primera respuesta cae por sí sola: algunas encuestas no quieren decir la verdad o en todo caso dicen la verdad a medias. La otra respuesta es que hay divergencia todavía entre calle y mundo digital. Las elecciones se ganan en las plazas y no desde las redes sociales.
Quizá haya una tercera respuesta. La enorme antipropaganda también está destinada a golpear moralmente al interior del aprismo, pretensión que no ha logrado. Hasta ahora, el aprismo se mantiene firme porque -como diría alguien- ha entendido que jamás se debe asumir el lenguaje político del adversario sino disputarlo. Si la antipropaganda logra generar contradicciones en el seno del aprismo entonces habrá acabado la campaña de García.
Al parecer la antipropaganda y la contracampaña de este sector del periodismo, sus medios de comunicación y la izquierda mediática hacìa García no funciona. ¿Podrá resistir el candidato aprista? Todavía no ha acabado las elecciones.
Iván Arenas
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