Guillermo Vidalón
¿Evo en la presidencia aymara?
Nadie debe proponer la escisión del país

Quien finalmente resulte ungido como presidente, por la decisión del Jurado Nacional de Elecciones, tiene que ser consciente de que el ganador es producto de un proceso electoral seriamente cuestionado. Según algunas encuestadoras, más del 65% de la ciudadanía opina que el próximo mandatario carecerá de la legitimidad necesaria para imponer sus puntos de vista.
Esperemos que el gobernante comprenda que desde el momento que asume la personificación de la nación deja de representar a su grupo partidario –es decir, a un sector de la ciudadanía–para representar los intereses de todos los peruanos. Si no lo comprende, cae en ilegitimidad y vulnera por hecho propio el sistema de representación democrática, donde se respetan todas las opiniones y los pesos y contrapesos que establece la Constitución, así como las autonomías de los distintos poderes del estado.
Por otro lado, algún político ha señalado que la riqueza está en las regiones y que los limeños se queden con Lima porque ellos establecerán la capital en el Cusco. Pero eso va contra la esencia unitaria del Estado nacional. Nadie debe proponer la escisión del país. No obstante, analicemos la afirmación previa: privar de recursos al aparato central del Estado es dejar sin ingresos suficientes para sufragar el sostenimiento de instituciones como las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú, el Cuerpo Diplomático, el Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación, la Defensoría del Pueblo, entre otras que tienen presencia en todo el territorio nacional. Algunos dirán que dichas instituciones pueden ser segmentadas y repartir cada parte proporcionalmente; sin embargo, sucede que el Sistema de Defensa Nacional es único, y privarlo de recursos es dejar en la indefensión al Perú.
¿Quién sería el gran ganador de la quiebra del sistema defensivo? Nada menos que el país altiplánico de Bolivia, controlado por el expresidente Evo Morales. Dividir al Perú representa la delegación indeseada del mando sobre territorios que comprenden las actuales regiones de Arequipa, Moquegua, Tacna, Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Cusco, Madre de Dios, Ucayali y Puno. Recordemos que Bolivia, desde su enclaustramiento, aspira llegar al mar a través de territorio propio. Y dado que ha dejado sus aspiraciones para lograr una salida al mar a través de territorio chileno, debemos preguntarnos ¿por dónde aspira Bolivia llegar al océano Pacífico? Como decía el expresidente Alan García, “en política no hay que ser ingenuos”.
Al parecer, existiría una conjunción de intereses supranacionales que tienen la finalidad de controlar las riquezas del territorio peruano. En el pasado reciente, Evo Morales ya había tomado contacto con exgobernadores de la región Puno; uno de ellos es Walter Aduviri, cuyo grupo proponía la anexión de dicha región a la patria de Evo. ¿Eso queremos para el Perú? Definitivamente,¡no!
El Perú como nación tiene mayor proyección, ya sea por su ubicación en el centro del continente sudamericano como por su nivel de desarrollo respecto al de Bolivia. Nuestro Producto Bruto Interno nacional es más del doble del boliviano, así como la población. Proponer someter el futuro del Perú a los intereses de Bolivia configura algo más que un discurso afiebrado; es –sin lugar a dudas– la corroboración de la disposición que tienen algunos para traicionar al Perú.
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