Jorge Varela
El feminisno
Desde la filosofía feminista

Hace 70 años apareció una obra de la escritora y filósofa existencialista francesa Simone de Beauvoir titulada El segundo sexo, libro que ha nutrido al feminismo emergente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Esta verdadera “biblia feminista” es básica para entender la evolución histórica de la teoría feminista contemporánea, junto con un libro publicado por John Stuart Mill en 1869. Se trata de El sometimiento de las mujeres, en el que se afirma que “el principio que regula las actuales relaciones sociales entre los dos sexos... debe reemplazarse por un principio de perfecta igualdad, sin admitir ningún poder o privilegio para un sexo ni ninguna incapacidad para el otro”. Stuart Mill, autor también de Sobre la libertad, fue conocido como ‘el filósofo femenino’.
Beauvoir abrió el debate por la igualdad entre los sexos, al explicar la desigualdad entre mujeres y hombres: “la mujer se determina y diferencia con relación al hombre, y no este con relación a ella; esta es lo inesencial frente a la esencia. Él es el sujeto, él es lo absoluto; ella es el otro”. (El segundo sexo). El feminismo de Beauvoir es el feminismo de la igualdad: todos los seres humanos son iguales, sin distinción de ninguna índole.
A propósito de feminismo, ¿qué es el feminismo?: ¿una realidad biológica?, ¿un movimiento?, ¿una idea acelerada?, ¿una moda pasajera?, ¿una estrategia discursiva?, ¿una vía para acceder al poder?, ¿una aventura colectiva?, ¿una forma de vivir?, ¿una construcción cultural?, ¿un pensamiento en evolución?, ¿una filosofía radical? Las preguntas son tantas que las anteriores constituyen solo algunas de las muchas que desbordan el estudio analítico sobre este tema.
Un primer acercamiento puede hacerse mediante las aportaciones de mujeres que han estudiado esta materia. Para la filósofa española Celia Amorós el feminismo es “un tipo de pensamiento antropológico, moral y político que tiene como referente la idea racional e ilustrada de la igualdad entre los sexos” (Feminismo y filosofía).
Otra pensadora, la estadounidense Judith Butler, ha expuesto que “el feminismo es un movimiento para las mujeres, para los hombres y para los que desbordan el género normativo” (El género en disputa). Para Butler, el sexo, aquello que nos define como hombres o mujeres, es una construcción social. El hecho de ser un hombre o una mujer no está determinado por el nacimiento –no hay identidades fijas–, sino que se nos ha enseñado a ser así en un contexto cultural y educativo que tiene como norma la heterosexualidad.
En su opinión, el sexo y el género son construcciones sociales. El género es algo que se hace. Según Carlos Peña en los trabajos de Judith Butler se encuentra un ejemplo claro de la radicalidad que puede alcanzar la reflexión filosófica. (“Por qué importa la filosofía”, parte V “¿Existen verdades eternas?”, “Un ejemplo de la radicalidad de la filosofía: el feminismo”).
Anna Pagès, por su parte, ha escrito que “el feminismo es un movimiento colectivo político-social de reivindicación de los derechos de las mujeres en pro de la igualdad de derechos y una mayor justicia social para ellas… el feminismo es una forma de movilización colectiva, lo que hace que salgamos a la calle”. Esta movilización tiene que ver con la militancia, con la defensa de la justicia y de la equidad entre hombres y mujeres. (“Cenar con Diotima”). Pagés afirma que “no podemos hablar de una “filosofía femenina” en la medida en que lo femenino no es una esencia que atraviese todas las épocas históricas. Lo femenino es simplemente una atribución y una construcción social, económica, política de un determinado momento”. (“¿Qué es la filosofía feminista?”, entrevista en Portal “Filosofía&Co”, 5 de marzo de 2019).
En tanto, Graciela Hierro Pérezcastro quien se declara “feminista radical”, afirma convencida: “Ese es el feminismo mío; ni existencialista, ni marxista, ni socialista, ni liberal, ¡ni, ni, ni! Feminista radical que permite descubrir en verdad qué queremos las mujeres. Ni Sartre, ni Marx, ni Freud, ni Nietzsche pensaron en las mujeres para construir sus mundos. Solo en ellos mismos”. (“Me confieso mujer”)
“No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”, expresa la filósofa y escritora inglesa Mary Wollstonecraft (durante la segunda mitad del siglo XVIII). En su libro Vindicación de los derechos de la mujer –uno de los clásicos del feminismo–, apeló a la igualdad entre ambos sexos basándose en que el único fundamento de la moral es la razón, y esta es idéntica para los dos.
“Hay que feminizar la sociedad”, ha proclamado Victoria Camps en una entrevista. Si en los primeros años el feminismo pretendía de alguna forma masculinizar a la mujer –era la forma de igualarla–, hoy el feminismo dice: vamos a conservar lo que nosotras tenemos para exportarlo, para contagiarlo a la sociedad (libro El siglo de las mujeres).
Por ello, resulta paradójico –extraño, raro– que la filósofa radical Judith Butler citada más arriba –exponente de la teoría queer– sostenga, después de sus elaboradas disquisiciones ideológicas: “No estoy segura de que este siglo sea femenino”. Es más, ni siquiera parece segura de que deba serlo. (Portal “Filosofía&Co”, 24 de septiembre de 2018).
Si Beauvoir planteaba que “no se nace mujer, se llega a serlo”, Butler al subvertir el binarismo de género y sostener la autodesignación de la identidad sexual, se muestra a favor de una identidad múltiple y cambiante. Es decir, “no se tiene que llegar a ser mujer”. Si no se tiene que llegar a ser mujer, ¿de qué se está hablando? ¿De una diversidad de identidades sexuales? ¿De intersexuales, no binarios, fluidos?
La ensayista Virginie Despentes, autora de “Teoría King Kong”, expresa que eso “le encanta”. “De ahí puede surgir una crítica a la masculinidad y también nuevas experiencias, porque yo no tengo ninguna fe en la familia tradicional”. (entrevista diario “La Tercera”, 16 de febrero de 2018). Despentes va más allá cuando afirma: “Lo que me sorprende es el deseo fanático que veo a mi alrededor de tener niños. Incluso entre las lesbianas”. “Ese era nuestro lujo, nuestro privilegio. ¿Qué les pasa? Es todo propaganda. Mi único consejo a los jóvenes: no tengáis hijos, somos muchos”.
La pregunta sigue abierta: ¿qué es realmente el feminismo desde la filosofía feminista?
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