Luis Hernández Patiño

Luis Hernández Patiño

Nuestros partidos políticos y su evolución

El viejo y aristocrático estilo de hacer política en el Perú

Nuestros partidos políticos y su evolución
Luis Hernández Patiño
21 de marzo del 2018

 

Me gustaría empezar señalando dos cosas que para mí son fundamentales: nuestro país requiere de verdaderas organizaciones políticas, que hagan posible una vida institucional estable y civilizada. Sin embargo, no contamos con ese tipo de organizaciones y eh ahí el gran problema. La situación actual de nuestros partidos no es el producto de la pura casualidad. Se podrá decir que ha habido una gran campaña de demolición, un sistemático trabajo de desprestigio en contra de ellos, sobre todo en épocas de dictadura. Sí, pero pienso que aquello no explica el fondo del tema.

Para entender el problema de nuestros partidos es recomendable tener en cuenta el proceso de mutación que se ha venido dando en los diferentes niveles de la vida, tanto en lo nacional como en lo internacional. El mundo gira y se crean relaciones de producción y cambio, sobre una base económica que está en permanente transformación. Y aquella transformación se refleja en lo económico, lo social, lo tecnológico, etc.

En tal sentido, el Perú actual no es el mismo de los años ochenta. En los últimos 25 años, nuestro país ha sido bañado por una innegable ola de cambios. No se trata de cantar victoria en un sentido iluso, pero sí de reconocer que la década de los noventa marcó un antes y un después en nuestra más reciente historia.

Sin embargo, frente a tales cambios, nuestros partidos no han evolucionado, ni en lo estructural ni funcionalmente. No han logrado constituirse en instituciones sólidas, coherentemente organizadas. En todo caso, parece que siguen siendo empresas de corretaje de influencias, franquicias de corrientes políticas internacionales o proyectos personalistas de aventureros, chicheros o informales de la política, que no necesariamente son ninguna novedad en este siglo xxi.

Un buen número de agrupaciones políticas, que dicen no tener nada con los partidos tradicionales, luce una variedad de nombres novedosos. Algunos de estos llevan incorporada la palabra Perú y la utilizan a su gusto. Hoy, ya casi no se recurre a la etiqueta de “popular” que era muy utilizada en los años sesenta.

Pero el hecho de lucir novedosos y llamativos nombres no necesariamente refleja una seria evolución por parte de los partidos y movimientos que reclaman no ser tradicionales. Para mí, ello solo representa un reemplazo de etiquetas (digamos marcas comerciales) muy decorativas, aparentemente novedosas, que no hacen más que adornar el viejo y aristocrático estilo de hacer política que reina entre nosotros, desde la época de Ñangué o Matusalén.

Las agrupaciones que más hablan de cambio son las primeras en poner en práctica los más rancios usos, costumbres y mañas de nuestra tradicional política. Para comprobarlo, no habría más que observar las formas en las que sus integrantes se traicionan, se dividen y se enfrentan, entablando impresionantes luchas para apoderarse de los puestos dirigenciales más importantes, con el fin de sacar el mayor provecho posible.

Me dirán que hoy se ven caras nuevas en la política. Sí, es verdad. Pero nótese que con esas caras pasa lo mismo que con los nombres o etiquetas de las instituciones a las que representan. En otras palabras, tales caritas tampoco implican un real proceso de evolución, ni una renovación esencial de nuestros partidos.

Entre nosotros hay “líderes” jóvenes que llaman dinosaurios a los políticos mayores. ¿No es así? Sí, claro. Pero resulta que esos mismos jóvenes también están rodeados de dinosaurios tan viejos como aquellos a los que atacan. Esto quiere decir que, hasta hoy, nuestros partidos continúan inmersos en las formas más antiguas de hacer política. El insultar a los viejos no es nada novedoso, resulta muy tradicional.

Cabe entonces una pregunta: ¿Por qué nuestros partidos no han evolucionado? Al respecto, en próximas entregas me propongo ensayar alguna explicación.

 

Luis Hernández Patiño
21 de marzo del 2018

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