César Félix Sánchez

Pecados capitales del Gobierno: ideologización e impiedad

No se respetan los derechos más básicos de los creyentes

Pecados capitales del Gobierno: ideologización e impiedad
César Félix Sánchez
11 de mayo del 2020


En un
anterior artículo analizamos dos pecados capitales del Gobierno de Vizcarra, nacidos de la práctica sistemática de una «política de la percepción» más propagandística que efectiva: estulticia e irresponsabilidad. Ahora analizaremos los otros dos: ideologización e impiedad. 

La ideología es una religión secularizada, un sucedáneo del dogma religioso. Pero a diferencia de este, no se refiere a una dimensión ultramundana o espiritual, personalísima y sagrada, sino que dogmatiza la realidad contingente de lo político, politizando a su vez todas las realidades. Es colectivista y profana. Su liturgia es la ingeniería social; y su evangelio, la propaganda y la manipulación psicológica de las masas. La ideocracia es el gobierno confesional de la ideología que, según Raymond Aron, no es más que el totalitarismo. La ideologización –el proceso de difusión de una ideología que lleva al oscurecimiento de la comprensión de la realidad– resulta una forma de idolatría (quizá la peor) y es, por tanto, un pecado contra el primer mandamiento. 

Una ideología en el poder no puede evitar realizar experimentos sociales que, casi siempre, acaban teniendo costos humanos altísimos. Aquí en el Perú hemos tenido un anticipo posmoderno y chicha de esto, gracias al Gobierno de Vizcarra y a su asesor, el veterano trotskista Farid Matuk, actualmente del Frente Amplio. En aras del «combate al patriarcado» (son sus palabras literales), se decidió programar el famoso «pico y placa» por «género». Ante el fracaso gigantesco de tan aberrante medida, Matuk admitió un error meramente táctico y anunció que «la lucha contra el patriarcado» se postergaría para después de la pandemia. Así como para los antiguos marxistas la lucha de clases no cesaba nunca ni conocía de treguas por catástrofes o guerras, y que más bien la miseria generada por ellas eran una ocasión perfecta para acelerarla, para los neomarxistas la emergencia del Covid-19 también «cayó del cielo» en su designio de implementar sus experimentos de género. Pero lo único que se aceleró fue el contagio de la enfermedad. Si uno revisa la subida de positivos y fallecimientos de la última semana de abril descubre que muy probablemente esas personas fueron contagiadas durante las aglomeraciones producidas por los pánicos del pico y placa de “género” y el absurdo cierre total de varios días en Semana Santa. 

En este último fin de semana, la ideologización volvió a hacerse presente gracias a otra criatura del Frente Amplio: el ministro de Salud Víctor Zamora que, debido a sus prejuicios igualitaristas, sostuvo que había limitaciones éticas para trasladar a Lima a los médicos de Loreto, evitando así las «preferencias». Pero cualquier criterio real de equidad nos dice que 1) los médicos infectados en una región colapsada, dada su situación de riesgo extraordinario, requieren auxilios extraordinarios y 2) que cualquier intento de igualar debe ser hacia arriba, no hacia abajo. Pero la izquierda tiene una viejísima pasión por igualar hacia abajo, sin descartar la suprema igualdad de las fosas comunes(1). 

La virtud de la piedad consiste en venerar a Dios, a la Patria y a los padres y mayores. A esta virtud pertenecen tanto los deberes del amor filial, del patriotismo y de la religión. Pertenece a la virtud de la justicia. La impiedad, por el contrario, olvida que el hombre es un fruto de un vasto proceso de progreso acumulado, al que denominamos tradición, y menosprecia la trascendencia, ese horizonte que nos hace únicos entre las demás criaturas. En el mundo del impío, los hombres son seres aislados, radicalmente despojados de su condición de portadores de valores culturales o inquietudes espirituales, y que se diferencian poco de un rebaño de ovejas o de una piara de cerdos. Así, un Estado que sostenga que los hombres son meros sujetos de salud física, sin ningún otro valor trascendente, y, peor aún, que «estatice» esa salud convirtiéndola en un bien cuya tutela y administración le pertenecen directamente de facto y de iure, es impío.

Pero la impiedad no acaba ahí. En lo que respecta a la cuarentena, ni entre las ocho primeras funciones exceptuadas por el famoso pase laboral ni en las doce actuales se encuentran los ministros de culto(2). Ni siquiera el Gobierno izquierdista de Argentina se ha atrevido a tanto, pues su cuarentena estricta permitía «la circulación de los ministros de los diferentes cultos a los efectos de brindar asistencia espiritual»(3). Es decir, en el Perú, Magaly Medina y Chibolín, por ser sagrados representantes del poder mediático, tienen el derecho a circular para hacer sus programas; pero un sacerdote que, con las debidas precauciones, va a confesar, dar el viático y la extremaunción a un agonizante, no. Tarde y ya en el mes de abril, la Conferencia Episcopal solicitó al Gobierno que se habilite un pase para los sacerdotes. Este pedido hasta ahora no ha sido contestado, al menos públicamente. Si bien es cierto que algunos sacerdotes han seguido cumpliendo con sus deberes de asistencia sacramental a personas particulares, ha sido gracias al sentido común de miembros del Ejército y de la Policía, que comprenden la necesidad de estos auxilios y guardan la entrañable tradición de nuestro pueblo sencillo de guardar un cariño especial al clero. 

En lo que respecta al culto público, la acción gubernamental también ha sido impía. Ni siquiera en la socialista España, con contagio más virulento, el gobierno se atrevió a prohibir el culto siempre y cuando se mantuvieran medidas de precaución(4). Pero los católicos peruanos (y no solo ellos) han visto restringido su derecho al culto religioso y a la asistencia espiritual particular por casi tres meses, sin ninguna protesta por parte del episcopado nacional, a diferencia de los de Italia y Francia. 

Y a cualquier laicista que diga que esa restricción absoluta se justifica, habría que recordarles que si el Perú es una democracia liberal, el Estado no tendría que ser quién para decidir que el culto público y la asistencia espiritual son servicios «no esenciales» o «menos esenciales» que pasear al perro o cobrar el bono. Seguramente algún laicista criollo argüirá que si se deja a criterios personales y no estatales el discernimiento de la esencialidad de determinados actos, podría venir cualquiera a sostener que jugar fulbito o beber en la calle es esencial para él y dispensarse a sí mismo de la cuarentena. Pero lo que ignora tal laicista es que la Declaración Universal de los Derechos Humanos –que en el Perú tiene rango constitucional– considera como un derecho fundamental la observancia y el culto público religiosos (artículo 18) y no menciona en ningún lugar ni mucho menos establece una importancia semejante al ocio o al deporte. Por tanto, las autoridades, al margen de sus opiniones personales sobre el valor de la religión, deben garantizar y proteger su ejercicio público, con las debidas precauciones sanitarias del caso.

La religión es, particularmente en las circunstancias de emergencia, altamente beneficiosa para la sociedad. Para muestra un solo ejemplo, en el Iquitos destrozado de estos días, un solo párroco, el padre Raymundo Portelli, logró recaudar en solo 24 horas más de un millón de soles para traer una planta de fabricación de oxígeno, que ya ha llegado a Iquitos y estaría a punto de empezar a funcionar en esta semana. Mientras que el Estado «inclusivo» es incapaz siquiera de evacuar a los médicos enfermos de esa ciudad y recién pudo crear allí el primer hospital de campaña ¡el 3 de mayo!(5).

Finalmente, y para añadir insulto a la herida, el presidente Vizcarra, en su mensaje del 7 de abril, luego de haber canonizado la semana anterior a las poblaciones que tienen «otro tipo de sentimientos», aprovechó para agradecer los mensajes de apoyo que las personas le envían y, añadiendo que lo que iba a decir no formaba parte de la conferencia, reconoció con un tono condescendiente y perdonavidas que «para muchas personas aquí en nuestro país (…) esa fuerza interior la alcanzan por sus creencias religiosas (…) porque esa fe los reconforta y fortalece». Añadió, eso sí, que estas oraciones deben hacerse «respetando a quien no cree». Todo esto para presentar un video «que le gustó», de una extraña oración interreligiosa «por todos y todas» que transmitiría el canal de televisión del Estado. Vizcarra manifestó también su alegre sorpresa de que las religiones no hayan «generado» enfrentamientos(6). 

Ante el coronavirus, Iván Duque pidió protección a la Patrona de Colombia, la Virgen de Chiquinquirá; Donald Trump convocó un día nacional de oración, e incluso López Obrador blandió en conferencia de prensa un detente del Sagrado Corazón. Pero nuestro presidente, supuestamente católico practicante, ha manifestado una impiedad monumental. Podría haberse ahorrado al canal del estado los minutos de esa oración interreligiosa «por todos y todas». Lo único que necesitamos los creyentes es que se respeten nuestros derechos

No es sorprendente esta actitud impía de parte del Gobierno: la ideologización es una doctrina celosa, que no tolera competencia en la batalla por el espíritu del hombre. Lo que sí sorprende es que los liberales y otros elementos burgueses que apoyan al Gobierno no se hayan dado cuenta todavía de que existe, para todos los efectos prácticos, un cogobierno con el Frente Amplio, que nadie pidió ni votó. Y que algunos creyentes sigan sosteniendo con entusiasmo acrítico a un régimen que los priva con desprecio de sus derechos más básicos. 

1 Dicho sea de paso, ¿se habrán dado cuenta los liberales que apoyan a Vizcarra que estamos viviendo prácticamente un cogobierno con la extrema izquierda?
2 Gobierno del Perú, Solicitud de pase personal laboral: https://www.gob.pe/paselaboral (Consultado el 11 de mayo de 2020).
3 Infocatólica, 24/03/2020, Exceptuados del aislamiento. Argentina: los sacerdotes podrán circular durante la cuarentena para brindar asistencia espiritual: https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=37250 (Consultado el 11 de mayo de 2020)
4 «El Real Decreto por el que se declara el estado de alarma por la pandemia de coronavirus no prohíbe las celebraciones religiosas en España, pero sí las restringe para evitar concentraciones de personas», José Beltrán, «Vida Nueva Digital», 14/03/2020, El estado de alarma para la Iglesia ante el coronavirus: se restringe salir la calle, pero se permiten las misas, https://www.vidanuevadigital.com/2020/03/14/el-estado-de-alarma-para-la-iglesia-ante-el-coronavirus-se-restringe-la-salida-a-la-calle-pero-se-permiten-las-misas/. La Conferencia Episcopal española dio libertad de decisión a los obispos sobre el culto público, con la evidente consecuencia de muchos obispos que acabaron siendo más restrictivos que el mismo Estado. En algunas regiones la fuerza pública interrumpió y clausuró el culto ilegalmente.
5 http://noticias.essalud.gob.pe/?inno-noticia=essalud-puso-en-funcionamiento-el-primer-hospital-de-campana-de-loreto.
6 El vídeo de esa alocución es casi un epítome de vizcarrismos de antología: https://www.youtube.com/watch?v=nsEmxmlYkr8

César Félix Sánchez
11 de mayo del 2020

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