Javier Agreda

Henry James y su huella en la literatura peruana

Henry James y su huella en la literatura peruana
Javier Agreda
04 de marzo del 2016

Recordando la obra del escritor norteamericano

El último domingo (28 de febrero) se recordó el centenario de la muerte del escritor norteamericano Henry James (1843-1916), quien es considerado uno de los fundadores de la narrativa moderna tanto por sus excelentes cuentos y novelas como por las agudas reflexiones sobre el tema. La efemérides ha sido motivo para que se reediten en todo el mundo muchas de sus novelas, entre las que figuran títulos tan conocidos como Los europeos (1878), Retrato de una dama (1881), Las bostonianas (1886), Los papeles de Aspern (1888) y Otra vuelta de tuerca (1898); relatos clásicos que incluso han servido de base a numerosas películas, aunque muchas veces con otros títulos.

James nació en Nueva York, el 15 de abril de 1843, en el seno de una acomodada familia de origen irlandés. Henry y su hermano mayor William (un destacado filósofo) tuvieron una excelente formación académica, en Estados Unidos y Europa. Pasados los treinta años de edad, Henry decidió radicarse definitivamente en Europa, primero en París y luego en Londres, desde donde publicaría la parte más importante de su obra. Paralelamente a sus relatos, escribió valiosos libros de ensayo sobre narrativa —enfocados en temas como el punto de vista, la composición y el manejo del tiempo— que sentaron las bases para los posteriores desarrollos de los grandes novelistas de las primeras décadas del siglo XX.

En el Perú es difícil rastrear la influencia de James. En una encuesta que acompañó a la antología Narrativa peruana 1950/1970, hecha por Abelardo Oquendo, el escritor limeño Luis Loayza (perteneciente a la generación del cincuenta), ante la pregunta de “¿quiénes son sus narradores preferidos entre los extranjeros?” respondió escuetamente: “Henry James”. Para entonces Loayza había publicado dos libros que no evidenciaban esa influencia; pero su siguiente libro, Otras tardes (1985, cuentos), es considerado uno de los más “jamesianos” de la literatura peruana. Según ha señalado Alonso Cueto, los personajes de estos cuentos, pertenecientes a la alta burguesía limeña, se asemejan a los de James por su actitud “melancólica, lúcida, solitaria pero también vital e íntimamente comprometida con su vivencia”.

Precisamente es Alonso Cueto el otro gran autor jamesiano de nuestra narrativa; especialmente en su libro de cuentos La batalla del pasado (1983), cuentos en los que la huella del maestro se nota en casi todos los aspectos: la forma en que se construyen los personajes, la preferencia por los problemas internos (psicológicos o morales) y no las acciones externas, el empleo de un lenguaje que rehúye tanto lo literario como el coloquialismo y hasta la elección de personajes altamente responsables y agudamente conscientes, que proporcionan un adecuado punto de vista al relato. Posteriormente Cueto abandonaría algunas de estas propuestas, tratando de que sus obras alcancen a un más numeroso sector de lectores. Sin embargo, para la mayor parte de la crítica los mejores libros de Cueto son los de esa etapa jamesiana, que incluye la novela El tigre blanco (1985) y los cuentos de Los vestidos de una dama (1987).

JAVIER AGREDA

 
Javier Agreda
04 de marzo del 2016

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