Juan C. Valdivia Cano

El último mandarín

Sobre la vida y obra del filósofo Michael Foucault

El último mandarín
Juan C. Valdivia Cano
12 de julio del 2023


«No me pregunten quién soy y no digan que me
quede en lo mismo. Es una moral de estado civil; rige nuestros papeles.
Que nos dejen libres a la hora de escribir»
Michel Foucault

Más allá de la anécdota, había algo revelador, algo significativo, en el aséptico aspecto de Michel Foucault. Imposible olvidar cuando aparecía los martes por la mañana, en la sala «Bergson» del Colegio de Francia, ante los ojos expectantes de la variada fauna constituida por cientos de oyentes desparramados en las butacas de la amplia sala, en las alfombras de los pasillos y en las gradas del podio en el cual Foucault se instalaba, mientras decenas de grabadoras eran activadas por sus diligentes dueños. Se quitaba el saco, se remangaba la camisa por encima de los codos y se soltaba la corbata. Luego empezaba.

El invierno parisino parecía menos crudo, esos martes, con el cálido discurso de Foucault. Que se distingue por su claridad y sencillez, lo que no ocurre con sus textos escritos. ¿Cómo no asociar su imagen a los hitos de su biografía, a sus pasiones y a su muerte? Hijo de un médico de provincia, escribió El nacimiento de la clínica (un ensayo muy original sobre el punto de vista médico, como ejercicio de poder) cuando él mismo nacía al mundo como escritor. Incluso pensó en algún momento dedicarse a la profesión paterna. Y aunque no lo hizo, La historia de la locura en la edad clásica surgió a partir de sus prolijas investigaciones en el hospital de La Salpetriere. Allí murió precisamente, después de una dolorosa y secreta agonía, cuyos detalles quiso ocultar la mojigatería de la prensa francesa (excepto Liberation).

Se dirá que el sida y la homosexualidad incrustan a Foucault, irremediablemente, en el paisaje mortuorio de una civilización fatigada. Pero no hay que olvidar que la excentricidad erótica, la enfermedad de época y la agonía del cuerpo iban paralelas a la inmensidad de su espléndida conciencia. Foucault era marica. Pero no todos los maricas son Foucault, lamentablemente. 

Tal vez sea por la función que ha tenido y tiene Francia en la cultura mundial, que la relación Saber-Poder se manifiesta allí claramente. Así Foucault sucedió a Sartre en el mandarinato cultural francés, aunque entre ellos haya la misma distancia que media entre el intelectual «comprometido» —volteriano defensor de la justicia, o la verdad generales y abstractas—, y el que imperceptible pero apasionadamente, afronta desde su propia situación los límites del horizonte de nuestro siglo. 

Desde el ángulo superior de la vida académica francesa, desde el Colegio de Francia, Foucault continuará su tarea llevando a esa institución a músicos, poetas, escritores como Roland Barthes, Pierre Boulez, Ives Bonnefoy «para rejuvenecer la institución, hacer entrar la creación artística en un lugar donde las ciencias dominaban y formar un núcleo de filósofos y artistas que pudieran renovar la vida del Colegio... » Algunos temas de Foucault: Historia clínica, penal, sexual, del encierro (carcelar, siquiátrico, escolar, fabril), la «normalización», disciplina, vigilancia, castigo, con fines de producción y progreso. Historias que formarán juntas el tejido de lo que será un gran tema de Foucault: el poder; la "microfísica" de las compactas relaciones Saber-Poder.

Las masas no tienen necesidad de los intelectuales para saber, decía Foucault. Saben bien y saben cómo decirlo. Pero el poder obstaculiza, prohíbe o invalida ese discurso a través de algunos de ellos. La misión de estos no es la de situarse por delante o al margen para decir la verdad muda de todos, sino luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez objeto e instrumento: «en el orden del saber, del discurso, de la conciencia».

Evidentemente, la situación personal de Foucault no pudo mantenerse fuera de cuestión por mucho tiempo. A mediados de la década del setenta sufrió la gran crisis de su vida intelectual y dejó de publicar ocho años. ¿Qué hacía el gran analista del Poder-Saber en la cima de la cultura francesa: La dirección académica del Colegio de Francia? Pienso que esa crisis tuvo que ver con una convicción de Akira Kurosawa: «En realidad, tengo una sola seguridad y es que la maldad de los hombres deriva del poder». 

Foucault reanudará su serie Historia de la sexualidad con dos nuevos tomos: El uso de los placeres y La inquietud de sí. Aparecieron unos días después de su muerte. En ellos creo ver una ética que afirma la vida aún en sus males más negros, que hace de ella un valor en sí misma sin que tenga que llamarse cultura, moral o ciencia para valer.

No extraña que El uso de los placeres concluya con un capítulo llamado «El verdadero amor». Probablemente el verdadero amor de Foucault fue la vida sin más, «el estilo de la existencia».

Juan C. Valdivia Cano
12 de julio del 2023

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