Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

El placer de fantasear

A propósito del libro “Universos en expansión” de José Güich

El placer de fantasear
Raúl Mendoza Cánepa
11 de June del 2018

 

Siempre he asumido que la vida tiene las dimensiones limitadas de una casa y que la fantasía la expande: tiende pisos, terrazas y patios. En los últimos tiempos, esa expansión la experimentamos a través de la vida de otros; pero no hay fantasía más expansiva y gozosa que aquella que supera lo imaginable. Me refiero a la ciencia ficción. Mientras examinaba las potencias de ese género, reparé que en la FIL Lima 2018 se presentará un libro que cambiará las ideas que tenemos sobre el tema. Se trata de Universos en expansión (Universidad de Lima, 2018), de José Güich Rodríguez.

Güich nos dice que “en los últimos veinte años (…) géneros que experimentaron largo tiempo una suerte de invisibilidad, por parte de los agentes oficiales y pontífices de opinión —encargados de moldear el canon a la medida de sus intereses—, se desarrollaron por vías alternas y establecieron su propia dinámica, sometida a las búsquedas de autores no integrados a las corrientes principales (…) La crítica convirtió a estas tradiciones ocultas en apenas una curiosidad, o en una práctica evasiva o escapista”. El discurso hegemónico de la academia y de los medios fue muy parco. De lo que he leído, este es uno de los estudios más completos y estimulantes sobre el tema, y la antología que lo acompaña nos muestra el talento creador de nuestros escritores.

Su autor nos lleva hasta los orígenes del término que, de acuerdo a una opinión consensuada, viene de los años veinte del siglo XX, gracias a la imaginación de un editor luxemburgués, Hugo Gernsback, quien había emigrado a los Estados Unidos. Se ensayaron muchos nombres: “utopía científica”, “literatura futurista” o “literatura de anticipación”. “Ciencia ficción” es el nombre que mejor lo precisa. Recientemente, un niño me preguntó cómo imaginaba una casa del futuro. Reparé que las fantasías sobre futuros distantes siempre nos vinculan a la ciencia y por allí fue mi respuesta: “La imagino con habitaciones de realidad virtual”. No creí necesario pensar en un ser humano mejor, más espiritual y empático. Vivimos pendientes de cómo será el mundo a partir de la tecnología. Güich nos dice que hoy “la ciencia ficción se halla inmersa en el llamado movimiento centrípeto, cuyos intereses primordiales se inclinan hacia los cyborgs y a la realidad virtual; sus correlatos o entornos históricos son la inteligencia artificial, la ingeniería genética, los dispositivos electrónicos (…)”.

Pese al misterio en que fue concebida, la “ciencia ficción” ha tenido poco desarrollo en el Perú, tanto así que el trabajo de Güich resulta heroico. “De hecho, no fue sino hasta la década pasada —gracias a investigadores como Daniel Salvo, Elton Honores, Giancarlo Stagnaro o Cristian Elguera— cuando surgirían las primeras tentativas sistemáticas u organizadas”. Tanteando el origen encontramos algo curioso. A mediados del siglo XIX, aparece por entregas en el diario El Comercio, la novela Lima de aquí a cien años, de Julián del Portillo. Es una piedra angular que Güich nos descubre, advirtiendo que precedió a Verne y a Wells. Quizás, algún investigador curioso que se aproxime a los archivos de El Comercio se encuentre con sorpresas.

El libro de Güich invita. “El futuro ya no es lo que era”, decía Valery, aunque percibo hoy que estuvo equivocado. Verne y Wells bocetearon el futuro. Por su espacio ilimitado de creación, el género crece en el Perú debido a la proliferación de obras, “gracias a la febril actividad de sellos independientes que operan ya no necesariamente al margen (…) Al respecto, ha sido de mucha importancia la labor del escritor Daniel Salvo (…). Y en los medios académicos, idéntico papel ha cumplido el investigador sanmarquino Elton Honores, quien todos los años, en febrero, organiza en la Casa de la Literatura Peruana el Congreso Nacional de Narrativa Fantástica y de Ciencia Ficción (…) De igual modo, la reciente aparición de antologías como Se vende marcianos, muestra de relatos de ciencia ficción peruana (2015), editada por José Donayre Hoefken (…)”. Allí precisamente, y no en el Big Bang, el universo en expansión ya es explícito desde el título y desde las muestras presentadas.

En un mundo ávido por conocer las perspectivas del futuro desde la utopía individual, el género se desarrollará. La realidad llana, predecible y estéril ya no tiene mucho que decir.

 

Raúl Mendoza Cánepa
11 de June del 2018

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