Carlos Adrianzén

El mito primario exportador

La narrativa que ha impuesto la izquierda local

El mito primario exportador
Carlos Adrianzén
26 de febrero del 2025


Para el diccionario de nuestra queridísima Real Academia Española, un mito implica una narración maravillosa, situada fuera del tiempo histórico, y protagonizada por personajes de carácter inusual. Un mito puede ser algo útil para construir un instrumento de ficción –léase una narrativa política– que maquille un razonamiento contraproducente o intelectualmente difuso.

Así aparece en los penosos textos de historia económica latinoamericana el difuso vocablo Primario-Exportador. Refiriéndose en él, a economías que básicamente venden materias primas y alimentos (petróleo, Cobre, Café, etc.) al exterior y compran manufacturas y servicios (ergo, casi todo lo demás) al exterior también. 

Resulta un vocablo de uso obligado en toda visión llorona y acomplejada del fracaso regional; así como un catalizador de la prédica de regímenes extractivos de corte socialista o mercantilista. Regímenes siempre económica y políticamente opresores; o usando la jerga de toda moda, enemigos de la Inclusión a lo Acemoglu y Robinson.

 

La narrativa socialista-mercantilista

La primera observación de estas líneas enfoca el caso peruano y se pregunta si alguna vez pudimos, con alguna propiedad, referirnos a la economía peruana como una primario-exportadora (ver Gráfico I). Tal como se nos enseñaba décadas atrás en las facultades de Economía y afines … y que todavía algunos despistados repiten.

Como nos machaca el lado izquierdo del gráfico, en nuestro país, en los últimos cien años, los estimados del valor agregado producido por el agro, la pesca, la minería y los hidrocarburos explosionó (registró un crecimiento acumulado del 2,830%); en cambio, el subgrafo de la derecha, nos recuerda que los producción primaria nunca fue de participación predominante. E incluso, que, en este lapso, su porción de la torta se redujo en un décimo adicional.

Alguien podría repetirnos que estos sectores primarios aportan un volumen significativo de divisas, empleos, tributos, alimentos e insumos críticos, y esto es cierto. Pero por ello denominar como primario exportadora a una economía diversificada descubre dos penosos sesgos. Ambos, explicados por la Ideología y la pereza. Y es que para la izquierda latinoamericana eso de que produzcamos mayormente manufacturas y servicios diversos, resulta algo que debe ser escondido, minimizado, despreciado, et al.

Pero los datos muerden mientras no pocos libros sobre nosotros mismos, engañan.

 

Por qué nos mienten

Nos engañan por cuestiones de vida o muerte política (o electoral). Si yo fuera socialista y necesitase oprimir para aplicar mis creencias, necesitaría electores que crean -como entienden la mayoría de los peruanos y juzgaron en su momento millones de despistados venezolanos- que somos tan, pero tan ricos, que vivimos de nuestra producción primaria. 

Casi recogiendo a modo pastoril muchas piedras, o frutas, o pescaditos. Nos han enseñado -desde la escuela- que somos incapaces de hacer lo que estamos haciendo desde hace más de un siglo. Nos machacan que somos primario-exportadores cuando estas ventas apenas demandan un quinto del PBI. 

Otra vez, nos faltan el respeto. ¿Para qué? Los dictadores de retórica de izquierda nos cuentan esto para ser ellos los que distribuyen nuestras riquezas. Dizque con Justicia Social. Los dictadores mercantilistas alternativamente nos cuentan lo mismo; pero a nombre de alguna industrialización o defensa estratégica de algún otro sector.

No solamente nunca fuimos y no somos estadísticamente una economía primario exportadora, si no que como muestra el Gráfico II, ningún sector primario –ni los tres sumaditos– explican con mayor ajuste nuestro variopinto crecimiento (ver subgrafo de la izquierda). El dinamismo no-primario sí lo explica y… abrumadoramente (ponderar el ajuste estadístico del subgrafo de la derecha).

El desarrollo de instituciones inclusivas que posibiliten el crecimiento no primario vía el mercado (ergo, niveles altos de libertad económica y política) resulta el plato proscrito en la mesa republicana peruana desde que existimos.

Entendamos el lado político de este fracaso: La relevancia de los sectores primarios no ha sido sobrevendida por casualidad. En el cierre de este acápite una pregunta se cae de madura. ¿Por qué todavía se habla de una economía primario-exportadora, incluso entre mis coleguitas?

Y la respuesta es simple. La política económica siempre ha respetado –con indeseable diligencia– a la moda económica del momento. Se transita entre visiones opresoras o mercantilistas o socialistas. Y el planeta se divide entre los que se acomodan a ella (las naciones económicamente perdedoras) y las que gobiernan para la inclusión de sus pueblos (la naciones ricas).

 

La misión cumplida de la izquierda local

Sabe deconstruir. Léase, hundir la inversión de un país y su institucionalidad. Y lo hacen dominando la discusión política local. No es raro escuchar o leer a alguien sobre la situación de la minería local. Lo curioso aquí no pasa por reconocer lo obvio: la importancia del sector. Lo sugestivo resultan los hechos. El sector luego del incremento de la opresión postpandemia (con las anti-reformas) está muy estancado (ver Gráfico III) y… nadie toca el tema.

Cierra la misión descubrir cómo se reducen paralelamente la inversión (y su proxy el PBI del sector Construcción) y como se reduce el crecimiento primario y no primario, en forma simultánea.

Resignados en el hoyo 

El grueso de la opinión económica está contento (ver subgrafo superior). Sin mayor fundamento (ver subgrafo inferior).

Esclavos de la creencia de que solo somos otra mediocre sociedad primario exportadora, parecemos estar contentos, estancados diez puntos porcentuales debajo de nuestra propia tendencia.

Carlos Adrianzén
26 de febrero del 2025

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