Heriberto Bustos

Educación y comprensión ante el reto de la modernidad

La población que deja de leer se vuelve permeable a la desinformación

Educación y comprensión ante el reto de la modernidad
Heriberto Bustos
05 de marzo del 2026

 

Millones de niños y jóvenes regresan pronto a las aulas y como cada año, el debate se centrará en el estado de los techos o el costo de los útiles; pero estas carencias físicas esconden una crisis más profunda: la falta de una visión país, que dé sentido a lo que sucede dentro de esos salones. Estamos educando para la supervivencia, cuando deberíamos estar formando ciudadanos para la modernidad y el pensamiento crítico.

Un ciudadano que no entiende lo que lee es un ciudadano que no puede defender sus derechos ni discernir la verdad frente al populismo. La falta de comprensión lectora no es solo un déficit académico, es una vulnerabilidad democrática. Y para que la educación sea el motor de desarrollo económico, social y político, necesitamos que cada engranaje funcione, que se asuma autocríticamente un compromiso compartido:

  • Los maestros. Como arquitectos de la ética pública, deben comprender que su rol no es "dictar clase", sino despertar la curiosidad y la capacidad de cuestionar, actuando en consonancia con ello.
  • Los padres y la colectividad. Como responsables del futuro de sus hijos y del país, deben comprometerse a recuperar el hábito de la lectura; ella no se impone, se contagia. Una sociedad que no lee es una sociedad que no conversa, y una familia que no fomenta el hábito crítico deja a sus hijos desarmados ante el mundo.
  • Las autoridades. Deben empezar a ver en la educación la inversión más rentable; no se trata solo de infraestructura, sino de actualizar el sistema hacia la ciencia y la innovación tecnológica.

Tal vez lo más saltante del drama educativo lo constituya la comprensión lectora en la era digital. En esa línea, hoy enfrentamos un desafío invisible: las evaluaciones escolares muestran limitaciones alarmantes en comprensión lectora; no es un dato menor en un mundo donde el avance de la ciencia y la tecnología exige procesar información compleja constantemente, el Perú se está quedando atrás.

La lectura es el sistema operativo del cerebro, quien no comprende lo que lee, no puede aprender programación, no entiende un contrato legal y, lo más peligroso, es fácilmente engañado por el "clic" fácil o el discurso incendiario. La población que deja de leer se vuelve permeable a la desinformación y al engaño masivo. La modernidad no solo exige saber usar un celular, exige la capacidad intelectual para filtrar la verdad de la mentira.

A puertas de un cambio de gobierno, el inicio de este año escolar debe servir para interpelar a los candidatos: ¿Cuál es su plan para que la educación deje de ser un gasto y se convierta en la inversión más rentable del Estado?; la propuesta más ambiciosa no será la que regale más tablet, sino la que garantice que los niños entiendan lo que ven en ellas. Si no formamos ciudadanos capaces de discernir entre un estadista y un charlatán, seguiremos atrapados en un ciclo de decepciones.

La verdadera reconstrucción del Perú no empezará en el Palacio de Gobierno, sino en el primer pupitre y en el primer libro abierto. El compromiso electoral es elegir una visión donde la educación sea motor de ciudadanía y no solo de instrucción. Un pueblo que comprende lo que lee es un pueblo que no se deja engañar, que innova y que exige excelencia. 

No perdamos la esperanza de que en algún momento hagamos parte nuestra el eco de voz de Jorge Luis Borges en su afirmación: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”. En última instancia, la libertad de una nación se mide por la capacidad de sus ciudadanos para pensar por sí mismos.

En suma, el reto de este nuevo año escolar no se agota en la entrega de materiales o en la pintura de las fachadas. El verdadero desafío es una apuesta por la dignidad intelectual. Si permitimos que el libro siga siendo un objeto extraño y que la comprensión sea un lujo de pocos, estaremos condenando nuestro futuro a la repetición de los mismos errores. La modernidad no nos espera; nos exige ciudadanos que no solo miren pantallas, sino que sepan leer el mundo. Porque, al final del día, una sociedad que comprende es una sociedad que decide su propio destino. El aula es, y debe ser, el primer espacio de resistencia contra la ignorancia y el autoritarismo.

Heriberto Bustos
05 de marzo del 2026

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