Cecilia Bákula
Del desencanto a la esperanza
El proceso electoral será la oportunidad de castigar a los políticos corruptos
Luego de la bajeza que hemos visto estos días, en la conducta de la clase política, enquistada malamente en el sistema social del Perú, creo que es posible y necesario hacer una mínima reflexión al respecto.
Son varias las conclusiones naturales y evidentes que podemos obtener de este momento político, cuando los que pudieran dar al país una opción de futuro, lo hunden. Y la razón es, principalmente y desde mi perspectiva, la inmadurez de la que debería ser llamada “clase gobernante”, que ha dejado la cancha libre para que se infecte de angurriento deseo, de latrocinio y carencia de capacidad en todas las instancias de la acción pública; con muy pocas excepciones.
La crisis de gobernabilidad que se vive, y que atenta contra la legitimidad de las instituciones, no se ha gestado en el último lustro. No es creación tan solo de un par de incompetentes grupos políticos; creo que es la consecuencia evidente de años de desperuanización de nuestra propia vida republicana. Engañados como estamos tras el velo de una economía “solvente” no vemos el bosque de problemas, sino que nos topamos solo con el árbol. Y desde esa visión miope, se pretende enfrentar el futuro.
No creo que sea tan solo una pugna entre derechas e izquierdas; es la incomprensión total y plena del destino histórico del Perú, llamado como está a ser una gran nación, pero que como tal, carece de sentido de Estado, de Nación, de Patria, de entidad corporativa en la que el buen juicio y el bien común deberían ser los derroteros. Es la negación voluntaria de entender la historia como una realidad que, de muchas maneras, conduce el destino de pueblos y sociedades, cuando ellos comprenden su lugar en los procesos sociales y se asumen como actores, gestores y destinatarios del futuro.
En el Perú, la inmediatez, pobre y ciega ha dejado paso a la reacción circunstancial, sin asumir las grandes decisiones como hechos cargados de trascendencia que afecta y afectará ese buen destino que merecemos. La inconsistencia de los partidos políticos, grupos mal llamados como tales, enfrentan al ciudadano a una severa confusión pues se carece de lineamientos que sean no solo lo que se dice, sino lo que se hace con coherencia y mientras ellos debieran ser instancias de aporte y reflexión para ser objetivamente contundentes, los anima el facilisimo y el personalismo, casi mesiánico de algunos que los lleva a imaginar capaces de redimir, sin saber de qué es que nos redimen.
El grotesco enfrentamiento entre los mal llamados “líderes”, solo muestra bajeza e incapacidad; voluntad de dominio a cualquier precio y una gran falta de lucidez para enfrentar el mañana. La lucidez se va perdiendo porque en la inmediatez, no se le requiere; la sensatez desaparece ante la urgencia de una solución instantánea y la capacidad de analizar el todo, no solo el árbol del bosque, obnubila a quienes opinan.
La reciente elección de un “encargado” de la presidencia va en línea con lo que comento: irresponsabilidad a cualquier precio y cuando hablo de precio, hablo de dinero, lucro, vil “robería” y desprecio total por el Perú y su gente.
En nuestro sistema social actual, la impunidad es lo que prima; la inmoralidad y la desfachatez para que lo ilícito sea lo “natural” y se pretenda justificar lo que no puede ser justificado, llevan a un severo y crítico desencanto de la población. Todos mienten, todos roban, todos o aparentemente todos estaríamos condenados a un futuro sin ley, sin pautas, sin esperanza. No obstante, todo lo anterior, es necesario entender y explicar que las coyunturas son eso: momentos circunstanciales en donde, como se diría antes, el hambre se junta con la necesidad para hacer una combinación explosiva. Y es en medio de esta crisis de donde debe emerger una esperanza y una posibilidad de encauzar radicalmente nuestro destino.
Nuestra sociedad debe enfrentar su punto más negro actual y aceptar que se requiere una refundación que en nada tiene que ver con el mal llamado clamor por una nueva constitución. El Perú tiene que ser refundado en lo moral, en su propia grandeza y, no me cabe duda que este mismo momento, por más crítico que sea, nos debe hacer ver que hemos tocado fondo, con autoridades incapaces, cuestionadas, con ilegitimidad patente y, sin embargo, es en medio de ese profundo y crítico momento, de donde debe nacer la esperanza.
El propio proceso electoral que se avecina puede ser entendido como la oportunidad de castigar con el voto ciudadano a aquellos cuyo interés es del todo ajeno a las necesidades del país y optar por emitir un voto responsable que no solo cuente, porque expresa la propia voluntad, sino que permita un momento de inflexión radical en la tendencia perversa de nuestro actuar político.
El Perú es el país de las mil oportunidades muchas veces desperdiciadas y por ello no podemos seguir emitiendo un voto hepático e irresponsable. Emitir un voto es una responsabilidad histórica que cada ciudadano debe realizar con criterio de futuro, con conciencia de que es su deber y su derecho y que, luego de la votación, nos tocará asumir las consecuencias de una conducta irresponsable.
Los millones de jóvenes que irán a las urnas por primera vez deben ver en esa experiencia su importante participación ciudadana; no se debe votar por el menos malo sino porque elijo a quien es el mejor, sin caprichos ni niñerías, sino con la madurez de tener el privilegio de ser ciudadano.
Ante la inconsistencia de quienes no han dado la talla para llevar las riendas de nuestro destino, tenemos la oportunidad de optar por quien sí puede, quiere y sabe cómo hacer y para ello, debemos descartar a quienes han hecho de la política una caja chica de enriquecimiento y destrucción.
El Perú está por despertar con grandeza y aquí, hay mucho por hacer, mucho por limpiar, mucho por erradicar. No debemos dejar de lado una serena esperanza y ello requerirá de una participación madura de toda la población, que implique rechazo radical a quien lo merece y aprovechar la, quizá última oportunidad, de mirar el futuro con dignidad.
















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