Cecilia Bákula

El Perú en la encrucijada

Existe desconfianza ante las fallas y errores de la ONPE y el JNE

El Perú en la encrucijada
Cecilia Bákula
01 de junio del 2026

 

Estamos a una semana del siguiente proceso electoral que definirá, sin duda alguna, el futuro del país. El Perú se encuentra en una situación de grave precolapso, motivado en mucho por la poca o ninguna legitimidad de la primera vuelta electoral, marcada por evidencias graves de hechos, arrastrados desde hace años, que han logrado penetrar en la conciencia de muchos, generando desesperanza y desconfianza.

Es por ello que, sea cual sea el resultado del 7 de junio próximo, la ciudadanía no creerá en ese resultado, y esa situación de desconfianza y percepción de ilegitimidad amenazará la gobernabilidad. De ello son y serán responsables no solo los entes de gobierno como el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), sino también los mismos políticos que, en cantidad y variedad excesiva, fueron incapaces de deponer personalismos e hicieron primar su grotesco individualismo en vez de ceder, coordinar, unir y generar consensos.

Para la segunda vuelta, parece evidente que la postura de no pocos se aleja de lo racional y se ve inmersa en los sentimientos y ello no conlleva una decisión pensada sino trabajada con el odio por delante. Es decir que el 7 de junio tendremos un resultado que, tal como se ve en este momento, será el producto de una revancha personal y no de una actitud madura y ciudadana. Es sorprendente que aparezcan “colectivos” que creen pensar en nombre de muchos cuando están lejos de ser representantes de un sólido pensamiento cívico y más bien se irrogan derechos que no tienen.

No queda duda de que la primera vuelta nos lanzó a una opción final muy polarizada que ha sido exacerbada por la voluntad de motivar un voto de sutil irracionalidad que no permite ver el panorama con mayor perspectiva pues jugamos no solo con el destino de cada peruano, sino con las posibilidades futuras de un horizonte mejor. Es cierto y más que cierto que el Perú tiene mucho por hacer, que hay fragmentación, olvido de sectores y necesidades mínimas no atendidas para muchos, pero no debemos olvidar que el nuestro no solo es un país de inmensas potencialidades y muy, muy rico. Con el agravante de que esa riqueza no ha impedido que, en nuestros días, haya mucho ladrón con mando y poder.

Por ello, decidir un voto pensado en el conjunto nacional y no solo en mis íntimos gustos y sentires, será la única posibilidad de garantizar para muchos un futuro mejor. Cierto es que hay reformas urgentes que no pasan por dar leyes ni populistas ni inaplicables; el futuro pasa por el orden, la honradez, la inversión y la transparencia; por la inversión prioritaria en la educación, salud e infraestructura vial aun cuando privilegiar esos aspectos implique ralentizar otros sectores, pero es ahora o nunca que es urgente sacar a una población mayoritaria de los niveles de educación mínima en el que está para elevarlos con rapidez a niveles competitivos y de posible éxito; un Perú que, por grande y diverso, no está conectado y urge encontrarse en la conectividad y una población que tiene a la salud como un privilegio cuando ha de ser un derecho.

Entre nosotros no existe el candidato perfecto, no lo hay en ningún lugar del globo, tampoco se trata de perdernos en la añoranza por los que ya no están, se trata de sopesar las opciones reales que tenemos y decidir, aun con cierta duda, quién hará menos daño y a quién voy a dar mi voto, porque una vez emitido, no habrá vuelta atrás.

Al votar asumimos, también, una responsabilidad a futuro que en ningún caso significa un cheque en blanco; significa que asumo, en el rango de las opciones que tengo, aquella que me genera menos inseguridad pues, como repito, puede hacer menos daño. Si en el panorama de la primera vuelta, el Perú no eligió al perfecto, es porque no existe y ese abanico inmenso y confuso de candidatos, es la expresión perfecta de que, a la fecha, hemos construido una posibilidad tan polarizada que no podemos esperar estar de acuerdo con todo lo que uno u otro propone, pero sí puedo, desde una perspectiva de maduro civismo, saber por dónde se puede orientar un futuro mejor. Ese futuro mejor implica, necesariamente, el reconocer la estabilidad que se ha alcanzado, aún dentro de las crisis casi constantes que vivimos, pero, si reconocemos que estamos, a veces, en el borde del abismo, no debemos empujar al Perú a unas oscuras profundidades de las que será muy difícil remontar.

El voto ha de ser responsable; la cédula de votación no es el instrumento en el que descargar mis frustraciones; estas serán mayores si opto mal y no ejerzo mi derecho a elegir a quien creo que podrá conducir mejor el destino de las siguientes generaciones.

Cecilia Bákula
01 de junio del 2026

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