Alejandro Arestegui

La auténtica verdad incómoda

¿Se encuentra el Perú preparado ante un eventual desastre natural?

La auténtica verdad incómoda
Alejandro Arestegui
24 de julio del 2026

 

Hace exactamente 20 años un documental causó gran revuelo entre el público. Dicho largometraje se titulaba “Una verdad incómoda” y era protagonizado por el exvicepresidente estadounidense Al Gore. En dicha cinta mostraba, con alarmismo y suma preocupación, que si no se tomaban en serio las advertencias climáticas para el año 2020 la Tierra sería un lugar casi inhabitable. Estamos 2026 y prácticamente ninguna de las profecías del documental se han cumplido, pues al parecer solo se trataba de marketing y de paranoia ecologista. Sin embargo, sí existe una auténtica verdad incómoda, una relacionada con la naturaleza y que implica tomarnos en serio la precaución frente a los desastres naturales. La verdad incómoda que expondré en esta columna es que los peruanos no nos encontramos preparados y estamos totalmente expuestos ante cualquier catástrofe de índole natural.

Hace exactamente un mes Venezuela sufrió una de las mayores catástrofes naturales en toda su historia. Como se sabe, un par de terremotos de más de 7 grados de magnitud arrasaron con prácticamente todo el estado La Guaira (o Vargas, como le siguen diciendo por los locales). Las cifras de muertos y desaparecidos difieren, pero lo que sí se sabe con certeza es que se trata de miles. El desastre y la magnitud del impacto son una hecatombe que ha dejado a cientos de miles de venezolanos totalmente desamparados. Aquí en Perú nos puede parecer algo distante, pero los geólogos llevan años indicando que la capital Lima podría sufrir un sismo de igual o mayor magnitud al del 24 de junio en La Guaira.

Es aquí donde entra la verdad incómoda, tanto el descuido de los ciudadanos como la inacción y desatención por parte del gobierno pueden ser los causantes del mayor número de víctimas. En el caso peruano yo diría que es peor que el venezolano, puesto que bien sabemos que el chavismo lleva gobernando más de dos décadas en Venezuela. Son múltiples los registros y testigos que informan no solamente la total inoperancia e incluso accionar con maldad por parte de muchos agentes chavistas frente a las víctimas del terremoto en La Guaira. Acciones tan condenables como el impedir a los rescatistas cumplir su trabajo, comerciar con la ayuda humanitaria enviada por otros países, saquear inmuebles destruidos en lugar de rescatar a las víctimas, aquí vemos el nefasto accionar de una dictadura en todo su esplendor. En el caso peruano obviamente no tenemos una dictadura ni mucho menos un aparato coercitivo tan despreciable como el chavista, sin embargo, tenemos otro flagelo como lo es la corrupción, la desidia y la nula preparación ante cualquier eventual desastre, tanto en Lima como en el resto del país.

Múltiples son las críticas hacia el ejecutivo dirigido por José María Balcázar, el cual va a dejar su cargo dentro de 4 días. El gobierno entrante tiene que entender una cosa: todo el territorio peruano es susceptible de sufrir un desastre natural de enorme magnitud. Recordemos el terrible terremoto de Pisco de hace 19 años, la reconstrucción fue demasiado lenta y la población tardó años en recuperarse. Ahora mismo los expertos advierten de un súper fenómeno del niño, mucho peor que el de 1997 o el de 2017 que asolaron la costa norte de nuestro país. Las advertencias meteorológicas y geológicas están sobre la mesa, pero hasta ahora las autoridades no han hecho absolutamente nada por preparar la infraestructura y mucho menos gestionar los procedimientos necesarios para lidiar con desastres como los que se pueden avecinar. La mayor parte de víctimas y de daños materiales, más que por la imprudencia de los propios ciudadanos, vendrá por culpa del estado, si éste sigue como hasta ahora. En anteriores columnas ya comenté que ante el desastre muchas veces la propia población se tiene que organizar para salir adelante y sobreponerse tanto moral como económicamente. 

Todo indica que debido a la proximidad de un potencial desastre y de los pocos meses de gestión que tendrá este nuevo gobierno, los ciudadanos tendrán que tomar conciencia por sí mismos. Si no se hacen las previsiones desde el sector privado, vamos a esperar a la lenta y supina gestión estatal para lidiar con los desastres como el súper fenómeno de El Niño o un potencial megaterremoto. Esta inoperancia estatal se puede evidenciar claramente con la inacción del gobierno regional de Junín ante el sismo acaecido hace unos días en dicha región. Prácticamente todo el territorio nacional es susceptible de enfrentar catástrofes similares. Pero tal como mencioné, los privados tienen que también organizarse y prepararse en todo lo que esté en su capacidad logística y económica. Recordemos que estos desastres naturales no solamente se miden por cifras de millones de soles perdidos o cuánto porcentaje del PBI se contrajo. Cuando hablamos de pérdidas estamos hablando de familias que llegan a perder todos sus bienes materiales, empresas que se quedan sin su capital de trabajo, logística y transporte interrumpidos, así como otros impactos negativos en materia microeconómica. 

Lo ocurrido hace exactamente un mes en Venezuela el reciente sismo de Junín nos tienen que volver conscientes a los peruanos de que esto puede ocurrir. Solamente que, si estamos mejor preparados vamos a poder mitigar mejor las nefastas consecuencias de estos desastres. Pero también tenemos que ser conscientes de que, ante la inacción estatal, tenemos que organizarnos voluntaria y espontáneamente para poder ofrecernos ayuda mutua cuándo la emergencia lo requiera. Si en países supuestamente desarrollados como en España el estado es tan inútil e inoperante como en las inundaciones de la dana en Valencia del año 2024, el lema “solo el pueblo salva al pueblo” comienza a adquirir mayor sentido; y con sustento empírico real.

Alejandro Arestegui
24 de julio del 2026

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