Alejandro Arestegui

Medieval: el insulto predilecto de la izquierda

Una breve defensa de la Edad Media y su invaluable contribución a la humanidad

Medieval: el insulto predilecto de la izquierda
Alejandro Arestegui
04 de septiembre del 2026

 

Desde hace algunos años en diversas redes sociales he podido encontrar que mucha gente utiliza el término “medieval” como un insulto. Desde ataques izquierdistas o progresistas, como también en cuestionamientos a partidos de derecha, mucha gente utiliza “medieval” como sinónimo de “retrógrado”, “arcaico” o “atrasado”. Sin embargo, esto no es más que un prejuicio o estereotipo difundido y replicado por la ignorancia reinante. Este uso peyorativo no es más que el reflejo de un profundo analfabetismo histórico de ciertos sectores. Lejos de ser una “época oscura” carente de raciocinio, la Edad Media fue un periodo de enorme sofisticación, adaptabilidad institucional y brillantez intelectual. En esta columna espero mostrar, con argumentos sólidos, que el uso de “medieval” como insulto es solo   la caricatura de una época trascendental en la historia de occidente y de toda la humanidad. 

Quienes desprecian la Edad Media suelen culparla del colapso de la civilización clásica. Sin embargo, olvidan que la desintegración económica y social, al igual que la desaparición de la moneda en provincias romanas lejanas como Britania no fue una "falla medieval". Fue la consecuencia directa de la debacle política y económica heredada del Imperio Romano, sumada a catástrofes exógenas como la Plaga de Justiniano y la Pequeña Edad de Hielo de la antigüedad tardía. La conformación del sistema feudal y la búsqueda de autosuficiencia no fueron actos de ignorancia, sino que constituyeron formidables muestras de adaptabilidad y resiliencia frente a un mundo clásico que colapsó por sus propios excesos y por embates de la naturaleza. Hay que recordar, que aún con tantos avances tecnológicos actuales, nuestro mundo contemporáneo se vio totalmente paralizado con una pandemia mal gestionada, y que un conflicto político entre dos países casi paraliza por completo el suministro de petróleo, el motor de este mundo. 

Si la palabra "medieval" significara caos, barbarie y atraso, ¿cómo explicamos la supervivencia y prosperidad del Imperio Bizantino durante mil años más tras la caída de Roma occidental? Asimismo ¿cómo se puede explicar el denominado renacimiento carolingio? Justamente, son los tratados de historia que abordan con una seriedad necesaria esta época. Luego de siglos de pobreza generalizada, los ecos de la civilización resurgieron prácticamente al mismo tiempo en Europa occidental, en Bizancio y en el mundo islámico. La desaparición de la moneda como dinero y la degradación de los caminos y rutas de comercio al inicio de la Edad Media habían provocado que ésta comience con una enorme pobreza relativa. No obstante, con el pasar de los siglos, el afán de emprendimiento y búsqueda de la prosperidad incentivaron a mercaderes de estas tres civilizaciones (la occidental católica, la ortodoxa oriental y la islámica) a abrir nuevas rutas y a intercambiar conocimientos académicos y tecnológicos. Es más, con la prosperidad acumulada fue a finales del siglo XIII y comienzos del XIV que se crea la banca moderna, los gremios y grupos empresarios y artesanos, pero también numerosas innovaciones económicas y tecnológicas que siglos después darían lugar al capitalismo industrial.

El culmen de la ignorancia de izquierdistas y progresistas actuales es creer que la Edad Media carecía de pensamiento crítico. Sin embargo, fueron los escolásticos medievales quienes sentaron las bases del análisis sobre los precios, el interés, la usura y la moneda. En el siglo XIV, una de las mentes más brillantes de la historia, el obispo Nicolás Oresme, escribió el primer tratado monetario de la historia occidental. En su Tratado sobre el origen, la naturaleza, la ley y las alteraciones de la moneda de 1355, Oresme esgrimió argumentos de una lucidez abrumadora que hoy muchos economistas firmarían sin dudar. Si la época medieval fuese tan supersticiosa e irracional como nos quieren hacer creer, ninguno de los postulados escritos en ese tratado pudo haber visto la luz. Estos esbozos de lo que sería un auténtico tratado económico son propios de alguien con pensamiento propio, razonamiento crítico y sentido común.

Oresme denunció la práctica de los gobernantes de alterar y degradar la moneda (lo que hoy conocemos como devaluación e inflación) para financiar sus gastos. Lejos de justificar el poder absoluto del rey, este pensador medieval sentenció que la manipulación del dinero es un engaño, una falsificación y un "acto digno de un tirano". Oresme argumentaba con valentía que cualquier gobernante que empobrece a sus súbditos destruyendo el valor de la moneda está cometiendo "robo con violencia o extorsión fraudulenta". Su brillante análisis demostró cómo la degradación de la moneda fue la verdadera causa de la progresiva caída del Imperio Romano.

Por último, no por ello menos importante, cabe destacar las disputas teologales entre Santo Tomás de Aquino y el fraile inglés Guillermo de Ockham, con el padre escocés Duns Escoto con un pensamiento moderado entre ambas posturas. Dichas disputas que parecerían simples debates religiosos terminarían constituyendo el pilar de toda la filosofía occidental posterior. Es más, los absurdos relativistas posmodernos propios de los progresistas y de mucha gente de izquierda actual derivan de una mala lectura del nominalismo de Guillermo de Ockham. Es increíble que, en la actualidad, con tantos avances tecnológicos, circulación de la información y supuestos derechos sociales, exista gente tan obsecada, ideologizada e irracional sin el menor atisbo de pensamiento propio. Es muy fácil denunciar que en la Edad Media existían su posición es extrañas cuando muchos progresistas actuales siguen creyendo en el horóscopo y cosas similares. Es más, a ningún académico posmoderno de una universidad woke occidental podría haber realizado un tratado filosófico tan extenso y profundo como lo es la Suma Teológica de Santo Tomás.

La próxima vez que escuchen a alguien tildar una política, una postura o un comentario con el adjetivo “medieval”, tengan por seguro que están ante una persona que desconoce la historia. La Edad Media fue la época que gestó al mundo tal cual lo conocemos. Se redactó el primer tratado económico de la historia defendiendo la propiedad de los ciudadanos frente a la inflación estatal. Aparecieron las primeras universidades, hospitales y sistemas de banca contemporáneos. Fue donde los escolásticos defendieron al individuo y su libre albedrío no solo frente a cualquier imposición arbitraria, sino y por sobre todo frente al poder político. Fue la época de reformas fiscales que generaron siglos de prosperidad en Oriente. Es un periodo del que la soberbia era moderna (y posmoderna) tendrían muchísimo que aprender. Rescatar la verdadera esencia del medioevo (y también procurar no repetir lo malo que hubo) es un acto de justicia histórica frente a la ignorancia de aquellos que, irónicamente, se creen “progresistas” iluminados.

Alejandro Arestegui
04 de septiembre del 2026

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