Giancarlo Peralta

La identidad violenta de la izquierda

Es parte de su praxis y sus discursos políticos

La identidad violenta de la izquierda
Giancarlo Peralta
07 de septiembre del 2026

 

Un vocero mediático de la izquierda ha revelado que la bancada parlamentaria que llevó al poder legislativo Roberto Sánchez, Pedro Castillo y Antauro Humala se encuentra en proceso de desintegración. Pero no es una novedad, parecería que estuviésemos leyendo un periódico de ayer.

Las izquierdas creen en la democracia siempre y cuando todos se alineen a la voluntad del dirigente/dictador de turno. En esta oportunidad, quien se encuentra en disputa por el liderazgo es el diputado Ernesto Zunini de Juntos por el Perú, según denuncian sus propios compañeros de bancada, tiene actitudes matonescas. Es como decir, “haces lo que yo quiero o verás”.

¿Qué diferencia esta actitud de la de Julián Pérez Mallqui, también diputado de Juntos por Perú, denunciado por su expareja por presunta violencia física y psicológica? Pérez Mallqui afirma que fue un tema de cólera. Para el parlamentario lo sucedido resultó casi una minucia intrascendente para la opinión pública. Realmente podemos minimizar estos hechos o responden efectivamente a conductas violentas reiteradas, matonescas como indica el también diputado Marlon Aguirre.

La violencia como acción política es parte del discurso y la praxis de los movimientos de izquierda, quienes afirmaban en el período de violencia más oscuro que azotó al Perú que “el poder nace del fusil”. Si el poder nace de un arma ofensiva, lo que buscan es la imposición de sus criterios y que el empleo de los mecanismos propios de la democracia no son más que “pelotudeces”, como afirmaba el excongresista Guillermo Bermejo de Perú Libre. Casualidades o matices de una misma concepción que se aleja del constructivo debate democrático para pretender imponer una dictadura tarde o temprano.

Cuando Pedro Castillo echó al tacho la precaria democracia para imponer una dictadura lo que buscaba era ocultar las trapacerías en las que estaban envueltos él, su entorno y su gobierno. Mientras la democracia permite espacios de libertades donde los actos de corrupción se denuncian, en las dictaduras de izquierda el silencio cómplice con quien ejerce el poder se impone o es sometido el escarmiento definitivo del fusil, el asesinato.

Que diputados de Juntos por el Perú decidan alejarse de liderazgos violentos es un acto de reflexión, compromiso y madurez cívica. Sea cual fuere el gobierno, el país requiere estabilidad, gobernabilidad y seguridad, sin ellos no es posible transmitir confianza y sin ésta no hay inversión, tampoco crecimiento ni empleo. La ruta de la confrontación permanente es el camino más certero al empobrecimiento nacional, mayor inclusive si estamos frente a un fenómeno climático cuyas consecuencias son imprevisibles.

Giancarlo Peralta
07 de septiembre del 2026

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