Giancarlo Peralta

Promoviendo la confrontación

Una refutación a los intelectuales polarizantes

Promoviendo la confrontación
Giancarlo Peralta
15 de julio del 2026

 

El sociólogo Nicolás Lynch, ex ministro de educación y ex embajador político del Perú en Argentina durante las administraciones de los ex presidentes Alejandro Toledo y Ollanta Humala (ambos en prisión por actos de corrupción), tuvo que abandonar la sede diplomática tras recibir a grupos terroristas que protagonizaron cruentas acciones de violencia durante las dos últimas décadas del siglo pasado.

La ideología de los grupos alzados en armas es la exclusión de todos aquellos que no comparten su pensamiento. En el lenguaje subversivo, la exclusión la resumen en la frase “patria o muerte”. Es decir, su cúpula debe subsistir para hacerse de la patria y a los demás les espera el hambre, la miseria o la paz de los cementerios, como lo demuestran Cuba y Venezuela con el castrismo y el socialismo del siglo XXI, respectivamente.

Quienes enarbolan ese pensamiento siguen propugnando la violencia, por lo que es una obligación moral evidenciarlo. Lynch, en su última entrega para el portal dirigido por el ex primer ministro del gobierno de Humala (Salomón Lerner Ghitis), hace una analogía del keikismo con la fábula de la rana y el escorpión de Esopo, atribuyéndole un supuesto autoritarismo que impediría terminar con la polarización existente.

Lo primero que habría que preguntarse es si la intención de Lynch es formular un llamado a las huestes antikeikistas para iniciar acciones de violencia y mantener la polarización in extremis. ¿O es un llamado a la reflexión a quienes participaron del proceso eleccionario y perdieron en las ánforas por la voluntad ciudadana?

El partido Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, ha ganado las elecciones y merece el respeto de toda la ciudadanía. La raigambre antidemocrática proviene de quienes siguen enarbolando la polarización en lugar de tender puentes de diálogo y encuentro para sacar al Perú de la situación en que se encuentra.

Cuando Lynch señala “la exclusión y la desigualdad ancestrales y al saqueo persistente de nuestros recursos que han agravado los casi cuarenta años de neoliberalismo político y económico que ha traído el fujimorismo”, olvida que él fue parte de dos gobiernos que se impusieron en las urnas al fujimorismo, que alcanzaron mayorías parlamentarias gracias a las coaliciones de izquierda que establecieron, que se mantuvieron en el poder aprovechando la generosidad del segundo mandato de Alan García y que desde el 2000 hasta el presente han seguido gobernando.

La estrategia de Lynch es reforzar el posicionamiento de la narrativa de que el fujimorismo es el responsable de las ineficiencias y corrupción de 21 años de gobiernos de izquierda.  También opinará que la protesta es un derecho que permite agredir y faltar el respeto a las fuerzas del orden, que un grupo numéricamente muy superior de manifestantes puede emplear armas hechizas en contra de efectivos policiales en número significativamente menor. No se puede pretender que las fuerzas del orden reciban desarmados el ataque de una turba. Las armas que emplean los “manifestantes de la polarización” tienen un alto grado de letalidad; tengamos presente que el 2 de abril del 2000 un adolescente de 16 años falleció tras recibir el impacto directo de una bombarda lanzada desde la tribuna opuesta a su ubicación en el estadio nacional.

Según los “polarizantes” ¿un gobierno debe obligar a las fuerzas del orden presenciar impávidos como un grupo radicalizado destruye la propiedad pública y privada? ¿Qué diferencia a estas acciones de las subversivas de Sendero Luminoso y del MRTA?

El amnésico Lynch no se ha percatado de que el PBI de Perú pasó de US$ 58,500 millones a US$ 340,000 millones, en tanto que la población lo hizo de 22 millones a 34 millones entre los años 1990 y 2025. La economía creció gracias a las políticas de promoción de la inversión y a la integración comercial que dieron como resultado la mayor caída de la pobreza en la historia nacional. Que el presupuesto del Estado pasó de US$ 9,800 millones en 2000 a US$ 67,000 millones en 2025. ¿Y a qué se dedicaron los “polarizantes”? A esquilmar el Estado, corroyéndolo desde sus cimientos. Así no se hace patria.

Giancarlo Peralta
15 de julio del 2026

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