Alvaro Diaz

Dos Mentiras: “un país partido por la mitad” y “el voto prestado”

Esgrimidas por quienes quieren participar del poder que no ganaron

Dos Mentiras: “un país partido por la mitad” y “el voto prestado”
Alvaro Diaz
14 de julio del 2026

 

Keiko Fujimori ganó la segunda vuelta de la elección presidencial de Perú con 50.13% de los votos. Su competidor, Roberto Sánchez, tuvo 49.87%. Una diferencia de 49,000 votos de un total de 18 millones. Antes de terminar el conteo, empezaron a circular dos diagnósticos que políticos y comentaristas repiten ahora como verdades incuestionables: “El Perú está partido por la mitad”. Y “Keiko ganó con votos prestados, por eso debe formar un gobierno de ancha base”.

Un país está partido por la mitad cuando muchos de sus ciudadanos tienen objetivos sobre los que creen que nunca podrán ponerse de acuerdo ni avanzar y, por eso, ya no se reconocen como parte de un mismo proyecto de nación. Suele ser lo previo a una guerra civil. En Perú no hay eso. 

En Perú hubo una elección de segunda vuelta que obliga a elegir solo entre dos candidatos. Que el resultado fuera ajustado no es raro ni muestra ninguna desunión. Solo es una consecuencia matemática de votar entre dos opciones. Pasó antes en otros países y por menos votos, y nadie serio sugirió que estuvieran partidos por la mitad. El resultado ajustado les permitió a varios medios de prensa y políticos presentar artificialmente una división del país que realmente no existe así entre los peruanos. Quienes leen esa división como una verdad sociológica confunden el instrumento con la realidad que mide. Una elección ajustada no implica un país dividido.

Perú tiene hace años un atraso grande y falta de servicios públicos básicos que deben recibir los ciudadanos; y es más grave en lugares lejos de las ciudades. Esos servicios son tarea del Estado y en muchos casos, solo de los alcaldes y jefes de región. Pero eso no implica que sea un “país partido por la mitad” o que haya “desigualdad estructural”. Implica que hay malos servicios públicos, que principalmente las regiones y municipalidades deberían asegurar. Agua, energía, colegios, caminos, hospitales, seguridad, etc. Los peruanos estamos todos de acuerdo en que es urgente trabajar fuerte en ellos. Y estamos de acuerdo en muchas cosas más. 

El segundo diagnóstico es más ingenioso porque viene disfrazado de generosidad. “Keiko no ganó con sus votos. Ganó con votos prestados de otros candidatos”, dicen. “Por lo tanto, está obligada a formar un gabinete y gobierno de ancha base que incluya a más fuerzas políticas”. Es el mismo argumento que muchos le habrían dado a Sánchez si él hubiera ganado, con igual solemnidad, pedido de “apertura democrática” y respeto al “mandato plural” de las urnas. Entonces no es un principio, sino una táctica que los partidos políticos usan cuando no ganan las elecciones. En toda segunda vuelta el ganador recibe los votos que en primera vuelta recibió otro candidato. Así funciona. Y el voto pertenece a quien vota, no a algún partido o candidato. 

Lo que piden es participar del poder que no ganaron. Es una negociación legítima y normal en política. Lo que no es leal con el público es presentar esa negociación como una obligación moral de la presidenta electa, como si un resultado estrecho le hubiera reducido la autoridad que le otorga la Constitución. No le redujo nada. Ganó. Por poco, sí. Pero en elecciones ganar por poco cuenta igual que ganar por mucho.

La elección mostró que Perú tiene un electorado fragmentado en ideas, disgustado con la política y dispuesto a votar estratégicamente antes que por alguna convicción. Pero un electorado fragmentado no muestra un “país partido” sino uno que toma decisiones difíciles en un sistema imperfecto, y que esta vez –por algo menos de 50,000 votos– eligió a Keiko Fujimori. Los que perdieron tienen todo el derecho de hacer oposición, y la obligación democrática de hacerla. Pero la oposición empieza por reconocer que se perdió, no por inventar una deuda que el ganador nunca contrajo. La ganadora tiene un deber con todo el país, y más con los peruanos que todavía no tienen buenos servicios públicos. Es la falta de esos servicios la que le ha permitido a los políticos radicales decir que nuestro país está partido por la mitad, cuando realmente nunca lo ha estado.

Alvaro Diaz
14 de julio del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

La izquierda caviar

Columnas

La izquierda caviar

  En una conversación reciente sobre “quien jodi&oa...

22 de mayo
¿Y nuestras libertades?

Columnas

¿Y nuestras libertades?

  La Constitución peruana contiene los derechos fundament...

27 de abril
Tres preguntas a los candidatos (y ya nada de rodeos)

Columnas

Tres preguntas a los candidatos (y ya nada de rodeos)

  En pocas semanas los peruanos votaremos por presidente y vicep...

12 de marzo

COMENTARIOS