Alejandro Arestegui
Mundial recargado con malas decisiones y controversias
Escándalos políticos y administrativos que dañan la competencia mundialista
Hasta el año pasado se hablaba del Mundial Corea del Sur-Japón del año 2002 como uno de los más extraños y a la vez controversiales en la historia del fútbol. A pesar de que ese campeonato nos dio partidos espectaculares, polémicas arbitrales y sorpresas increíbles, como la selección de Turquía que llegó al tercer puesto, lo sucedido en este Mundial 2026 abre un nuevo escenario. Sin lugar a duda la política y las controversias entre naciones se adueñan hoy de los titulares deportivos. Solo que en lugar de priorizar el fútbol, está primando la polémica y la discusión.
Hace unas semanas hablamos de las controversias que existían en materia geopolítica y que vinculaban directamente al Mundial de fútbol. Sin embargo, ahora han surgido nuevos conflictos, debates y disputas, quizás sin tanto impacto geopolítico, pero qué son relevantes debido a lo viral y trascendente dentro del debate público. Comencemos entonces por ordenar algunos de los hechos y controversias que tenemos a vísperas de los cuartos de final que se disputarán este fin de semana.
Comencemos de atrás hacia adelante, tras el conflicto geopolítico que implicaba la presencia de la selección iraní en suelo estadounidense, el país no pasó de fase de grupos debido a que sólo obtuvo 3 puntos producto de 3 empates. Pero ahora toca hablar del anfitrión, México. El país atraviesa una severa crisis social, económica e incluso espiritual fruto de los pésimos manejos en estos últimos años por parte de los miembros de Morena. Cada victoria en este Mundial representaba un hilo de esperanza en medio del océano de convulsión por la inflación, la inseguridad, el narcotráfico y distintos problemas que atraviesan los mexicanos de a pie estos últimos años. Por un momento, parecía que la selección del “Tri” le iba a regalar una sonrisa a sus aficionados. Muchos comentaristas y seudo especialistas de fútbol mexicanos anunciaban con bombos y platillos que México iba a superar a Inglaterra por un cupo en los cuartos de final.
Su análisis rampantemente simplón se acogía a los argumentos de la localía en el estadio Azteca, la altura de la Ciudad de México y el buen momento de la selección mexicana. Fue una decepción para millones de hinchas que el partido finalizara 3-2 en favor de los ingleses. Esta prematura eliminación de México no solamente causó diversos episodios de enojo y violencia que se pudieron observar en las redes, sino también es una demostración del perverso uso político que el gobierno mexicano quería emplear para su propio beneficio. Una vez más, cuando un país en vía de desarrollo organiza un evento tan grande los episodios de malversación, corrupción y sobrecostos recién ven la luz meses e incluso años después. Ni bien tenga datos y cifras oficiales de los mismos podré ofrecerles un juicio de valor para realmente concluir si la organización del Mundial representó beneficio o pérdida para las finanzas del país y de los contribuyentes mexicanos.
El segundo caso político por excelencia es el escándalo causado por la anulación de la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun. El delantero del AS Mónaco vio la tarjeta roja en el encuentro contra Bosnia-Herzegovina y según el reglamento de la FIFA le correspondería un partido de suspensión. Aparentemente todo parecería indicar que el presidente norteamericano Donald Trump intervino criticando las sanciones contra su jugador y negociando tras bambalinas. El escándalo se generó cuando la FIFA de oficio anuló la suspensión del delantero, lo que significó que Balogun pudo jugar el partido contra Bélgica.
Este episodio causó muchísima indignación ya que autoridades europeas del fútbol estarían señalando directamente al presidente de la FIFA Gianni Infantino como el principal responsable, dañando la imagen de la institución. Deportivamente la decisión es cuestionable, aquel que mira fútbol todos los días y no solamente en fechas Mundialistas recordará que más de una vez los clubes de fútbol pudieron apelar para levantar la sanción contra algún jugador para que éste pudiera jugar un partido decisivo. Aunque la derrota de Estados Unidos frente a Bélgica calmó un poco las aguas, el daño ya estaba hecho. Esta no es la primera vez que pasa ese tipo de resoluciones de oficio de la FIFA, sin embargo, los posteos de Trump en redes hacen sospechar a más de uno de una intervención de un estado para influenciar directamente en una decisión del ente rector del fútbol.
Una vez más, el organismo rector del fútbol está en el ojo del huracán por sus controversiales decisiones. Desde las cuestionables pausas de hidratación, pasando por los constantes errores de VAR, los problemas de la organización, problemas en la designación de árbitros y la imposición de reglas de juego controversiales no han hecho más que manchar la competencia futbolística. Se está especulando bastante en redes sobre un supuesto favorecimiento regular hacia la selección argentina. Todo esto sucedió a raíz de la victoria in extremis de la selección de Lionel Messi 3-2 frente al cuadro egipcio.
La Asociación Egipcia presentó una queja formal ante la FIFA exigiendo la expulsión del árbitro francés François Letexier tras su eliminación ante Argentina. Acusan una “conspiración evidente” debido a que el VAR revisó de forma meticulosa una jugada previa para anular un gol de Egipto, pero ignoró un penal claro sobre el delantero Mohamed Salah antes del gol del triunfo argentino. El seleccionador egipcio Hossam Hassan y el delantero Mostafa Zico llegaron a declarar públicamente que el Mundial estaría arreglado. La paranoia continúa en los cuartos de final, pues la designación de un cuerpo arbitral compuesto puramente por jueces argentinos para el cruce decisivo entre Francia y Marruecos ha levantado sospechas e incomodidad entre aficionados de ambos equipos.
Sin dudas, el Mundial de 2002 parece una competencia sana, neutral e imparcial si la comparamos con todo lo sucedido hasta ahora en el Mundial 2026. Hoy más que nunca, las redes sociales propagan bulos, sirven de resonadores de insultos y de estereotipos, surgen enemistades, odios y rencores entre países. Todo esto sazonado con las controversiales decisiones de la FIFA e incluso la intervención de jefes de estado en decisiones que influyen directamente en el campo de juego. Es momento de hacer un mea culpa, puesto que aquí no hay un solo responsable, sino que hay varios. Si el Mundial quiere seguir preservando su mística y seguir reuniendo a cientos de millones de espectadores que entusiastamente sintonizan las pantallas cada 4 años, la competencia debe ser pulcra, libre de cualquier acusación o sospecha y por sobre todo, debe primar el talento colectivo e individual en el campo, libre de cualquier favorecimiento, intromisión o injusticia.
















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