Alejandro Arestegui

Asfixia económica como estrategia de desgaste

Los efectos de los últimos ataques ucranianos contra posiciones rusas en Crimea

Asfixia económica como estrategia de desgaste
Alejandro Arestegui
03 de julio del 2026

 

Ya es un hecho, la invasión rusa de Ucrania se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para el dictador Putin. La dichosa operación militar especial que duraría tres días, máximo una semana, se ha terminado convirtiendo en una de las guerras más largas que ha enfrentado Rusia en los últimos dos siglos. Hasta el mes pasado, la guerra en Ucrania ha durado más que la primera guerra mundial, considerando que Rusia se retiró antes de finalizado el conflicto. Sin embargo, en las últimas semanas la guerra ha sufrido un giro en los acontecimientos que podría llevarla por fin a un cese al fuego duradero, si no es que a su conclusión. Nos estamos refiriendo al golpe fatal que representaría para Rusia la pérdida de la península de Crimea.

En las últimas semanas estuve recopilando información de diversas fuentes, así que puedo afirmar con toda certeza que esto no es ninguna propaganda occidental. La península de Crimea es muy importante y estratégica para los rusos, sin embargo, se encuentra atravesando una posición muy precaria. Desde hace 20 días los ataques ucranianos están sumiendo a los poblados de Crimea en la oscuridad y también están dejando a civiles y militares sin combustible. Las propias autoridades prorrusas en la península reconocen el grave predicamento en el que se encuentran. El pasado 26 de junio, el jefe de ocupación, Serguéi Aksyonov, y el gobernador de Sebastopol, Mikhail Razvosayev, firmaron decretos declarando el estado de emergencia en toda Crimea y Sebastopol, el principal bastión ruso.  La propaganda del Kremlin vendía a la península de Crimea como una gran conquista de Putin, un destino turístico para los rusos y un territorio permanente de la federación. Todo está a punto de venirse abajo, la situación es bastante crítica.

El anuncio emitido por las autoridades rusas de la península llegó solo horas después de que Zelensky ordenara una operación de ataques de precisión para obligar al estado agresor a terminar la guerra. Además de eso, la medida siguió a uno de los mayores ataques con drones que Ucrania ha lanzado desde que comenzó la guerra, afectando incluso a la capital rusa Moscú. Cuando las autoridades anunciaron el “derribo” de 660 drones ucranianos en un solo día, los rusos habitantes de la capital pudieron presenciar por sí mismos como es ser bombardeados a plena luz del día. Los drones derribados no solamente atacaron a la capital, sino también a la península de Crimea y a instalaciones militares y de infraestructura en el Mar Negro y el Mar de Azov. La evidencia gráfica disponible, nos demuestra que los ataques ucranianos sí han sido efectivos y que no todos los drones y misiles crucero lanzados han sido interceptados por las defensas rusas. Esto último es preocupante, porque los ucranianos están destruyendo las rutas terrestres que conectan a la península de Crimea con el resto de Rusia. Con estas rutas de autos y trenes constantemente atacados, la única opción para seguir abasteciendo a la península es a través del mar. Es por esto que el servicio de defensa ucraniano se concentró en atacar a buques rusos, ferris de transporte, instalaciones portuarias y sistemas de defensa aérea en los puertos que alimentan a Crimea, sobre todo el puerto que se encuentra en el estrecho de Kerch. Aparte de estos ataques, se suman a las operaciones que han llevado a la destrucción de múltiples refinerías, fábricas de armamento y petroquímicas rusas en estas últimas semanas.

La precisión de los ataques ucranianos es quirúrgica e impresionante, hace unos días, la cuarta refinería más grande de Rusia quedó fuera de servicio como parte de la misma ola de ataques.  En todos los comunicados efectuados por autoridades rusas, se puede denotar la retórica que utilizan. En todos hablan de un caso de fuerza mayor con medidas de racionamiento de energía y combustible hasta que la situación mejore. Como vimos, en Crimea rusa se ha establecido un estado de emergencia, todavía sin toque de queda, pero con muchísimas restricciones al tránsito y a la compra de productos. En la mañana del 27 de junio se suspendió el transporte de pasajeros por mar a través de la bahía de Sebastopol. La única ruta de gran importancia que está fuertemente custodiada porque significa el único hilo conductor entre Krasnodar y Rostov y la península de Crimea es el famoso puente de Kerch. Desde el fin de semana pasado imágenes satelitales revelan una gigantesca línea de vehículos que se dirigen hacia territorio continental ruso, es decir, civiles en masa abandonando la península de Crimea. Se calcula por las muestras satelitales que la fila de coches se extendería a más de 10 km de largo, un auténtico éxodo. Lo más triste de todo, para los civiles, es ver incluso a los camiones cisterna de combustible destinados a aliviar la crisis estaban atascados en la misma fila. Además, uno de los puntos de combustible en el continente hacia el que se dirigían los conductores había sido golpeado días antes. Así que incluso la dirección a la que huyeron no ofrecía combustible garantizado.

El trasfondo de los anuncios de las autoridades rusas solamente confirma el más que probable y pronto colapso de la península. Sebastopol ha estado a oscuras durante días. El poco combustible restante ha sido reservado solo para las instituciones estatales desde el domingo. Desde Simferopol llegaron videos de estantes vacíos y calles desiertas que parecen imágenes apocalípticas.

El objetivo ucraniano es privar al Kremlin de los ingresos que financian la guerra. Así que esto no es solo una campaña militar, sino un auténtico asedio económico. Cada refinería detenida perfora un agujero tanto en la bomba de extracción como en el presupuesto ruso. En Crimea específicamente, la doctrina es clara. Hacer que la ocupación sea insostenible, no mediante un costoso asalto terrestre, sino logísticamente, dejándola marchitarse. Mantener el combustible, la energía, el ferrocarril, los transbordadores y el puente bajo presión constante, y la península se convierte de una fortaleza en una carga para Rusia.

Entretanto, Rusia sigue atacando las ciudades ucranianas con gran crueldad. Sin embargo, estas acciones ya no se ven en la opinión pública como un ataque de reprimenda contundente y certero, sino como patadas de ahogado, golpes de impotente. Por otro lado, Ucrania simplemente busca reforzar sus defensas aéreas y proteger la vida de sus civiles. La Unión Europea, que ha financiado la mayor parte de Ucrania durante los últimos dos años, está manteniendo ese apoyo con un nuevo programa de préstamos de 90 mil millones de euros, financiando por primera vez en su historia el gasto militar desde su propio presupuesto. 

Esto es mucho más importante de lo que creemos, la pérdida de Crimea por razones geopolíticas, económicas e incluso de orgullo del propio Putin, es impensable. No obstante, si la península llega a desconectarse del resto de Rusia y permanecer aislada y desabastecida durante meses hasta que llegue el invierno podría ocasionar el colapso total. Esto significaría la rendición incondicional de casi 50 mil soldados rusos que vigilan Crimea, la pérdida casi total de Rusia del control del Mar Negro y un aislamiento que le costaría millones. Este aislamiento significa un mayor gasto para un país que ha implementado de forma desesperada desde hace 4 años una economía de guerra que cada vez se desgasta más, hace sufrir más a sus ciudadanos y que ahora se ve obligada a importar gasolina a terceros países. El oso ruso, otrora orgulloso y altivo, se ve obligado a pedir ayuda a países como China y Corea del Norte. Esto, esperemos, pueda conducir a unas negociaciones formales y serias que lleven a un entendimiento para finalizar la guerra. No es algo imposible pero tampoco es algo tan fácil de conseguir. Sin embargo, las operaciones militares de Ucrania están haciendo efecto y cada día más presionan al lado ruso a que ceda y comience las negociaciones. Veamos cómo va evolucionando la situación en el futuro próximo.

Alejandro Arestegui
03 de julio del 2026

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