LA COLUMNA DEL DIRECTOR >
Dos semanas después, ¡el oficialismo respira con fuerza!
Anotaciones sobre el curso de la nueva administración
Dos semanas después de asumir el poder, la presidente Keiko Fujimori consigue 60% de aprobación en la ciudadanía. Es un reconocimiento a la designación de un gabinete plural y a su incansable estilo de trabajo que la lleva a viajar de provincia en provincia y a vigilar problema tras problema en el Estado.
De alguna manera ese 60% de aprobación significa una aprobación a todas las decisiones que se han tomado hasta hoy: desde la ratificación de Julio Velarde y la designación de los nuevos directores del BCR hasta la movilización del Estado para descolmatar los cauces de los ríos. Frente al abandono y la desidia estatal de la última década, la voluntad y el estilo de Fujimori produce un intenso contraste, y he allí la causa principal del 60% de aprobación. La gente reconoce la voluntad de superar la frivolidad del pasado.
Sin embargo, la nueva administración ha tenido algunas batallas que empiezan a dejar interrogantes: el subsidio del 20% a los combustibles en la selva para evitar que unas minorías pretendan incendiar el oriente, el extraño aumento de la remuneración mínima vital del 28 de julio pasado y la situación de Petroperú que ha quedado en un extraño limbo: se siguen los lineamientos de Proinversión o el nuevo directorio tiene un nuevo camino. Lo cierto es que sería impensable que continuara un desangramiento de recursos fiscales de la petrolera estatal en la nueva administración.
Estas medidas que pueden ser calificadas de populistas se entienden en función del objetivo de construir una popularidad nacional que posibilite hacer política y hacer reformas. Sin embargo, hay algunas críticas con mucho sentido común: si se sigue con las concesiones todo el mundo presionará y la idea de ajustar los gastos del Estado se evaporará. De pronto, se podría caer en una espiral de concesiones en la que se organizaría un curso mediocre de la economía en el país, con aumento del gasto estatal.
Los mismos críticos de buena voluntad señalan que el momento de las reformas solo se presenta al inicio de la gestión. En otras palabras, solo hay un momento para acelerar reformas. No obstante, en el gobierno se parece haber llegado a una conclusión: hoy se necesita popularidad para enfrentar la ofensiva de la izquierda antisistema, y el Estado, la presidente Fujimori y el Gabinete Galarreta se convertirán en héroes nacionales frente a los desastres del Fenómeno del Niño, mientras el FBI asesora a la Policía Nacional para golpear a las bandas criminales que controlan las ciudades.
La presidente Fujimori y sus colaboradores sí pueden convertirse en héroes ante la posible tragedia de El Niño si se movilizan todos las energías y recursos disponibles a pesar de la destrucción del Estado y la imprevisión de una década. Si no es así, el Gabinete Galarreta entrará en graves problemas a finales de año y el próximo verano.
Por otro lado, en la oposición y en la media se ha comenzado a exigir resultados y cronogramas de cumplimiento con el objeto de erosionar al oficialismo. A nuestro entender, en estas semanas semejantes demandas no impactarán en la ciudadanía. De alguna manera la sociedad y los peruanos de buena voluntad saben que el Estado ha sido destruido y depredado por la izquierda. Hoy solo hay Estado para recibir presupuestos y abultar las planillas. Eficiencia, servicio y tecnocracia no existen. He allí una de las razones de que parecen existir cuadros suficientes en el oficialismo para cubrir todas las áreas del Estado. Semejante problemas no tuvo ningún gobernante del siglo XXI. ¿O sí?
Allí estamos. La nueva popularidad de la presidente Fujimori, pues, nos devuelve a la normalidad política previa a la década perdida.















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