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Los tiempos del Gobierno y el inevitable choque con la izquierda

Reflexiones sobre las relaciones entre el oficialismo y la oposición

Los tiempos del Gobierno y el inevitable choque con la izquierda
Víctor Andrés Ponce
28 de septiembre del 2026

 

Luego de que siete comisiones de la Cámara de Diputados se negaran a aprobar de plano la solicitud de facultades para legislar por 120 días del Ejecutivo, y luego de que la señora Janet Tello, presidente del Poder Judicial, le solicitara a la presidente Fujimori que se retractara de sus declaraciones en la ONU acerca de que quienes derrotaron al terrorismo 34 años atrás siguen siendo perseguidos judicialmente, es incuestionable que el programa de todas las izquierdas –las progresistas y las comunistas– es el fracaso del Gobierno.

La izquierda no quiere un nuevo momento político, tampoco siquiera imagina espacios para un acuerdo, solo apuesta por continuar la polarización de los últimos lustros y la crisis desorganizadora de la última década, que se graficó en ocho presidentes en un periodo en que solo debió haber dos. La izquierda quiere guerra, y quienes creyeron en los centros de Jorge Nieto y Alfonso López Chau ya deben conocer la luz.

Planteadas las cosas así, ¿qué va a suceder? Es incuestionable que se avecina un choque, como se dice, mañana o pasado, a menos que la presidente Fujimori y Fuerza Popular acepten resignados la embestida de las izquierdas y el fracaso de la administración. Una situación que no parece posible.

Entonces, acaso es hora entender los tiempos del Gobierno. La manera cómo se conformó el Gabinete Galarreta requiere una explicación. ¿Por qué se conformó un gabinete tan plural en el que, por momentos, cada uno de los ministros parece tener una agenda propia, al margen de la naturaleza del gobierno fujimorista que consiguió la victoria sobre todas las narrativas de la izquierda? Quizá el objetivo de la presidente Fujimori fue desmontar el relato que señalaba que ella llegaba al poder para quebrar el Estado de derecho, instalar una dictadura y perseguir a la oposición. 

Si ese era el objetivo existía racionalidad y, aparentemente, se ha conseguido. Hoy pocos creen en las fábulas de una jefe de Estado dispuesta a convertirse en autócrata. Sin embargo, el precio de esa decisión ha sido la incoherencia del gabinete ministerial. Por ejemplo, en el MEF hay asesores que creen que el desorden es tal que pueden derribarse la joya de la corona fujimorista: la nueva ley de promoción de agroexportaciones. Los titulares de los despachos priorizan sus contactos políticos, mediáticos y sociales antes que desarrollar una estrategia para fortalecer los objetivos generales del gobierno. Incluso la jefe de Estado debe intervenir para ordenar los desarreglos ministeriales y los resultados en la lucha contra la ola criminal no aparecen.

De todos estos factores en contra del Ejecutivo se aprovecha la oposición y los medios desarrollan las historias. Y he allí las significativas caídas en la aprobación gubernamental.

Sin embargo, existen otros escenarios que desarrolla directamente la presidente Fujimori. Se trata del liderazgo en las obras de prevención del fenómeno de El Niño que, al margen de los retrasos de los gobiernos anteriores, le pueden significar un claro reconocimiento nacional frente a la voluntad gubernamental por atender y mitigar los sufrimientos de miles de damnificados. Un escenario que se podría presentar con nitidez en diciembre y el verano del próximo año. La jefe de Estado podría aparecer como una heroína nacional ante la desgracia nacional enfrente del obstruccionismo de las izquierdas.

Igualmente, la jefe de Estado ha decidido liderar personalmente las reformas estructurales que se promueven desde el MEF y la urgente reforma de la educación. Y finalmente, la adhesión de la mandataria al Escudo de las Américas compromete totalmente a los Estados Unidos en la lucha contra la ola criminal transnacional que azota al Perú. ¿Cómo el Escudo de las Américas que promueve Estados Unidos podría fracasar en el Perú luego del compromiso ante el mundo? No parece posible.

Todas estas iniciativas presidenciales pueden cambiar el curso de la política en el Perú y dotar de una base popular al Gobierno para confrontar con el plan de las izquierdas que buscan el fracaso de la nueva administración. Sin embargo, avanzar en este camino requiere superar las incoherencias del actual Gabinete Galarreta.

Víctor Andrés Ponce
28 de septiembre del 2026

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