César Félix Sánchez
Breve glosario para la era Biden
Viejas palabras con nuevos significados

Ha llegado la era Biden. Y los “entusiastas” de siempre prácticamente han anunciado la llegada del milenio, aunque cada vez más les cuesta creerse sus propios entusiasmos. Decía Schlegel que la ironía era una constatación resignada de la inadecuación de nuestra mente con el infinito. Y ahora necesitamos urgentemente adecuar nuestra mente a la catarata infinita de estulticia y desinformación de los medios mainstream que nos inundará a partir de la fecha. Así que, uniéndome al general ánimo celebratorio, ofreceré un breve glosario para comprender la era Biden.
Unidad y reconciliación: Biden ha llamado a la reconciliación y a la unidad en una “América profundamente dividida”. Sus partidarios “de a pie” también son conscientes de esa necesidad. Como se puede ver en este elocuente video, se muestran muy a favor de la necesidad de unirse y hallar consensos; pero segundos después sostienen que no podrían jamás encontrar ningún compromiso en ningún tema con seres tan repugnantes como los republicanos. Es decir, para ellos la tolerancia solo se aplica al que piensa exactamente como yo. Esa es la unidad que predican. También el Gobierno de Biden, en aras de fortalecer la unidad y ante la gravísima amenaza para el universo que significó la payasesca toma del Capitolio por trumpistas despistados, antifas y otros individuos semejantes, apoya una ley federal contra el “terrorismo doméstico” que apunta especialmente a organizaciones e individuos nacionales e internacionales que promuevan el “odio” y el “supremacismo”, cortar sus financiamientos y someterlos a vigilancia. Seguramente corresponderá a los fact checkers de Twitter decidir qué son el “odio” y el “supremacismo”. Esto ha llevado incluso a una demócrata como Tulsi Gabbard a sostener que tal ley tendría como objetivo de hostilidad, monitoreo y vigilancia “a casi la mitad del país” y que, si le creemos al exjefe demócrata de la CIA John Brennan, pondría en vereda a “extremistas religiosos”, “racistas” e incluso “libertarios”. Gabbard se pregunta, además, quién es un extremista religioso: ¿un evangélico que votó por Trump o quizá los provida? Porque ya Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la cámara de representantes, consideró que los responsables del trágico triunfo de Trump en 2016 fueron los evangélicos y los católicos contrarios al aborto. E incluso dentro de la estructura eclesiástica, ya hay quienes claman por comenzar la purga también. Vae victis!
Aunque seguro no faltarán supuestos liberales o libertarios vernáculos que seguirán repitiendo estribillos anti trump incluso cuando el nudo corredizo de la cuerda con que los colgarán –seguramente vendida por ellos mismos a sus verdugos en una transacción libre basada en la ley de la oferta y la demanda– se vaya estrechando en su cuello. Porque parece ser que para ellos “las libertades individuales” están mejor defendidas por un progre liberticida como Biden que por un Trump demasiado chusco y odiado universalmente por los sacrosantos medios.
Supremacismo y extremismo: Como el supremacismo y el extremismo se han ido haciendo cada vez más complejos y perversos, ya casi es imposible poder definirlos apropiadamente. Por eso es mejor seguir a la CNN y considerar como extremistas a todos aquellos que están “extremadamente” lejos de la consigna cotidiana que los fabricantes de lo políticamente correcto suelten. Así, por ejemplo, que Obama estuviera, tan recientemente como en 2008, en contra del matrimonio gay será comprensible, pero cualquier otro que lo hiciera entonces o lo haga ahora será un extremista. De la misma forma, si el dúo Biden y Obama deportaban miles de personas en récords históricos y construían un muro en la frontera con México con más ahínco que Trump no hay ningún problema, pero si Trump dice que lo hará (aunque no lo haga) o suelta algún chascarro o boutade debidamente tergiversado por la prensa es evidentemente un racista, un xenófobo, un homófobo y un supremacista, así como todos sus seguidores y enablers. Así que estemos advertidos: a lo mejor somos supremacistas y extremistas, si no hoy, quizá mañana. Porque quién sabe si no tendremos que estar atentos cada día a la CNN para saber si nuestras convicciones sobre cualquier tema han sido decretadas “inaceptables” por nuestros amos globales.
Paz y liderazgo norteamericano: Muchos, incluso nuestros internacionalistas locales, sostenían que Trump era una amenaza para la seguridad global y que Biden traerá nuevamente la paz y volverá a poner a Estados Unidos como “líder” en el mundo. Pero veamos antes las credenciales pacíficas de este último prócer. Aquí tenemos, por ejemplo, a un todavía funcional Biden en 1999 invocando una invasión a Serbia que involucre “bajas americanas” y una ocupación al estilo de la de Japón y Alemania, luego del ilegal bombardeo de la OTAN a este país que causó 240 veces más muertos que el incidente en el Capitolio. También apoyó la invasión a Irak de 2003. Durante la gestión Obama-Biden se produjeron, asimismo, las intervenciones directas (Libia) o “discretas” (Siria y Ucrania) destinadas a desestabilizar regímenes hostiles y que generaron la descomunal crisis de refugiados de 2014-2015 y la aparición de ISIS. Por otro lado, si el “liderazgo” de Estados Unidos en el mundo libre se refiere al liderazgo mundial en crear la mayor operación de la historia de vigilancia y espionaje masivos ilegales que el gobierno de Obama desarrolló y que incluso llegó hasta a espiar a sus aliados pues estemos tranquilos: quizá haya mucho más paz y liderazgo en estos años. Si la gestión de la dupla de Biden y del Premio Nobel de la Paz preventivo estuvo repleta de intervenciones, desestabilizaciones a gobiernos extranjeros, bombardeos, espionaje ilegal y otras travesuras, la del violento e irracional Trump parece haber cometido el grave pecado de aislarse, respetar como principio la soberanía nacional, patrocinar varios acuerdos de paz y solo confrontar comercialmente al gran benefactor de la humanidad Xi Jinping y atacar a otra alma sensible, el general Soleimani, que se aprestaba a liderar una insurgencia chiíta en Irak. Así que podemos respirar tranquilos: las bombas y el espionaje demócrata volverán para hacer reinar la paz y seguridad en todo el mundo.
En conclusión: se vienen tiempos muy interesantes. “America is back”, dicen en la CNN. De lo que creo que no hay duda es que el doble-pensar y la neo-lengua progres se harán más intensos, particularmente entre sus imitadores tercermundistas. Dios nos coja confesados.
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