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¿Reconstruir o construir?

Columna

¿Reconstruir o construir?

6 de Abril del 2017

Construir futuro y no repetir los errores del pasado

Frente a los trágicos acontecimientos que han azotado el norte del país, felizmente viene ganando terreno —pensando en la ulterioridad— la necesidad de construir y no solo reconstruir.

Y es que resulta más que evidente que no solo la ocupación territorial ha sido indebida, y que por ende habrá que movilizar poblaciones, sino que las labores de prevención científicamente diseñadas también fueron dejadas de lado. Las carreteras y caminos mismos habían sido trazados prácticamente a disposición de cualquier fenómeno natural amenazador.

Se ha asumido, pues, que hay que construir y no solo reconstruir. Pero ya que hemos interiorizado esta necesidad, es indispensable que asumamos que tampoco se trata de construir infraestructura vial y “edificaciones seguras” respecto a los fenómenos naturales, sino de construir futuro. Y ello pasa necesariamente por interconectar personas, mercados y culturas. Pues un individuo o una familia desconectada de todo ello podrá no ser presa de las fuerzas de la naturaleza, pero sí de la perpetuación de condiciones de pobreza y exclusión.

Si no incluimos en la expresión construir futuro la necesaria interconexión entre personas, mercados y culturas habremos terminado por reconstruir pobreza e indefensión.

Y como analista de los imaginarios sociales quisiera referirme —en este contexto— a la triste y discriminatoria expresión material noble. Por atavismos culturales y no pocos intereses de constructoras, lo noble significa construir con cemento, fierro y hormigón. Por oposición la utilización de cualquier otro tipo de materiales resulta innoble.

Y aquí quiero hablar ahora como educador. ¿Qué necesidad tenemos de utilizar “material noble” para habilitar escuelas dignas para todo el norte del país. Y no me estoy refiriendo a la precariedad. Me estoy refiriendo a que la ingeniería de la construcción pone a nuestra disposición hoy estructuras de acero o de madera velozmente armables, con costos largamente inferiores a la “nobleza” y adecuadas a la realidad de un país sísmico.

Con gran rapidez podríamos dotar a todo el norte de nuestro país de escuelas cuyo costo no vaya a engrosar casi exclusivamente los ingresos de las compañías constructoras y que —más bien— signifique inversión en material. Tecnología educativa y espacios dignos.

Como lo dijimos, ya hemos dado un paso adelante al hablar de construir futuro y no de reconstruir pasado. Ahora metámonos en la cabeza que esa construcción debe obviar la falaz asociación entre material noble y cemento. El verdadero material noble debe ser aquel que piense la construcción con la nobleza que los niños y jóvenes damnificados exigen de sus autoridades.

 

Eduardo E. Zapata Saldaña