Eduardo Zapata

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¿Noble gestión…?

¿Noble gestión…?
Eduardo Zapata
02 de julio del 2015

Éxito del proceso educativo depende de infraestructuras funcionales

Lamentablemente no está entre nosotros Luis Jaime Cisneros. Filólogo, lingüista y maestro. Tal vez él –por conocimiento, experiencia de vida o intuición creadora- nos hubiese podido explicar cuándo y por qué se institucionalizó entre nosotros la expresión ‘material noble’.

No hay data fiable al respecto. Pero en algún momento ‘material noble’ se hizo sinónimo excluyente de concreto, acero y cemento. Y se creó –inconscientemente- la antinomia noble/innoble en lo que se refiere a materiales de construcción.

Renunciamos así a la ‘nobleza’ de la piedra que cimentó el Tahuantinsuyo y culturas anteriores. Y a la quincha que fue expresión de la arquitectura del Perú como sede del Virreinato. Y adherimos entonces a la ‘nobleza’ del ciego progreso alentado por las industrias de los materiales de construcción. Asunto de identidades, en el fondo. Porque canjeamos rápidamente –espero que los llamados especialistas en interculturalidades lo perciban y subrayen en algún momento- linajudas y reclamadas ‘noblezas’ prehispánicas e hispánicas, con el agravante de “excluir” y convertir en ‘innoble’ todo aquello que no fuese concreto, cemento y acero.

Y he aquí que si bien es cierto nuevos materiales de construcción ofrecen a los pueblos nuevos modos de diseñar y escribir su futuro, la subyacencia de la oposición noble/innoble es causa hasta de ceguera en algunas autoridades del Estado.   

El déficit de infraestructura en educación se estima en un 80%. Y con la liviandad que da la ceguera de mente –pues ella no es propia de las personas fisiológicamente ciegas- se conceptualizan soluciones desde el prejuicio del material noble. Hay en ciertas autoridades educativas la idea de que hay que construir o reconstruir la infraestructura escolar bajo el viejo modelo inmodificable de las cárceles de concreto, cemento y acero.

Entenderemos fácilmente que esta opción constituye una utopía: jamás podríamos alcanzar cubrir el déficit. Por todos los procesos y costos que implica el trazo de la escuela con material ‘noble’.

Y los propios países de donde tomamos prestado el concepto de esta moderna nobleza nos dan el ejemplo. Al no tener mentes colonizadas ni ciegas, esos mismos países siguen utilizando material aligerado para la construcción de casas y escuelas. No han excluido sino incluido, no han restado sino sumado. Y en lo que se refiere a educación tienen bastante claro que el éxito del proceso educativo no depende de la nobleza de los materiales de construcción, sino de infraestructuras funcionales –sí- pero por sobre todo por lo que ocurre dentro de ellas.

En un país sísmico como el Perú no caigamos en la ‘nobleza’ de los materiales de construcción. En un país con urgencias educativas como las nuestras, invirtamos más en la centralidad del proceso educativo que en las periferias. Los millones de dólares que ahorraríamos en el ornamento faraónico deberían traducirse en laboratorios, tecnología de punta en las aulas, maestros debidamente capacitados…

Gestión –palabrita de moda y alabada per se- deriva finalmente del latín genere que significa llevar, conducir, llevar a cabo. Se entenderá que la virtud de una gestión no está en el sustantivo mismo –gestión- sino en tener claro el concepto de aquello que se gestiona y hacerlo eficientemente. Y no es eficiencia en la gestión educativa mantener intacta la estructura burocrática inoperante del Ministerio de Educación, tampoco lo es una ley universitaria pretendidamente controlista, pero invasiva de las libertades académicas y finalmente poco realista. Menos lo es no haber tocado la estructura misma del proceso educativo –currículo básico, tiempos de estudio y demás- y no haberla acercado a la nueva realidad de los estudiantes y de las necesidades del país. ¿Noble gestión?

El latín genere –de donde dijimos deriva gestión- admitía también como acepción el concepto de ‘mostrar’. Si no hay CONCEPTO de educación, la palabra gestión puede quedar restringida a esta acepción y quedar en manos de una buena oficina de imagen institucional y buena relaciones personales.

 

Por Eduardo E. Zapata Saldaña

02 – Jul – 2015

Eduardo Zapata
02 de julio del 2015

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