Guillermo Vidalón

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Comunicar minería

¿Cómo construir un discurso político prominero?

Comunicar minería
Guillermo Vidalón
15 de noviembre del 2017

La minería en el Perú tiene el marcador en contra por varios motivos. En su oportunidad, no percibió que desde la escuela se desinforma acerca de ella: se le asocia como una actividad contaminante, antes que como un vehículo de progreso y generación de oportunidades para lograr el bienestar y el desarrollo. La minería no se percató de que quienes lideran a un sector del magisterio son precisamente quienes ven en ella la presencia de un agente externo al cual rechazan; peor inclusive si esta actividad es administrada por agentes privados. Ambos representan a un grupo económico que preferirían que no existiera.

 ¿Tienen formas de oponerse a la actividad minera? Sí. Desde la elaboración de proyectos legislativos que dificultan su desarrollo, como la Ley de Cabeceras de Cuencas, hasta la elaboración de teorías según las cuales ya no habría necesidad de hacer más minería, porque existirían suficientes metales en el mundo que podrían reciclarse una y otra vez. Lo cual no es cierto, porque la demanda de metales aumenta año tras año.

 El otro argumento que emplean es el ambiental. Responsabilizan a la minería de la contaminación; pero en simultáneo, utilizan herramientas electrónicas que emplean metales para atacar a la minería. Es decir, un contrasentido. Niegan la actividad minera, pero sí quieren disfrutar de los beneficios de la misma.

 ¿Cómo posicionan la antiminería? Haciendo política. Como se explicaba líneas arriba, han construido un discurso político en contra de la actividad minera con la finalidad de establecer asociaciones negativas que terminen por persuadir a un gran número de ciudadanos. Según eso, la minería: a) promueve inequidades, b) es corruptora, c) contamina. ¿Quién querría estar vinculado a algo que genera injusticia, corrupción y daña al ambiente? Nadie. El discurso perfecto, cerrado, invulnerable para generar adeptos y, de paso, encumbrar en la política a quienes lo enarbolen.

 El elemento que suman al discurso antiminero es la presencia física de un interlocutor, un rostro capaz de sostener el discurso al margen de su razonabilidad. Esa es su labor, esa es su ocupación y, además, su fuente de ingresos cada vez más creciente.

 Del otro lado, ¿qué tenemos? Un discurso técnico que es entendido por técnicos y, en algunas oportunidades, refutado por otros técnicos que trabajan para la antiminería. No interesa qué tan destacados hayan sido en su profesión, cuentan con un aparato mediático que los “acreditará”, sostendrá y repetirá cada una de sus aseveraciones. La finalidad es generar ante la opinión pública la percepción de que se está frente a un “experto”.

 ¿Qué hacer? Construir un discurso político prominero. Ello implica reforzar las asociaciones positivas. Por ejemplo, que donde hay minería hay mayor calidad de vida que en las localidades donde no hay minería; por lo tanto, la presencia de la minería formal hace posible que los gobiernos subnacionales cuenten con recursos para realizar políticas sociales, a diferencia de aquellas localidades donde no hay actividad minera. Justicia social igual minería. La corrupción es una actividad que existe en zonas mineras y no mineras; por consiguiente, no se le puede achacar a la minería, menos a la formal. Contamina, pero ¿qué es más contaminante? ¿Dejar sumidos en la pobreza a millones de personas o darles una oportunidad cierta de vivir con calidad de vida? Si nos sustraemos al debate allí donde se “gestan las grandes ideas” de la antiminería, pronto veremos cómo otros echan por la borda el futuro del país.

 El debate está en las universidades, en las escuelas técnicas, en los institutos armados, junto a los líderes, quienes en su mayoría no son malintencionados, sino que han sido desinformados. Pero no se trata de acudir exclusivamente a las facultades de quienes optaron por estudiar las carreras de Ciencias de la Tierra, se trata de conformar un grupo que elabore el discurso político de la minería para el conjunto del país. Acudir, por ejemplo, a las facultades de Ciencias Sociales, de Letras, de Humanidades en general, para explicar qué sucedió, qué sucede y qué futuro podemos construir a partir de nuestras fortalezas para lograr un Perú mejor.

Guillermo Vidalón
15 de noviembre del 2017

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