Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

Carta al doctor Vexler (1)

Pequeñas acciones para mejorar nuestra educación

Carta al doctor Vexler (1)
Eduardo Zapata
18 de enero del 2018

 

Dada su experiencia como maestro de aula, usted sabe más que nadie que la educación no solo está hecha de estructuras curriculares y propuestas acaso grandilocuentes, sino también de pequeñas acciones cuyos efectos pueden ser tal vez hasta más poderosos que la grandilocuencia casi siempre inconclusa. Es obvio que por constituir la educación una gran aspiración nacional, los ojos de los padres y madres de familia están puestos en su labor. Y es evidente que su larga experiencia en el Minedu lo tendrá ya prevenido respecto a las acechanzas y movilizaciones políticas que habrán de aparecer.

Por lo dicho, no seré yo —en este espacio— quien lo aconseje respecto a los grandes retos del Ministerio, pero sí quisiera llamar su atención sobre esas pequeñas acciones que pueden contribuir a hacer que la nuestra sea una educación mejor. Sé que tiene usted perfectamente claro que nuestros estudiantes —provenientes muchos de hogares disfuncionales— carecen de la autoestima requerida para emprender la aventura educativa. Sin autoestima o afirmación personalísima del yo, de nada valen las propuestas grandilocuentes.

De allí que este artículo sea más bien una carta rogatoria. Que creo coincide con su preocupación al haber reactivado el olvidado programa de tutorías escolares. Nos enfrentamos a una sociedad con desequilibrios, con violencia fuera de las aulas y dentro de ellas. El bullying físico y virtual es pan de cada día. Y todo ello afecta la necesaria afirmación del yo del estudiante para hacer frente con éxito al reto de la escuela y de la propia vida.

Hay quienes descreen sistemáticamente en los estudiantes. Y por ello les retacean oportunidades de afirmar su personalidad desde los primeros años de la escuela.

Quisiera proponerle algo muy simple para ser incluido dentro de su programa de tutoría. Que los alumnos de sexto grado de primaria se hagan tutores de los de tercero; que los de quinto lo sean de los de segundo; y los de cuarto de los de primero. Bajo la supervisión integral del programa que usted ha reactivado.

Los alumnos están más cerca de los alumnos y pueden confiarse con más facilidad sus problemas. El alumno de mayor grado puede cuidar la integridad física y moral de aquel de grado inferior, y aun ayudarlo en sus tareas. Ambos se beneficiarían y se beneficiaría la escuela toda. Podría crearse una atmósfera educativa sana donde el afecto combata la violencia y la agresión.

Solemos censurar la pasividad o falta de compromiso de los estudiantes, pero no les damos las oportunidades para demostrarnos de lo que son capaces. La escuela insiste cada vez más en los derechos de los alumnos, pero no propicia que estos asuman deberes y responsabilidades. Si queremos alumnos con autoestima no nos quedemos en los discursos, sino generemos espacios reales para que niños y niñas reintroduzcan en las escuelas el afecto que muchos adultos les sustrajimos.

 

Eduardo Zapata
18 de enero del 2018

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