La segunda vuelta del 2026 será definitiva para definir la coli...
A veces los sectores desde el centro a la derecha suelen hablar de “una república caviar” para referirse al control de las instituciones, los medios de comunicación y el espacio público que se ha desarrollado en el Perú en las últimas dos décadas, mientras los políticos hacían engordar el Estado y creaban oficinas y sobrerregulaciones, pese a que no pueden tocar el modelo económico ni debilitar el papel rector del BCR debido a los candados constitucionales existentes.
La idea de una república caviar no es una exageración. Por ejemplo, un Congreso fue cerrado inconstitucionalmente argumentándose “una denegación fáctica de confianza” y luego el golpe fue “constitucionalizado” por un Tribunal Constitucional con cuatro magistrados que ejercían el cargo con los plazos vencidos. Precisamente el cierre inconstitucional del Congreso se produjo porque los congresistas pretendieron ejercer las facultades exclusivas y excluyentes del Legislativo, eligiendo a los reemplazantes de los cuatro magistrados.
Keiko Fujimori, la candidata que participó en tres segundas vueltas fue brutalmente perseguida y judicializada. Padeció 500 días de cárcel y luego fue exonerada de todo cargo penal por el nuevo Tribunal Constitucional, con magistrados que reemplazaron a los jueces con plazos vencidos. Alan García, dos veces presidente electo por los peruanos, igualmente fue judicializado por un aparato judicial politizado. ¿Se puede llamar a ese estado de cosas el esbozo de una república caviar?
En la economía, la multiplicación de ministerios, oficinas y sobrerregulaciones ha bloqueado las inversiones y ha fomentado la informalidad. La descentralización se ha convertido en el caño por donde se drenan los impuestos que paga el sector privado, mientras se mantienen las brechas en agua potable, alcantarillado y escuelas. Entre el 2019 y el 2025 los gobiernos subnacionales gastaron más de S/ 312,000 millones y siguen existiendo más de 3.5 millones de peruanos sin agua potable. ¿Se puede llamar a este fracaso uno de los resultados de la república caviar? Cualquiera diría que es un exceso porque también el aprismo apoyó la descentralización. Sin embargo, miremos las oenegés y las decenas de papers progresistas que defienden el proceso descentralizador. La narrativa a favor de la actual descentralización fue escrita con la siniestra.
La última novedad del Estado disfuncional: las deficiencias e irregularidades en las elecciones del domingo 12 de abril fueron tan superlativas que sí se podría afirmar que estamos ante otra expresión de la república caviar que ha surgido en las últimas décadas.
Si se compara el progresismo peruano con el chileno o colombiano la primera diferencia reside en que los nacionales solo se organizan en oenegés y difícilmente en partidos. Veremos si los partidos de Jorge Nieto y Alfonso López Chau se convierten en los movimientos del progresismo nacional. Parece muy difícil. Sin embargo, más allá de cualquier deficiencia, el progresista nacional sí es muy ideológico y tiene una enorme capacidad de fabular, de elaborar narrativas. Por ejemplo, ellos cumplieron un papel determinante en la elección de Pedro Castillo y la devastación posterior. Luego de la tragedia castillista y la imposibilidad de conseguir espacios en el Estado, después del golpe fallido del chotano, se dieron maña para intentar cargar el bulto de Castillo a la derecha y comenzaron a hablar de “un pacto” para gobernar desde el Legislativo.
Al César lo que es del César. El progresista peruano no cesa de fabular y sin necesidad de ganar elecciones puede influir en la vida política, en las decisiones del Estado y el control de las instituciones. A tal extremo que ha desarrollado una de las persecuciones más brutales de políticos anticomunistas en la región. Sin embargo, la república caviar se cae a pedazos. Es el estado de desorganización nacional en que nos encontramos, en una tendencia general a la anarquía. Cualquier sea el ángulo de análisis la república caviar ha fracasado, incluso hasta al proveer el servicio en el sistema electoral. La renuncia de Piero Corvetto es una rúbrica final.
Hoy si el Perú sigue en el curso de la república caviar puede avanzar hasta convertirse en un Estado fallido.
















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