Darío Enríquez
¿Es plausible el ingreso libre a la universidad?
Una propuesta atractiva, pero inviable para el Perú
Establecer el ingreso libre a las universidades estatales en el Perú suele presentarse como una medida de justicia social. Sin embargo, detrás de esta atractiva premisa surge una contradicción crítica: es inviable exigir excelencia académica en un sistema de acceso irrestricto que opera en un país con recursos económicos limitados y profundas brechas en la calidad educativa escolar.
Deber de aprender, límites de infraestructura y deserción
El debate no puede reducirse a la buena intención de que “los hijos del pueblo” tengan legítimo derecho a estudiar. Pero todo derecho tiene una contraparte: el deber de aprender y la capacidad real del sistema para ofrecer una formación de calidad. Si el presupuesto, la infraestructura, los laboratorios y el cuerpo docente son deficientes, el acceso libre no soluciona el problema de fondo. Al contrario, traslada el cuello de botella hacia las aulas, multiplicando la deserción estudiantil, la frustración juvenil y el desperdicio de los recursos públicos.
El examen de admisión como filtro meritocrático
En el contexto peruano, los rigurosos exámenes de admisión de instituciones como la UNMSM, la UNI o la UNA actúan como un concurso público para acceder a una beca de excelencia financiada por los contribuyentes. Dado que el Estado asume el costo total de preparar a los profesionales del país, resulta legítimo y razonable aplicar un mecanismo riguroso de selección académica basado en el mérito.
La falacia de las calificaciones escolares
Algunos sostienen que podrían utilizarse las notas de la educación secundaria en lugar de exámenes de admisión. Sin embargo, esta propuesta ignora una realidad evidente: el sistema escolar peruano presenta enormes diferencias de calidad entre instituciones educativas. A diferencia de naciones desarrolladas con planes altamente estandarizados y homologados, en el Perú las calificaciones no son comparables entre colegios debido a las asimetrías de calidad. Bajo este escenario, las notas de secundaria resultarían un criterio menos equitativo y más arbitrario que una evaluación estándar y universal como el examen de admisión.
Falsa equivalencia con el extranjero
El uso de modelos de países ricos para validar el ingreso libre carece de perspectiva histórica. Estas naciones consolidaron primero economías diversificadas, educación básica robusta y mercados laborales sólidos antes de flexibilizar la educación superior. Además, cuentan con una educación técnica y tecnológica de alto prestigio que ofrece rutas atractivas de movilidad social alternativas a las carreras universitarias tradicionales.
Lecciones de la región y el sector privado
La experiencia en Hispanoamérica también invita a la reflexión. Allí donde la expansión del acceso no ha estado acompañada por suficientes recursos y mecanismos de aseguramiento de la calidad, han aparecido problemas de deserción, prolongación excesiva de los estudios y disminución del rendimiento académico. La masificación, por sí sola, no garantiza inclusión efectiva. Asimismo, el propio sector privado peruano evidencia que el acceso irrestricto basado en la capacidad de pago no eleva la calidad. Los resultados muestran que el acceso sin filtros académicos no necesariamente eleva la calidad educativa y, en ciertos casos, genera incentivos para reducir exigencias con el fin de retener estudiantes.
Hacia una inclusión con excelencia
El verdadero desafío del Estado no consiste en masificar las aulas bajo indicadores estadísticos ilusorios, sino en ampliar las oportunidades resguardando el rigor académico. Confundir la democratización con el desorden operativo debilita el valor de la universidad estatal. Como ocurre con tantas políticas públicas, la viabilidad de las políticas educativas no radica en la nobleza de sus intenciones, sino en la solidez de las condiciones objetivas para transformarlas en resultados tangibles.
















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