Darío Enríquez

Globalización fragmentada: Alvin Toffler y el caso peruano

Piratería, conciertos y multitudes: ¿acaso resistencia cultural?

Globalización fragmentada: Alvin Toffler y el caso peruano
Darío Enríquez
31 de julio del 2026

 

A fines de la década de 1970 y principios de los años ochenta la intelectualidad observaba con alarma la expansión de las comunicaciones satelitales. La corriente teórica dominante, influenciada por la Escuela de Frankfurt y las tesis del imperialismo cultural, predecía un desenlace homogeneizador: las corporaciones mediáticas transnacionales impondrían una hegemonía cultural única, convirtiendo al planeta en un público pasivo de productos anglohablantes. El escenario de entonces ya prefiguraba el impacto global de figuras como Michael Jackson.

 

La tercera ola y la desmasificación

Sin embargo, en La Tercera Ola (1980), el pensador Alvin Toffler ofreció una lectura radicalmente distinta. Toffler no negó la infraestructura global ni las telecomunicaciones, pero anticipó que el destino de la tecnología no era la uniformidad, sino la fragmentación. En el célebre capítulo dedicado a la “desmasificación de los medios”, sentenció:

Las fuerzas que crearon la sociedad de masas se han visto súbitamente desplazadas. En un contexto de alta tecnología, el nacionalismo se convierte en regionalismo. Las presiones del crisol son sustituidas por la nueva etnicidad. Los medios de comunicación, en vez de crear una cultura de masas, la desmasifican.

Para Toffler, la saturación mediática no generaría una audiencia dócil e idéntica. Por el contrario, las nuevas herramientas de registro y difusión permitirían que las subculturas y las identidades regionales recuperaran su propia voz. Su tesis planteaba una convivencia dialéctica: la globalización no destruiría lo local, sino que le otorgaría nuevas plataformas para florecer e incluso masificarse bajo su propia lógica.

En este punto, la noción de “nueva etnicidad” resulta ambigua pero sugerente. Más que un reemplazo de identidades tradicionales, muestra formas híbridas donde lo local se entremezcla con lo global. Lo que se describe hoy con el neologismo glocalización: cómo las culturas locales se expanden y reconfiguran en escenarios globales sin perder esencia.

 

Música popular peruana como comprobación empírica

El devenir de la música popular peruana en las últimas décadas constituye una comprobación fascinante de esta suerte de profecía. Agrupaciones como el Grupo 5 y Corazón Serrano, o figuras del folklore como Dina Paúcar, entre muchos otros, encarnan esa desmasificación. Inicialmente fueron invisibilizados por la radiodifusión oficial, pues las élites mediáticas de Lima apostaban por la “música global”. Sin mayor apoyo del mainstream, estos fenómenos locales construyeron circuitos colosales de difusión desde las periferias culturales urbanas.

 

Piratería creativa y nuevo modelo de negocio

En este proceso, los artistas populares peruanos adoptaron una respuesta sumamente pragmática e innovadora frente a la piratería musical. En lugar de desgastarse en batallas legales o ver a la copia informal como una amenaza, entendieron el circuito pirata — cassette grabado, CD popular y descargas digitales sin licencia — como un vehículo de distribución masiva y gratuita. La “piratería” funcionó como el mejor algoritmo de recomendación antes de la era de Internet: democratizó el acceso al catálogo de los artistas y expandió su alcance a cada rincón del país.

Esta estrategia descentralizada transformó el modelo de negocio. La producción fonográfica dejó de ser la fuente principal de ingresos para convertirse en la herramienta de marketing que alimentaba la verdadera mina de oro: el concierto en vivo. El CD pirata llenaba el estadio.

 

Industrias locales y multitudes híbridas

El resultado es el de industrias culturales masivas que disputan el espacio público con cualquier estrella internacional. Cuando el Grupo 5 abarrota tres noches consecutivas el Estadio Nacional, o cuando Corazón Serrano supera en reproducciones locales a los referentes del pop anglohablante, la teoría de la homogeneización cultural se desploma.

La música popular peruana evidencia que el ciudadano contemporáneo no ejerce resistencia cultural, sino hibridación. El mismo joven que escucha un lanzamiento global en Spotify asiste esa noche a un concierto multitudinario de cumbia o huayno. Al final, Toffler acertó: la tecnología descentralizó los megáfonos, y las industrias locales, al aprovechar ingeniosamente los canales informales de difusión, lograron que su música se expandiera imparable y suene más fuerte que nunca.

Darío Enríquez
31 de julio del 2026

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