Editorial Política

El nuevo gobierno, el Estado y la alianza entre pobres y ricos

Aproximaciones a las grandes tendencias sociales de la transformación

El nuevo gobierno, el Estado y la alianza entre pobres y ricos
  • 15 de junio del 2026


Desde el primer día de la nueva administración la izquierda radical le declarará la guerra a Keiko Fujimori. Lo más probable es que no haya luna de miel, tal como sucede con las nuevas administraciones. En ese contexto, Fujimori deberá contener el desborde de la ola criminal y restablecer el principio de autoridad del Estado de derecho para ganar gobernabilidad.

En ese objetivo la nueva jefe de Estado avanzará sobre una delgada y peligrosa línea, sobre todo porque la izquierda comunista agrupada en el Movadef, movimiento maoísta vinculado a Sendero Luminoso, buscará radicalizar cualquier protesta, deslegitimar al gobierno y alcanzar una cuota de sangre. Ese libreto está cantado y escrito.

Sin embargo, el éxito de Fujimori en el mediano y el largo plazo se definirá en la posibilidad de relanzar el modelo a través de una segunda ola de reformas económicas e institucionales. Y sobre todo en la capacidad de establecer la urgente y necesaria alianza del Estado entre los pobres y los ricos. ¿A qué nos referimos?

Durante el fujimorismo de los noventa, al margen de cualquier crítica justificada o injustificada, una de las claves del éxito de la administración de Alberto Fujimori residió en que el Estado –por primera vez en la historia republicana– apostó por una alianza entre pobres y ricos. ¿Una declaración de buenas intenciones sobre el pasado? ¿A qué nos referimos? En ese entonces el Estado era uno fallido y estaba en bancarrota, sin posibilidades incluso de controlar la moneda ante la hiperinflación y el monopolio de las armas frente al fenómeno terrorista.

Algo más. La pobreza se había extendido sobre el 60% de la población. En ese contexto, Alberto Fujimori desreguló la economía y el Estado se convirtió en garante de la propiedad y los contratos privados con el objeto de convocar el regreso del capital nacional e internacional. La economía empezó a moverse con la multiplicación de las nuevas inversiones y las empresas empezaron a pagar impuestos como nunca en las últimas décadas. Con ese dinero recaudado por el fisco el Estado subió a los Andes a invertir en obras pequeñas, en regadíos, escuelas, postas médicas, etcétera.

En ese entonces el Estado, las fuerzas armadas y los campesinos derrotaban al terrorismo comunista de Sendero Luminoso. Pero el terror maoísta no solo fue derrotado con las armas y la movilización campesina, sino con la obra del Estado en los Andes.

En ese escenario Alberto Fujimori se convirtió en un político imbatible en elecciones, al margen de las justificadas críticas. El exmandatario ganaba los comicios en Puno y en el sur con más del 60% de los votos porque el Estado empezaba a derribar las cordilleras que separaban al Perú formal del informal.

Con el fin del fujimorismo, exceptuando el soberbio segundo gobierno de Alan García, todos los gobiernos y políticos comenzaron a levantar nuevamente las murallas que separaban al Perú moderno de la sociedad excluida. La descentralización se convirtió en el espacio donde se saqueaba la riqueza nacional que producían las empresas mineras, agroexportadoras, pesqueras y el sector privado, que financia el 80% de los ingresos fiscales. En el Perú hay 3.5 millones de personas sin agua potable, no obstante que las regiones y los municipios (gobiernos subnacionales) han gastado más de tres veces lo necesario para solucionar esas brechas.

El sector privado produce riqueza, el Estado recauda esa riqueza a través de los impuestos; pero el Estado, sobre todo los gobiernos subnacionales, saquean esa riqueza. Y en ese contexto viene el comunista y desarrolla la fábula, la mentira, acerca de que en el Perú 3.5 millones de peruanos no tienen agua potable porque las empresas no pagan impuestos. Los responsables del saqueo acusan a los que producen la riqueza.

Semejante esquema ha sido determinante en la llamada “República caviar”, que se consolidó en las últimas dos décadas. Una tendencia estructural que explica todas las fracturas y los cuatro balotajes de un total de seis elecciones nacionales en las que se enfrentaron el sistema versus el antisistema.

La posibilidad del éxito del gobierno de Keiko Fujimori tiene una infinidad de variables; sin embargo, el factor determinante será si se logra establecer una nueva alianza entre pobres y ricos, si se encuentran el Perú formal y el Perú informal en una sola sociedad. He allí la causa del terror de las izquierdas y del antisistema con el fujimorismo: la posibilidad de perder las votaciones de las provincias del sur, de las áreas rurales y andinas, sectores que antes votaban masivamente por Alberto Fujimori.

  • 15 de junio del 2026

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