Silvana Pareja
Democracia sin lectores: Educar contra la manipulación
La tecnología debe estar al servicio del aprendizaje, no reemplazarlo
La tecnología no es neutra: o forma ciudadanos críticos, idóneos para sostener la democracia, o produce consumidores vulnerables al populismo y la desinformación. Ante el uso desregulado de las pantallas en las aulas, el Estado peruano se encuentra ante una encrucijada institucional y política urgente.
La modernización educativa no puede reducirse a repartir computadoras o conectar escuelas a internet. Cuando el consumo digital sustituye la capacidad de atención, lectura profunda y pensamiento crítico, el impacto trasciende lo pedagógico: se convierte en un problema de seguridad nacional y gobernabilidad. Una ciudadanía incapaz de procesar información compleja es presa fácil del populismo emocional, las campañas de odio y la posverdad.
La lectura sostenida no es un lujo académico; es la herramienta fundamental para formar el juicio propio y el razonamiento secuencial. Hoy la "economía de la atención" y el consumo impulsivo de contenidos breves destruyen la concentración de las nuevas generaciones. El Estado debe intervenir firmemente para asegurar que la escuela funcione como un espacio de resistencia frente a la distracción masiva, garantizando la capacidad de argumentar y fiscalizar el poder.
La brecha digital ya no es solo de conectividad, sino de poder. Mientras las élites protegen a sus hijos limitando el uso abusivo de pantallas y fomentando una educación crítica, los estudiantes de los sectores más vulnerables quedan expuestos a un consumo pasivo, recreativo y desnormado. Si el Poder Ejecutivo y el Congreso no regulan este escenario, la tecnología seguirá profundizando la brecha socioeconómica y perpetuando la exclusión.
Sin pensamiento crítico, el debate público se degrada a memes, indignación efímera y frases virales. Esta superficialidad beneficia a actores políticos corruptos y populistas que eluden la fiscalización sobre presupuestos, reformas estructurales y políticas de largo plazo. Defender la capacidad cognitiva de los estudiantes es, en última instancia, defender la viabilidad del sistema democrático en el Perú.
El Congreso de la República y el Ministerio de Educación deben asumir una posición firme mediante políticas públicas y un marco normativo claro que responda a este desafío:
– Normar el uso de teléfonos inteligentes y pantallas en educación básica para proteger los entornos de aprendizaje; Priorizar por ley contenidos de lectura profunda, análisis de evidencias y formación ciudadana digital en el currículo nacional.
– Garantizar que la infraestructura tecnológica pública venga acompañada de formación pedagógica crítica y no de mero entretenimiento.
– Establecer estándares de protección de datos y salud mental infantil frente a los algoritmos de plataformas digitales en entornos escolares.
Regular las pantallas no significa negar el futuro, sino recuperar el sentido de la educación pública: formar personas capaces de pensar, discernir y participar responsablemente en la vida democrática. La tecnología debe estar al servicio del aprendizaje, no reemplazarlo; debe ampliar las oportunidades, no debilitar la atención ni convertir a los estudiantes en usuarios pasivos. El Perú necesita una política educativa digital que combine conectividad, lectura, protección de la infancia y ciudadanía crítica como parte de una misma estrategia nacional.
Una escuela que enseña a leer con profundidad también enseña a resistir la manipulación, a defender la verdad y a construir ciudadanía.
















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