Cecilia Bákula

El Congreso Anfictiónico de Panamá

A doscientos años del sueño continental

El Congreso Anfictiónico de Panamá
Cecilia Bákula
15 de junio del 2026

 

Fue desde Lima y con la conveniente asistencia del entonces ministro de Relaciones Exteriores del Perú, don José Faustino Sánchez Carrión, que el Libertador envió una convocatoria a la República de Gran Colombia –que por entonces incluía los actuales Estados de Colombia, Venezuela y Ecuador–, la República Federal de Centro América –conformada por lo que actualmente conocemos como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica–, México, Chile y Río de la Plata, además, evidentemente, del Perú. Salvo la evasiva de Argentina y la diplomática distancia de Chile, los Estados convocados asistieron.

La invitación fue suscrita el 7 de diciembre de 1824, cuando estando en Lima, Bolívar no podía siquiera vislumbrar que dos días después, el Ejército Libertador, al mando de Antonio José de Sucre, obtendría la gloriosa victoria en Ayacucho. Es necesario recordar que más allá de la ilustración que poseía Bolívar, aquí se nutrió del pensamiento precursor de peruanos de la talla de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, de la eficiente claridad de Hipólito Unanue y de las ideas de José Baquíjano y Carrillo. Entre otros muchos.

Entre las propuestas para ser trabajadas en Panamá, Bolívar avanzó proponiendo algunos temas como 1.- la necesidad de afianzar la independencia de las nuevas naciones logrando para ello el reconocimiento formal por parte de España; 2.- la conveniencia de desarrollar lineamientos de orden interno y no intervención; 3.- elaborar un Estatuto que permitiera no solo la marcha del Congreso, sino que definiera las relaciones entre los Estados.

Es interesante señalar que desde los primeros escritos de Bolívar y previos a cualquier batalla que definiera la independencia de algún Estado de nuestro continente, él ya había manifestado la idea, no solo de lograr la libertad, sino de conformar un ente que, sin interferir con la soberanía, significara unión, defensa y colaboración.

Por ejemplo, en el Manifiesto de Cartagena de 1812, se lee que Bolívar aspiraba a constituir un gran Estado, una gran asociación. “Es menester que la fuerza de nuestras naciones sean capaces de resistir con suceso las agresiones que puedan intentarse y ello no puede lograrse sino con la reunión de toda la América meridional...”

Y, en la visionaria Carta de Jamaica de 1815, se reafirma en esos ideales al expresar el sueño del Congreso: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración..."

No todos los gobiernos convocados tuvieron al final la misma respuesta y en Panamá, los delegados que se reunieron, eran realmente poco representativos del deseo continental que había motivado la convocatoria. Para 1826, el contexto que se vivía entre las jóvenes Naciones obligaba a pensar de manera urgente en la solución de los problemas vinculados a la consolidación de la independencia y a obtener el reconocimiento por parte de España. Cabe recordar que, el Perú, obtuvo ese reconocimiento recién en 1879, cuando nuestro país ya había caminado por las sendas de intentos de organización interna y se encontraba en situación crítica agravada por la infausta Guerra del Pacífico.

El Perú, impulsado aún por la influencia y la pasión bolivariana respondió velozmente y fueron designados peruanos ilustres: Manuel Lorenzo de Vidaurre y José María de Pando, hombres de excepcionales luces y gran producción intelectual y actividad política. Este último fue luego reemplazado por Manuel Pérez de Tudela quien había redactado el Acta de la Independencia del Perú, documento fundacional firmado el 15 de julio de 1821 por los vecinos notables de la ciudad de Lima.

No obstante ello, hoy a doscientos años de ese esfuerzo, podemos decir que en Panamá, en 1826, se pusieron los cimientos del multilateralismo americano y, sin miedo a equivocarnos podemos señalar que en Panamá, en 1826, se sentaron las bases de un sistema internacional conducente a la paz y la seguridad de los Estados y los ciudadanos. Uno de los acuerdos de mayor importancia que se suscribió en la reunión del Istmo fue el tratado de Unión, Liga y Confederación perpetua en sus 30 artículos refleja la simiente de una tradición política que fue puesta en clave de urgencia y necesidad para América. Allí se lee una idea clara de la importancia de la unión para la defensa, la paz y el desarrollo y todo ello sucedió 93 años antes de que los europeos decidieran en Versalles, en 1919, la necesidad del entendimiento mutuo. 

Es por ello que se puede sostener que a pesar del desencanto que se fue viviendo respecto al Congreso de que los tratados no fueron ratificados por los Estados, que se trasladó la sede a la ciudad de Tacubaya en México y que los delegados, como sus gobiernos, perdieron interés en el devenir de esa reunión, esas circunstancias políticas no le quitan el valor de los aportes, de la temprana propuesta de reflexión, de la convicción claramente expresada de que aislados era difícil sostener la independencia y de la conveniencia de que fuera el sistema republicano el que se instaurara en todos los nacientes Estados. 

Por ello, el Congreso Anfictiónico de Panamá no puede considerarse como un punto de llegada, sino como un instante de inicio, de partida con inmenso valor y significado no solo para América sino para el mundo. No fracasaron los ideales del Libertador en tanto hoy, 200 años después, estamos admirando esa idea y tomamos conciencia de lo adelantado de la motivación que, con el tiempo, habrá madurado y habrá permitido, por ejemplo, la existencia actual de organismo supra nacionales, destinados a cumplir, en mucho, los ideales que se tuvo en mente al momento de la convocatoria para el Congreso de Panamá.

Cuando el Libertador fallece en 1830, se podría pensar que el sueño de la unión continental, deja de existir, pero, conviene recordar las palabras de Ventura García Calderón: “De muchas maneras Simón Bolívar puede ser reconocido como el precursor de la Sociedad de Naciones, y el iniciador, con su Congreso de Panamá, del sistema de Arbitraje Internacional. Todos los Congresos que en el mismo sentido se han sucedido después tienen su origen en el ideario político de Simón Bolívar...». 

Pienso que, mirando estos 200 años, podemos estar de acuerdo en que, sin unión de ideales, sin acciones concretas para conocernos y defendernos, sin voluntad política para mirar el futuro en conjunto y con independencia, no será posible consolidar lograr el ansiado desarrollo, ni levar a nuestra América a altos niveles de progreso ni consolidar la democracia y la libertad. El Congreso de Panamá de 1826 no era ni pudo ser la meta, fue el primer espacio de entendimiento.

Cecilia Bákula
15 de junio del 2026

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