El candidato Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, uno...
Las denuncias y solicitudes de auditoría del sistema electoral que demandan Rafael López Aliaga, Renovación Popular y los gremios empresariales representan una enorme reserva institucional para la democracia porque reducen el margen de maniobra de la acumulación de ineficiencias e irregularidades de la ONPE, unas negligencias brutales que afectaron la expresión del voto ciudadano el 12 de abril pasado.
En ese sentido, todo peruano de buena voluntad debe apoyar estas denuncias y solicitudes de auditoría y, de otro lado, se debe fiscalizar a los actuales gerentes de la ONPE para que cumplan fielmente con sus responsabilidades o, de lo contrario, deberían ser reemplazados al término de la distancia. E igualmente, se debe exigir al Ministerio Público, al Poder Judicial a investigar y procesar a todos los implicados en la acumulación de ineficiencias e irregularidades de la ONPE.
Sin embargo, el desarrollo de estas lógicas de denuncias e investigaciones de ninguna manera debe significar descuidar la mayor movilización de las últimas décadas que necesita la centro derecha para ganarle las elecciones al antisistema chavista, e incluso a las propias ineficiencias e irregularidades de la ONPE, que pueden desalentar el voto popular en las zonas que favorecen a la derecha. De ninguna manera.
Los clásicos de la política y de la guerra siempre entendieron estas industrias como el análisis concreto de la situación concreta –conceptos de los que luego se apropiaron Lenin y los bolcheviques– con el objeto de establecer la correlación de fuerzas en que se desarrollan la guerra y la política. En una segunda vuelta electoral todo asemeja a una guerra porque solo un candidato puede triunfar y el otro será excluido de la victoria.
Planteadas las cosas así, la posibilidad de unas elecciones complementarias solo representa una eventualidad que puede producirse o no, porque existe un sistema electoral consagrado constitucionalmente. Si las elecciones continúan con los procedimientos actuales –como parece que sucederá– la centro derecha debe estar preparada y organizada para ganar por más de diez puntos. Es absolutamente posible.
Si la derecha solo se focaliza en la denuncia y en la demanda de nulidad de elecciones y las autoridades del sistema electoral continúan con el procedimiento, entonces la centro derecha podría terminar aislándose ante las grandes masas del Perú, ante el conjunto de toda la ciudadanía, y regalándole un triunfo fácil al chavismo y al eje bolivariano. En Venezuela la táctica abstencionista y principista solía regalarle a la dictadura varios triunfos.
En ese sentido, la centro derecha debe organizar la mayor movilización política de este sector de las últimas dos décadas y desarrollar un triunfo de más de diez puntos sobre el antisistema y el radicalismo bolivariano. ¿Es posible este escenario? Por supuesto que sí. Una década de gobiernos de izquierda –desde el golpe de Martín Vizcarra– y la elección de Pedro Castillo han creado una sociedad en la que dos tercios de la ciudadanía rechaza las propuestas del estatismo chavista, y cerca de un tercio se identifica con las izquierdas antisistema. La estrategia de la centro derecha debe materializar esas percepciones a través de una campaña inteligente y profesional.
Sin embargo, la centro derecha también está en la obligación de ganarle a las ineficiencias e irregularidades de la ONPE, mediante una vasta organización de personeros y un sistema de vigilancia electoral de las mesas. En el Perú se necesitan alrededor de 92,000 personeros. No obstante, a semejanza de la oposición de venezolana, necesitamos 600,000 personeros y varios sistemas de cómputo del voto en tiempo real. Cada personero debe tomar una foto a su acta y subirla al sistema democrático de cómputo y vigilancia. Y por otro lado, debe existir un sistema de denuncias nacional e internacional, también en tiempo real. Por ejemplo, si las mesas del exterior no se instalan las denuncias deben volar a todo el mundo.
Si la ONPE y la burocracia que acumula ineficiencias e irregularidades superlativas insiste en sus negligencias que violentan el voto popular, entonces no solo habrá demandas de nulidades electorales, sino que estarán de por medio los derechos y acciones que la Constitución reconoce a los pueblos y a la ciudadanía frente a las autoridades ilegítimas. ¿Acaso alguien creía que la pelea con el progresismo, el neomarxismo y el comunismo ortodoxo era un paseo de verano? Es una guerra y los pueblos que alcanzan su libertad son aquellos que la libran con realismo y propiedad.
La política es el mundo real de las correlaciones, no es el mundo de los “principismos tácticos”. Cuidado con hacerle el juego al avance del chavismo en el Perú.
















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