Editorial Política

Democracia fallida puede ser, ¡Estado fallido todavía!

Reflexiones sobre la crisis de gobernabilidad y posible relevo de Jerí

Democracia fallida puede ser, ¡Estado fallido todavía!
  • 23 de enero del 2026


Si las bancadas legislativas forman mayoría para vacar al presidente José Jeri, entonces, en dos lustros el Perú habrá acumulado ocho jefes de Estado, no obstante que los mandatos constitucionales solo establecían dos periodos presidenciales. Y si la vacancia se produce a tres meses de las elecciones generales y menos de cinco para que Jerí entregue el poder al nuevo mandatario electo, entonces la democracia peruana será la suma de pasiones e intereses encontrados al margen de un proyecto nacional.

Si se materializara la vacancia de Jerí no sería exagerado sostener que el sistema democrático peruano es uno fallido, que la democracia es fallida, porque ni siquiera puede haber un mínimo de estabilidad para organizar unas elecciones generales. Sin embargo, la crisis de la democracia, de los políticos y de las bancadas legislativas no puede llevarnos a afirmar que estamos ante un Estado fallido. He allí la particularidad del sistema republicano en el Perú.

En nuestro país se puede sostener que los políticos y la democracia son fallidos, pero de ninguna manera el Estado peruano. ¿Cómo se explica esta singularidad? La crisis política endémica no ha logrado derribar los cimientos del modelo económico del Perú que se implementan desde tres décadas atrás bajo el régimen económico de la Constitución de 1993. En ese sentido en las últimas tres décadas el PBI se ha multiplicado varias veces y se ha reducido la pobreza del 60% de la población a 20%, antes de la pandemia y del gobierno de Pedro Castillo.

En otras palabras, mientras los políticos fracasaban de principio a fin organizando guerras políticas injustificadas, burocratizando el Estado para acoger a sus clientelas y bloquear la inversión privada, la economía avanzaba porque, precisamente, los políticos no podían meter la mano por mandato constitucional. En ese sentido, se mantuvo la autonomía del BCR y el Estado nunca más volvió a financiar las irresponsabilidades con la maquinita, mientras se controlaba la inflación y se preservaba la estabilidad de la moneda. Igualmente, ya no se pudo crear empresas estatales –por el papel subsidiario del Estado frente a la inversión privada, por mandato constitucional– y ningún político pudo establecer regulación de precios y mercados de acuerdo a la estrategia electoral de la semana.

La economía entonces se convirtió en la columna que sostuvo a la sociedad, a la peruanidad. Si no hubiese sido así –es decir, con el fracaso de la política y la inviabilidad de la economía– entonces el país se habría derrumbado. En otras palabras, la sociedad habría implosionado e inevitablemente estaríamos ante un Estado fallido.

Sin embargo, no se debe cantar victoria frente al hecho de la crisis terminal de los políticos y la continuidad de la economía. La única manera de evitar que las tendencias al deterioro y la autodestrucción se impongan en el país pasa porque los peruanos elijan bien en las próximas elecciones y organicen un Ejecutivo y un Congreso Bicameral con sentidos comunes. Y las cosas parecen avanzar en ese sentido cuando se repara que los movimientos de centro derecha encabezan todas las encuestas y podría organizar una segunda vuelta alentadora.

Sin embargo, en el preciso momento, en que los astros se alinean favor de una salida electoral favorable para los proyectos de mediano y largo plazo de nuestra sociedad, surge la crisis del presidente Jerí y la conducta irreflexiva de algunas bancadas de promover una vacancia a semanas de un cambio de poder. Nadie lo entiende. En cualquier caso, debemos reflexionar.

  • 23 de enero del 2026

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