Una de las expresiones superlativas del fracaso general del Estado, de...
Así como se argumenta que desarrollar nuestro potencial en minería y agroexportaciones nos llevaría al desarrollo, igualmente debemos agregar que materializar todas nuestras posibilidades en la industria del turismo aceleraría considerablemente nuestra conversión en una sociedad desarrollada. Si se le pregunta a cualquier investigador del turismo en el mundo o la región acerca de si nuestro país puede disputar los primeros lugares en este rubro no dudaría en responder afirmativamente.
En efecto, el Perú es la cuna de civilizaciones prehispánicas milenarias como Caral, la más antigua de América, y otras como el propio imperio de los Incas, Chimú y Moche y Nazca. En nuestro país se emplaza Machu Picchu, una de las siete maravillas del mundo, al lado de monumentos arqueológicos como las Líneas de Nazca, las ruinas de Chan Chan, Sacsayhuamán y Kuelap. En nuestro país existen ciudades coloniales en la costa y la sierra con toda la herencia hispana y maravillosas iglesias que reverberan con el barroco; igualmente, es un territorio con una biodiversidad que hace palidecer a cualquier país del planeta. Y si a estos hechos le agregamos una gastronomía que casi fusiona todas las grandes culturas conocidas del mundo junto a la comida criolla nacional, es complicado que cualquier país compita con las posibilidades nacionales.
Sin embargo, el Perú apenas logra más de cuatro millones de turistas al año, mientras que Francia, la primera potencia turística del planeta, suma más de 100 millones de turistas, España cerca de 95 millones, Estados Unidos más de 72 millones y México 46 millones. Nuestro país no llega a los cinco millones de turistas y lucha por superar los niveles prepandemia en esta actividad.
En la actualidad el turismo representa menos del 3% del PBI y genera cerca de 1.3 millones de empleos entre directos e indirectos. Si el Perú desarrollará una parte de su potencial turístico por lo menos podría cuadruplicar estas cifras contribuyendo al desarrollo y la conversión de la sociedad peruana en una de mayoría de clases medias.
Además, el turismo puede convertirse en un poderoso motor en contra de la pobreza, sobre todo por su capacidad de desarrollar encadenamientos de servicios en los poblados de la sierra y de la selva ubicados cerca de los corredores turísticos.
Sin embargo, ¿por qué el país es un enano en esta industria? Una de las primeras cuestiones inmediatas a resolver es la debilidad del Estado de derecho y la crisis de seguridad ciudadana que afecta a los turistas que visitan el país. Los asaltos y los problemas de seguridad se convierten en los peores enemigos de la industria.
Por otro lado, el Estado burocrático, las clientelas y la corrupción también conspiran en contra del desarrollo de nuestro potencial turístico. El caso de los boletos para ingresar a Machu Picchu y las clientelas y mafias que se denunciaron, incluso, pusieron en peligro la condición de una de las siete maravillas del mundo de este complejo arquitectónico.
Y si a estos hechos le sumamos el gran problema de las infraestructuras en el Perú –con la falta de trenes, carreteras, aeropuertos en provincias y la débil infraestructura hotelera– entonces, tenemos todos los ingredientes que atentan contra el desarrollo de la industria en el Perú.
En nuestro país los políticos nunca han entendido las enormes posibilidades que tiene el país para desarrollar una industria turística mundial. De allí la clamorosa ausencia de una política de Estado que supere los humores y las coyunturas de los gobiernos.
















COMENTARIOS